Coti es uno de esos artistas cuyas composiciones suelen ser interpretadas por otros. “Color Esperanza” se hizo himno en la voz de Diego Torres, “Luz de día” se volvió inolvidable con Enanitos Verdes y “Lento” sonó en todas partes con Julieta Venegas, pero todas nacieron de la pluma del rosarino Coti Sorokin, quien primero compuso para otros antes de animarse a cantar. Dos décadas después, ese autor de himnos generacionales regresa a Lima con un concierto el 6 de noviembre de 2026, en el Centro de Convenciones de Barranco.
Quien piense que vuelve solo a mirar atrás se equivoca. Coti llega con “Serenata en mi mayor para un amor y un atardecer”, un disco que concibió como obra completa desde la primera canción. “No es mi intención sacar sencillos”, remarca el artista que hoy busca equilibrio entre relato, concepto, sonido, producción y poética.
Aun así, el repertorio será generoso con la memoria del público. “Nada fue un error”, “Antes que ver el sol” y “50 horas”, del álbum debut de 2002 que sonó durante años en las radios peruanas, convivirán con las canciones que escribió para otros, como “Andar conmigo” y “¿Dónde están corazón?”, que popularizó Enrique Iglesias.
Esa convivencia entre lo nuevo y lo conocido no le genera tensión, porque Coti entiende la canción como algo que no envejece como una noticia, como esta nota, asegura. “Las canciones no son descriptivas de un momento como si fueran periodísticas. No es que, si no las escribo ahora, se vayan a vencer o caducar”, sostiene. Tampoco cree en perseguir modas. “Me gustan las que tienen alma de clásico, esas que pareciera que, aunque pase el tiempo, van a seguir vigentes”, agrega
Siempre un novato
Esa idea de lo que permanece se extiende a su manera de ver el amor. Después de más de veinte años escribiendo sobre él, Coti no se atribuye ninguna sabiduría acumulada. “Siento más bien que me falta sabiduría”, admite, convencido de que en este terreno la experiencia nunca alcanza. “En el amor y el desamor siempre somos novatos, siempre somos inexpertos y siempre sentimos que el mundo se nos desmorona. Creo que eso es igual cuando uno tiene 15 años o cuando tiene 80”.
Lo que sí cambia, dice, es lo que uno hace con ese dolor. Y ahí aparece el oficio. Escribir no es un antídoto, aclara, pero funciona como una forma de desahogo. “Uno va soltando emociones y quitándose cosas de encima. Va liberando sentimientos y emociones, y eso es muy importante”, comenta.
Esa misma honestidad explica por qué su música sigue encontrando oyentes en Perú. Y esa cercanía con el público peruano tendrá su guiño en el repertorio. El artista incluirá “El Embrujo”, tema insignia de la cumbia peruana que ya grabó con Los Palmeras, pero que en Lima interpretará en una versión propia. “Estamos ensayando una versión en solitario”, adelanta.
Para el final queda “Color Esperanza”, la canción que se volvió himno para varias generaciones y que, casi sin proponérselo, resume la tesis de su autor. Los éxitos de antes cuesta olvidarlos porque en sus letras hay pasión y amor, y Coti conoce el oficio lo suficiente como para no disimularlo. No es casualidad que sus temas hayan sonado en cientos de voces distintas, ni que hoy, tantos años después, sigan encontrando a alguien dispuesto a cantarlos.


