Hay veces en que la realidad no alcanza para contar ciertas historias. Para todo lo demás está la fantasía y eso lo sabe Mackenzie Crook, creador de la serie británica “Pequeños profetas” (“Small Prophets”, Apple TV). Una historia que parte del sitio menos extraordinario posible: un suburbio de Manchester, con adolescentes ensimismados y vecinos chismosos. Pero en una de estas casas con jardín y cerco ocurre un acto sobrenatural.
El empleado ferretero Michael Sleep (Pearce Quigley) se agencia de textos antiguos para crear homúnculos, seres pequeños con características humanoides que viven suspendidos en unos frascos con líquido, y que tienen la obligación de responder con la verdad a cualquier pregunta que les haga su amo. Pueden responder sobre el pasado, pero también sobre el futuro. Sleep lo que quiere es saber qué pasó con el amor de su vida, que desapareció sin dejar rastro.
“Tal vez compensa la tristeza un poquito”, cuenta Crook a El Comercio a través de Zoom. “No me propuse particularmente escribir una historia sobre el duelo. De alguna manera evolucionó en el camino. Necesitaba que estos seres mágicos hagan un trabajo, y parecía correcto darles el trabajo de responder las preguntas de Michael, las preguntas que han estado en su mente por años”, agregó el escritor y actor, que en la serie hace del obsesivo jefe del protagonista.
La construcción de un ermitaño
Michael Sleep podría parecer alguien entrañable con esa barba blanca y mirada apacible, como un Papá Noel que ha visto mejores épocas. Pero una vez la gente habla con él se topa con un hombre al que nada le importa, cuya dejadez saca de quicio a vecinos y compañeros de trabajo por igual. Un hombre lejano aunque cortés, que oculta sus verdaderos sentimientos. Ni siquiera los problemas de la vida diaria parecen alterarlo.
“Creo que lo que está en juego en su vida no es muy importante”, dice por su parte Pearce Quigley, cuyo rol en esta serie lo ha puesto en los ojos del mundo a los 61 años luego de pasar décadas en el teatro, cine y televisión locales. “Realmente no importa mucho si mete la pata. Se está manteniendo a flote desde que su novia desapareció, no tiene propósito. Tiene un trabajo que no le gusta, pero encuentra maneras de sobrellevar el día”, añade el actor, cuya lectura del personaje no deja lugar a dudas: “tiene lo necesario para subsistir, pero no está viviendo, solo existe por el momento”.
¿De qué sirve conocer el futuro cuando se vive atrapado en el pasado? Cuando el duelo por quien ya no está pesa más que cualquier vínculo presente. Ahí es donde la fantasía lleva a esta serie a territorio inexplorado. “Pequeños profetas” tiene un 100% de calificación (el máximo) en Rotten Tomatoes, el sitio web de moda al que la gente va en busca de recomendaciones de ficción. Se cuentan con los dedos de la mano las series que hayan conseguido algo así. Eso no es fantasía, es el poder de la narrativa.


