Uno de cada cuatro escolares peruanos sufre bullying. Así lo revelan los resultados de PISA 2025, que indican que el 24% de estudiantes reportó haber experimentado al menos una forma de acoso escolar algunas veces al mes o con mayor frecuencia. Esta cifra supera el promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que alcanza el 20%.
A este panorama se suman los 11.805 reportes registrados en la plataforma SíseVe del Ministerio de Educación (Minedu) entre enero y agosto de 2026. Aunque estos registros no necesariamente corresponden a casos confirmados de violencia escolar, evidencian la necesidad de fortalecer la convivencia, gestionar los conflictos y atender oportunamente las situaciones de violencia en las instituciones educativas.
En este contexto, el Minedu publicó un proyecto de decreto supremo que propone nuevos Lineamientos para la Gestión de la Disciplina Escolar en la Educación Básica. Entre sus disposiciones se contempla la posibilidad de aplicar expulsiones, además de establecer medidas relacionadas con el uso de celulares y la presentación personal de los estudiantes.
Sin embargo, especialistas advierten que estas disposiciones deben complementarse con acciones preventivas que permitan atender los problemas de convivencia antes de que se conviertan en situaciones de violencia.
En el marco del Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar, que se conmemora cada 5 de noviembre, especialistas explican por qué la disciplina debe ir acompañada de prevención y acompañamiento socioemocional.
Prevención de la violencia escolar desde las aulas
Fiorella Macalupú, especialista en Desarrollo Socioemocional y Convivencia Escolar de Innova Schools, sostiene que la prevención debe incorporarse a la gestión cotidiana de los colegios y formar parte transversal del proceso educativo.
"Las normas claras y los límites son una gran contribución a la convivencia escolar, pero necesitan acompañarse de docentes preparados para intervenir y espacios en los que los estudiantes participen en la construcción de las normas y acuerdos de convivencia", explica.
En la misma línea, el psicólogo educativo Roberto Flores considera que la disciplina y la prevención no deben abordarse como estrategias separadas, sino como elementos complementarios en la formación de los escolares.
"Las reglas y las consecuencias de quebrantarlas permiten establecer límites, pero el ejemplo de los adultos y el acompañamiento adecuado lograrán que los estudiantes comprendan por qué deben respetar estas normas", señala.
El desarrollo socioemocional también resulta fundamental para evitar situaciones de violencia. Según Flores, los estudiantes necesitan aprender a expresar sus emociones, gestionar la frustración y reconocer los sentimientos de los demás, especialmente durante etapas en las que la presión del grupo puede influir en sus decisiones.
Macalupú agrega que, además de la formación docente y el acompañamiento socioemocional, las instituciones educativas pueden fortalecer espacios de participación estudiantil, como el municipio escolar.
"Son los miembros del municipio escolar los que pueden identificar situaciones de riesgo, transmitir las necesidades de la comunidad educativa y articular con los delegados de aula propuestas de solución", explica. Asimismo, enfatiza que este espacio no debe convertirse únicamente en un cumplimiento normativo.
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Familia y escuela: aliados frente al bullying
La prevención de la violencia escolar también requiere la participación de los padres de familia. Para Macalupú, mantener una comunicación constante entre el colegio y los hogares permite contrastar las señales que los docentes identifican en las aulas con los cambios de comportamiento que pueden observarse en casa.
Esta coordinación facilita reconocer oportunamente situaciones que necesitan atención y evita que las alertas pasen inadvertidas.
Por su parte, Flores considera necesario que los adultos de la comunidad educativa trabajen de manera conjunta para comprender lo ocurrido, establecer las responsabilidades correspondientes y actuar desde las primeras señales de alerta.
En ese sentido, los especialistas coinciden en que combatir el bullying y mejorar la convivencia escolar requiere más que establecer prohibiciones o aplicar sanciones. Las normas claras y las consecuencias ante conductas que afectan a otros deben acompañarse de prevención sostenida, docentes capacitados, desarrollo socioemocional, participación estudiantil y compromiso familiar.


