Este 4 de octubre, millones de ciudadanos acudirán a las urnas para elegir a sus próximas autoridades regionales y municipales en todo el país. Será una jornada decisiva, no solo porque definirá quiénes conducirán los gobiernos regionales y las municipalidades durante los próximos años, sino porque sus decisiones tendrán un impacto directo en nuestra vida cotidiana.
A diferencia de otros procesos electorales, las elecciones regionales y municipales tienen una particularidad que no siempre valoramos en su verdadera dimensión: las autoridades que elegiremos estarán mucho más cerca de nuestros problemas diarios. El estado de las pistas, el transporte, la seguridad ciudadana, la limpieza pública, los parques, el ordenamiento urbano, los mercados, las obras de infraestructura y la calidad de determinados servicios dependerán, en buena medida, de las decisiones que adopten.
Por eso, votar no puede reducirse a simpatías personales, slogans, regalos, caravanas multitudinarias o discursos efectistas. Tampoco debería depender únicamente de la publicidad electoral o de lo que circula en las redes sociales. Elegir una autoridad exige conocer quién es el candidato, qué experiencia tiene, qué propone y, sobre todo, si sus promesas tienen sustento técnico y financiero.
El próximo 4 de octubre no elegiremos solamente nombres. Elegiremos equipos de gobierno, prioridades de inversión y una determinada manera de administrar los recursos que pertenecen a todos.