Probablemente, una de las dudas más frecuentes entre las mujeres que estamos a finales de los 20 o comienzos de los 30 sea si queremos ser madres. Algunas tenemos ese deseo, pero preferimos priorizar nuestros proyectos personales o profesionales; otras, simplemente no tenemos claro si la maternidad formará parte de nuestro futuro.
Mientras buscamos una respuesta, el reloj biológico avanza y las probabilidades disminuyen antes de haber tomado una decisión.
Esa incertidumbre también acompañó a Priyanka Chopra Jonas. En marzo de 2023, durante el pódcast Armchair Expert, la actriz contó que había congelado sus óvulos pasados los 30 años, una decisión que le hizo sentir “una gran libertad” para pensar en su futuro reproductivo sin tanta presión. Sin embargo, poco después, en UnWrapped, reconoció una realidad menos comentada: “Es caro, así que tienes que ahorrar para ello”.
Y es que, aunque la preservación de la fertilidad puede ofrecer mayor libertad para decidir, también supone afrontar una serie de preguntas tanto médicas como económicas. ¿Cuándo conviene hacerlo? ¿Qué implica el tratamiento? ¿Qué posibilidades reales ofrece? Y, sobre todo, ¿cuánto cuesta mantener abierta esa opción en el Perú?
¿Congelo mis óvulos ahora o es mejor esperar?
Cuando una mujer comienza a considerar la congelación de óvulos, una de sus primeras dudas es si debería hacerlo cuanto antes o si todavía puede esperar. Aunque los 35 años suelen mencionarse como una frontera para la fertilidad femenina, el envejecimiento reproductivo no ocurre de un día para otro ni avanza al mismo ritmo en todos los casos.
Mario Ascenzo, ginecólogo especialista en fertilidad de Inmater y participante del próximo congreso CIRA, explicó a Somos que la edad influye tanto en la cantidad como en la calidad de los óvulos, pero también existen diferencias individuales en el funcionamiento ovárico.
“Hay mujeres que a los 32 ya tienen alteración y otras que a los 38 todavía siguen funcionando dentro de los esperado. Por eso, aunque preservar óvulos entre los 26 y 32 años ofrece las condiciones más favorables, no existe un momento idéntico para todas”.
Por eso, para el doctor Patrick Jacinto, docente de la carrera de Medicina Humana de la Universidad Científica del Sur, la decisión no debe basarse únicamente en el calendario, sino en una evaluación integral que considere la reserva ovárica, los antecedentes ginecológicos, el tiempo que se desea postergar la maternidad y el proyecto de vida. Por ejemplo, una mujer de alrededor de 30 años que no contempla un embarazo durante los próximos cinco años podría empezar a considerar esta alternativa.
Además, esta evaluación cobra especial importancia si existen condiciones que comprometan la fertilidad, como la endometriosis ovárica, cirugías previas en los ovarios, riesgo de menopausia prematura o tratamientos oncológicos.
Así, más que esperar a cumplir una determinada edad, el primer paso es conocer la situación reproductiva individual y decidir si la preservación encaja con los propios planes.
Cuánto cuesta congelar óvulos en el Perú: el precio que no siempre te cuentan
Evaluar la congelación de óvulos no es solo un proceso de reflexión personal o médico, también requiere una planificación financiera clara. Y es que una cosa es preguntarse si estamos preparadas para preservar nuestra fertilidad y otra, muy distinta, descubrir cuánto dinero necesitamos para hacerlo.
En el Perú, el costo inicial estimado oscila entre S/ 10.000 y S/ 17.000, según el doctor Ascenzo. Sin embargo, el presupuesto varía de acuerdo con las necesidades de cada paciente y los servicios incluidos por la clínica.
Generalmente, el precio base contempla los controles ecográficos, la extracción y la vitrificación de los óvulos, pero no siempre incluye los medicamentos hormonales, los análisis previos, la evaluación anestésica ni el almacenamiento a largo plazo. Aunque algunas clínicas cubren los primeros meses o el primer año de conservación, después se aplican tarifas periódicas de mantenimiento.
La inversión también puede aumentar si un ciclo no permite obtener la cantidad de óvulos maduros recomendados. En estos casos, el especialista podría sugerir una nueva estimulación, lo que duplicaría los costos del procedimiento.
Frente a este desembolso, algunas clínicas ofrecen paquetes, descuentos o finamiento. Al respecto el experto en fertilidad de Inmater refirió que existen alternativas de pago fraccionado entre seis y doce cuotas, aunque las condiciones dependen exclusivamente de cada establecimiento.
Pero hay un gasto que suele quedar fuera de la conversación inicial: utilizar los óvulos años después también cuesta. Para intentar un embarazo será necesario descongelarlos, fecundarlos mediante técnicas de reproducción asistida, cultivar los embriones y transferirlo al útero.
