Arequipa se ha consolidado como un importante polo de desarrollo del sur del país gracias a actividades como la minería, la industria, el comercio, el turismo y los servicios. En 2025, la producción de cobre creció 83.7 %. Asimismo, entre febrero de 2024 y febrero del año anterior, el empleo privado formal pasó de 208,126 a 217,718 puestos de trabajo, lo que representa un incremento de más de 9000 empleos.
A este crecimiento económico se suman la modernización del puerto de Matarani y el megaproyecto de la Ciudad-Puerto de Corío, concebido como una iniciativa de largo plazo. Ambas iniciativas abren nuevas perspectivas para el desarrollo portuario de la región y podrían contribuir a posicionar al Perú como un importante nodo logístico, minero y comercial del Pacífico, con conexiones hacia los mercados de Asia, Brasil y Bolivia.
Este escenario plantea un desafío: preparar profesionales con competencias técnicas en mantenimiento, seguridad, ingeniería y automatización, además de capacidades digitales, comerciales, logísticas y de gestión. El pensamiento crítico, la comunicación y el liderazgo también son fundamentales para responder a las nuevas exigencias del mercado laboral.
Para aprovechar estas oportunidades, es necesario elevar la competitividad mediante el desarrollo del talento humano. Esto permitirá generar mayor valor agregado, diversificar la economía y promover empleos formales de calidad.
En ese sentido, Arequipa debe convertir la gestión del talento en una inversión estratégica, vinculada directamente con los resultados empresariales. Para lograrlo, es necesario impulsar una formación pertinente que articule a empresas, universidades e institutos, con el fin de desarrollar competencias alineadas con la demanda laboral.
Otro factor clave es acelerar la transformación digital mediante la incorporación de herramientas de automatización, análisis de datos e inteligencia artificial. Estas tecnologías pueden mejorar los procesos, optimizar los recursos y aumentar la productividad de las empresas.
La retención del talento arequipeño también es esencial para sostener el crecimiento y evitar pérdidas de productividad. Las empresas deben ofrecer oportunidades de desarrollo profesional, fortalecer el liderazgo y garantizar condiciones laborales adecuadas. Asimismo, necesitan evaluar los resultados de sus programas de capacitación para medir su impacto en la productividad, reducir los errores y mejorar las perspectivas de desarrollo de sus trabajadores.
Por otro lado, las pymes necesitan fortalecer sus capacidades mediante la capacitación, las certificaciones y la mejora continua de calidad. Contar con proveedores más competitivos permitirá responder mejor a las exigencias de las cadenas de suministro y facilitará el acceso a los mercados internacionales.
Pero ¿cómo llevar esta agenda a la práctica? Durante los primeros seis meses, corresponde identificar ocupaciones críticas y las principales brechas de competencias. Entre los seis y los doce meses, se debe fortalecer la articulación entre el sector educativo y las empresas, además de medir la inserción laboral. En los siguientes dieciocho meses, será necesario acelerar la digitalización y elevar las capacidades de los proveedores. A mediano plazo, deberán consolidarse las carreras técnicas y las estrategias de retención del talento.
Esta agenda requiere responsables, metas medibles y una coordinación efectiva entre las empresas, el Estado y las instituciones educativas. Arequipa tiene la oportunidad de consolidarse como un centro de producción, servicios especializados y desarrollo empresarial, siempre que logre vincular su crecimiento económico con el fortalecimiento de las capacidades de su población.
La prioridad no es solo crecer más, sino crecer mejor. El talento humano es una inversión esencial para elevar la productividad, impulsar la innovación y generar empleo de calidad. La competitividad regional dependerá del valor que Arequipa sea capaz de generar, de la capacidad de sus empresas para innovar y de las oportunidades sostenibles que ofrezca a su población.


