Aprender inglés figura entre los objetivos que muchas personas se proponen al comenzar un nuevo año o cuando sienten que ha llegado el momento de abrirse nuevas oportunidades laborales y personales. Sin embargo, entre las obligaciones cotidianas, la falta de tiempo y los métodos de estudio que convierten el aprendizaje en una tarea interminable, ese propósito suele quedarse a medio camino. Para algunos, el problema está en la dificultad de la gramática; para otros, en la cantidad de palabras que deben memorizar antes de atreverse a mantener una conversación. Pero ¿y si el principal obstáculo estuviera en la manera de entender el idioma? Andrés Prieto, experto en enseñanza de inglés, abordó esta cuestión en uno de los episodios de Focus On Podcast, donde cuestionó los métodos tradicionales y defendió una forma distinta de acercarse a la lengua: dejar de tratarla como una asignatura y empezar a incorporarla a la vida diaria.
1. El error de confundir estudiar inglés con saber hablarlo
Pasar horas frente a un libro, completar ejercicios gramaticales y memorizar listas de vocabulario no garantiza que una persona pueda desenvolverse con naturalidad en una conversación. Esa es precisamente una de las diferencias que Prieto considera fundamentales para comprender por qué tantos estudiantes tienen dificultades al momento de expresarse. “Una cosa es estudiar inglés y otra hablar inglés. Los métodos tradicionales de la academia nos enseñaban a memorizar cosas para el examen, pero eso no sirve para nada. Por eso, muchos entienden inglés, pero no lo hablan”, sostuvo durante su participación en el pódcast.
La explicación apunta a una dificultad frecuente: reconocer palabras y comprender lo que otra persona dice son habilidades distintas de construir una respuesta propia en tiempo real. Una conversación exige recuperar expresiones, organizar ideas y pronunciarlas sin disponer necesariamente de varios minutos para pensar cada oración. Por eso, aunque la gramática y el vocabulario cumplen una función importante, el aprendizaje necesita complementarse con la escucha, la repetición y la práctica oral. La meta no debería limitarse a conocer las reglas, sino desarrollar la capacidad de utilizarlas cuando una situación cotidiana lo requiera.
2. Aprender patrones en lugar de memorizar reglas sin fin
Para Prieto, uno de los cambios más importantes consiste en dejar de concebir el inglés como una materia escolar y comenzar a reconocer las estructuras que aparecen de manera recurrente en el idioma. “El inglés no es una materia. Tienes que aprender a identificar patrones: cómo se construyen las frases, cuáles son las que más usas en tu día a día... Esos patrones se te van a grabar en la cabeza. Eso es lo más importante en el inglés, más que aprender reglas infinitas o memorizar”, explicó.
Esta perspectiva propone prestar atención a las expresiones que se repiten en conversaciones reales y aprender a utilizarlas en distintos contextos. Frases para presentarse, formular preguntas, expresar gustos o explicar lo que se necesita pueden convertirse en puntos de partida para construir una comunicación más espontánea. En lugar de intentar dominar todas las reglas antes de hablar, el estudiante puede familiarizarse con estructuras útiles y practicarlas hasta reconocer cómo funcionan. La gramática no desaparece de este proceso; adquiere sentido cuando ayuda a comprender y producir mensajes que tienen una utilidad concreta.
3. Cambiar el idioma del celular: una forma de convivir con el inglés
Otra de las recomendaciones del especialista consiste en trasladar el aprendizaje fuera de los libros y aprovechar los objetos que forman parte de la rutina. “Hay que dejar de pensar que hay que estudiarlo y empezar a vivirlo. Si de verdad quieres aprender inglés, cambia el idioma de tu móvil durante más de 24 horas, ese es el verdadero compromiso”, afirmó. La propuesta busca que el contacto con la lengua deje de depender exclusivamente de un horario reservado para estudiar y aparezca también en momentos cotidianos.
El consejo puede extenderse a las aplicaciones, las plataformas de streaming, los relojes inteligentes, los televisores y los asistentes de voz basados en inteligencia artificial. Al modificar el idioma de estos dispositivos, el usuario encuentra palabras y expresiones asociadas con acciones que ya conoce, como buscar una película, revisar una notificación o configurar una alarma. Aunque este cambio no garantiza por sí solo el dominio del inglés, sí puede aumentar la exposición al idioma y ayudar a familiarizarse con vocabulario frecuente. El desafío está en aprovechar esos encuentros para observar las expresiones, comprenderlas y, cuando sea posible, incorporarlas a la propia comunicación.
4. Música en inglés: escuchar, cantar y descubrir cómo suenan las palabras
La música también ocupa un lugar importante en las recomendaciones de Prieto, quien la considera una herramienta útil para familiarizarse con el ritmo y la pronunciación del idioma. “Yo me levanto todos los días y pongo música en inglés y la canto. Cantar ayuda muchísimo a desarrollar el ritmo del inglés, sobre todo si primero lo escuchas, luego lo repites hasta aprendértelo y después miras cómo se escribe. Así te das cuenta de lo diferente que es del español”, señaló.
Su propuesta plantea una secuencia sencilla: escuchar una canción, repetir sus versos hasta reconocer los sonidos y consultar después la letra para comparar lo que se percibe con lo que realmente está escrito. Este ejercicio permite prestar atención a la pronunciación, las contracciones y la unión de palabras que, en el habla cotidiana, pueden sonar muy diferentes de como se leen. Conviene elegir canciones cuya letra resulte comprensible y revisar las expresiones desconocidas, sin olvidar que la música puede incluir acentos, recursos poéticos y pronunciaciones que no siempre se emplean en una conversación habitual.
En definitiva, las recomendaciones de Andrés Prieto invitan a replantear una idea extendida sobre el aprendizaje de idiomas: que primero hay que acumular conocimientos y solo después empezar a hablar. La escucha frecuente, la práctica de expresiones útiles, el contacto cotidiano con el inglés y la repetición pueden complementar el estudio formal y ayudar a desarrollar una comunicación más natural. No existe una fórmula que elimine las dificultades de un día para otro, pero cambiar la manera de practicar puede marcar una diferencia. Más que esperar a sentirse completamente preparado, el reto consiste en encontrar pequeñas oportunidades para utilizar el idioma y convertirlas, poco a poco, en parte de la rutina.


