Hace poco la presidenta Keiko Fujimori llegó a Huancayo para encabezar la reactivación del Tren Macho, justo cuando el histórico ferrocarril cumplía cien años. Hubo ceremonia, recuerdos, fotografías y anuncios de ampliación. Sin embargo, detrás de la celebración hay una pregunta que el Gobierno debe responder: ¿es suficiente reabrir un servicio que estuvo paralizado durante un año y que, por ahora, volverá a transportar pasajeros de Huancayo a Huancavelica apenas una vez por semana? La noticia es positiva para las comunidades beneficiadas, pero no debería confundirse una reanudación parcial con la solución definitiva de un problema que lleva demasiado tiempo esperando.
El tramo de 57 kilómetros entre Chilca (Huancayo) y Cuenca (Huancavelica) volverá a funcionar con viajes gratuitos los lunes. El Ministerio de Transportes prevé incorporar salidas los viernes hacia fines de noviembre, aunque esa ampliación todavía requiere una fecha confirmada.
Es decir, el tren regresa, pero con una frecuencia limitada para las necesidades de una población que requiere trasladarse por trabajo, educación, atención médica y comercio. ¿Cómo puede hablarse de una verdadera recuperación si el servicio todavía no ofrece la regularidad que los usuarios necesitan?
Keiko Fujimori atribuyó la paralización de proyectos a la falta de decisión política y sostuvo que las obras importantes deben continuar, independientemente de quién las haya iniciado. El principio es correcto; precisamente por eso, el Gobierno debe aplicarlo a sus propios anuncios. No basta con señalar errores de administraciones anteriores ni con prometer inversiones futuras. Se necesitan cronogramas públicos, metas verificables y responsables que expliquen los retrasos.