“Una fertilización in vitro (FIV) convencional puede costar entre S/ 15.000 y S/ 20.000 o más en el Perú. No obstante, cuando se utilizan óvulos previamente preservados, el presupuesto debe calcularse de manera específica, porque ya no se requiere repetir la estimulación ni la extracción”, sostuvo el doctor Patrick Jacinto.
A todo ello se suma que la congelación por decisión personal no está contemplada entre las prestaciones habituales de EsSalud, el SIS ni los seguros privados. Incluso cuando existe una indicación médica estricta, la cobertura debe verificarse directamente con la institución.
En consecuencia, el presupuesto no debería limitarse al procedimiento inicial: también debe considerar la conservación durante los años siguientes y el eventual tratamiento para intentar un embarazo.
De la primera consulta a la congelación: así es el procedimiento paso a paso
Paso 1: Evaluación inicial y pruebas de reserva ovárica
El especialista revisa los antecedentes de la paciente y solicita un análisis de sangre para medir la hormona antimülleriana (AMH) y la hormona foliculoestimulante (FSH), además de una ecografía transvaginal para contar los folículos antrales.
Según Jenna Rehmer, especialista en endocrinología reproductiva e infertilidad de Cleveland Clinic, “estas pruebas ayudan a estimar la reserva ovárica y anticipar la respuesta a la estimulación, pero no permiten determinar con exactitud cuántos óvulos quedan, conocer su calidad ni predecir por sí solas un embarazo natural”.
La preparación tampoco requiere de fórmulas milagrosas. De acuerdo con Patrick Jacinto, la clave está en optimizar la salud general mediante una alimentación equilibrada, actividad física regular, un descanso adecuadamente, evitar el tabaco y limitar el alcohol. Asimismo, es fundamental informar sobre cualquier medicamento, anticonceptivo o suplemento en uso, ya que algunos podrían requerir ajustes.
“No existe evidencia sólida de que una dieta especial, productos detox, vitaminas en dosis elevadas o suplementos comercializados para mejorar la fertilidad consigan aumentar significativamente la calidad de los óvulos”.
Paso 2: Estimulación hormonal
Con la evaluación completa, comienza la estimulación ovárica. Durante un ciclo menstrual natural, el cuerpo recluta varios folículos, pero generalmente solo uno alcanza la ovulación y el resto se reabsorbe. Es por eso que el tratamiento busca aprovechar ese grupo disponible en el mes para hacerlos crecer en conjunto.
“Lo que hacemos con este tipo de procedimiento es, en lugar de que se pierdan, estimulamos para que crezca el mayor número de esos folículos para tratar de obtener la mayor cantidad de óvulos”, indicó Mario Ascenzo.
Para conseguirlo, la paciente se administra diariamente inyecciones hormonales subcutáneas, —con agujas muy delgadas—en la zona abdominal. Esta etapa suele durar unos nueve o diez días, aunque el tiempo exacto dependerá de la respuesta de cada organismo. Durante ese periodo, se realizan controles ecográficos periódicos para monitorear el desarrollo folicular y precisar el momento exacto de la extracción.
Aunque las inyecciones suelen aplicarse en casa sin complicación, el proceso de estimulación puede provocar molestias físicas leves, similares a las del síndrome premenstrual, como hinchazón abdominal, sensación de pesadez o irritabilidad.
Paso 3: Extracción
Cuando los folículos alcanzan el desarrollo esperado, se administra una medicación para completar la maduración de los óvulos y programar su extracción. Este procedimiento se realiza bajo sedación o anestesia y suele durar entre 15 y 20 minutos.
Mediante una ecografía transvaginal, el especialista guía una aguja fina a través de la pared vaginal hasta los ovarios para aspirar el líquido de los folículos, del que posteriormente se recuperan los óvulos en el laboratorio.
Como precisó la doctora Rehmer, “debido a la anestesia, el procedimiento no debería producir dolor durante su realización”, permitiendo que la paciente regrese a casa el mismo día tras un breve periodo de observación.
Aunque la recuperación es rápida, es normal experimentar cólicos o molestias pélvicas durante los días siguientes. Existen también riesgos infrecuentes —como sangrado, infecciones o el síndrome de hiperestimulación ovárica—; por ello, y como medida de precaución tras la anestesia, se indica no conducir durante las 24 horas posteriores.
Paso 4: Vitrificación y almacenamiento
Ese mismo día, el equipo de embriología evalúa los óvulos recuperados para identificar cuáles están maduros y pueden congelarse. Estos se someten a vitrificación, una técnica de enfriamiento ultrarrápido diseñada para evitar la formación de cristales de hielo que podrían dañarlos.
Posteriormente, se conservan en tanques especializados de criopreservación bajo condiciones controladas. De acuerdo con la especialista de Cleveland Clinic, los óvulos pueden permanecer almacenados durante años sin que el paso del tiempo reduzca su viabilidad, aunque tampoco existe la garantía de que el 100% sobreviva al proceso de descongelación.
Congelar óvulos no garantiza un bebé: las posibilidades reales de éxito
Uno de los errores más frecuentes es considerar la congelación de óvulos como una especie de seguro de maternidad infalible. La realidad médica indica que se trata de una estrategia para mejorar las oportunidades futuras, pero nunca de una garantía absoluta.
Como explicó Aldo Novoa, ginecólogo obstetra de SANNA Clínica El Golf, el éxito del procedimiento depende de múltiples factores, donde la edad al momento de congelar es la variable más determinante: “La preservación de óvulos no es una garantía, sino una mejora de las probabilidades”.
A ello se suman el número de ovocitos maduros vitrificados —a mayor cantidad, mayor probabilidad acumulada—, la calidad ovocitaria (que no se puede medir de forma directa) y una tasa de supervivencia a la descongelación que suele rondar entre el 80% y el 85%.
Frente a este escenario, muchas mujeres se preguntan cuántos óvulos deberían almacenar. Sin embargo, Alicia Seminario, ginecóloga especialista en medicina reproductiva de la Clínica Ricardo Palma, aclaró que “no existe un número que garantice un nacimiento, ya que la meta debe individualizarse según la edad, la reserva ovárica, el número de hijos que se desea tener y las posibilidades económicas de cada paciente”.
Por eso, advirtió que las estimaciones publicadas no son reglas fijas. Aunque estudios referenciados por la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (ASRM) sugieren obtener unos 14 óvulos entre los 30 y 34 años, 15 entre los 35 y 37, y hasta 26 entre los 38 y 40 para alcanzar cerca de un 70% de probabilidades de éxito, se trata de estimaciones de estudios limitados, no de cifras universales aplicables a todos los casos.
Por último, existe otra frontera que la congelación no logra modificar: el paso del tiempo en el cuerpo que gestará el embarazo. Preservar óvulos a una edad temprana detiene el envejecimiento celular de las células reproductivas, pero no elimina los riesgos obstétricos asociados a la edad de la madre.
“A partir de los 35 años aumenta la probabilidad de presentar complicaciones como hipertensión arterial, preeclampsia, diabetes gestacional, parto prematuro o cesárea. Por ello, la evaluación previa debe considerar la salud general de la mujer, ya que el éxito final depende tanto de un óvulo viable como de un cuerpo preparado para llevar la gestación a término”, destacó Seminario.
Antes de pagar: esto es lo que debes saber
Tomar la decisión de preservar la fertilidad va mucho más allá de seleccionar un centro por su cercanía o por una oferta comercial. Al vitrificar óvulos, una mujer no solo accede a un tratamiento médico, sino que establece una relación de custodia a largo plazo con una institución.
En el Perú, donde la regulación sobre reproducción asistida es aún escasa y fragmentaria, las condiciones legales y prácticas del almacenamiento se rigen de forma estricta por el consentimiento informado y el contrato.
Por eso, el doctor Patrick Jacinto enfatizó que, antes de realizar cualquier pago o iniciar la estimulación, es indispensable revisar el contrato y verificar que el documento especifique con claridad:
- Titularidad: Confirmar explícitamente que la paciente es la única dueña del material biológico y la única con potestad para decidir sobre él.
- Falta de pago y periodos de gracia: Conocer las consecuencias ante un retraso en las tarifas de almacenamiento. Las clínicas suelen fijar plazos (generalmente de 6 a 12 meses) tras los cuales el material puede ser destruido o destinado a investigación, según lo firmado.
- Destino en caso de fallecimiento o no uso: Definir si los óvulos serán descartados, donados para investigación o si se autoriza su uso bajo condiciones específicas.
- Revocación y traslado: Garantizar el derecho a cambiar de opinión sobre el destino de las células o a solicitar su transferencia a otro centro en el futuro.
Más allá del ámbito legal, la elección exige evaluar la solidez científica de la clínica. Lo primordial es verificar que el centro esté debidamente autorizado, cuente con médicos especialistas certificados y disponga de un laboratorio de embriología con estrictos protocolos de bioseguridad.
“La mejor clínica no necesariamente es la más económica ni la que promete mayores porcentajes de éxito, sino aquella que brinda información transparente, seguridad y expectativas realistas. Esto exige salir de la primera consulta con una estimación clara de los ciclos necesarios y un presupuesto desglosado que transparente medicamentos, anestesia y mantenimiento”, resaltó Jacinto.
Una decisión propia, libre de presiones
Al final, la pregunta no es únicamente si podemos pagar por congelar nuestros óvulos, sino si esta alternativa responde a lo que realmente queremos para nuestro futuro. Como reconoció Priyanka Chopra Jonas, preservar la fertilidad puede brindar una sensación de libertad, pero también exige recursos, información y expectativas realistas.
Porque tener más opciones no debería convertirse en una nueva obligación. Algunas mujeres decidirán congelar sus óvulos, otras preferirán esperar o tomar un camino distinto. Y todas esas decisiones merecen respeto. Después de todo, se trata de ganar la posibilidad de elegir, no de permitir que el miedo al paso del tiempo elija por nosotras.


