Le comentan lo bien que domina el castellano. Siempre la creen turista aunque esté en su barrio, y le harta que todos le hablen en inglés. Y cómo no, si nació en Algeciras. El territorio de Quan Zhou Wu es su casa y el restaurante oriental regentado por sus padres, instalados en Málaga desde los años ochenta.
Andaluza y china al mismo tiempo, su humor gráfico da cuenta de esa sensación de vivir entre dos aguas, en un país en que la población china (cerca de 200 mil personas) resulta menos del 1% de los habitantes. La obra de esta ilustradora española, que nos visita para participar del Hay Festival en Arequipa, se nutre de los cuestionamientos sobre la propia identidad y la discriminación racista en una España que parece no advertir los estereotipos que arrastra. Con 177 años de migración china en nuestro país, quizá los peruanos leamos sus cómics “Gazpacho agridulce” o “Andaluchinas por el mundo” con cierta familiaridad cómplice.
— Me gusta que un par de títulos de tus libros repitan la palabra ‘agridulce’. ¿Es una metáfora gastronómica para hablar de tópicos de los desencuentros culturales que pueden darte risa pero también resultan agotadores?
El nombre “Gazpacho agridulce” se me ocurrió en un autobús de camino al trabajo. Yo antes trabajaba en diseño gráfico y le daba vueltas a una idea que fuera muy descriptiva sin tener yo que describir nada. Agridulce es un término gastronómico, pero semántica y gramaticalmente también tiene otra connotación, y me gustaba mucho ese juego. Yo hablo en tono positivo y humorístico, pero sobre temas que no son fáciles de tratar: desigualdad o racismo en la infancia, por ejemplo. Además, quería que se entendiera muy explícitamente que soy de origen chino, y el agridulce en otras gastronomías en España casi no se usa. Sin embargo, ahora no sé si estoy un poco encorsetada; tengo que pensar si el término ‘agridulce’ sigue hablando de lo que yo trabajo ahora.
— ¿Cuán consciente es España de su propio racismo?
Una amiga me decía que los españoles que viajan a Marruecos se comportan como los estadounidenses que van a México. Reproducen ese comportamiento privilegiado, colonizador, pensando en el otro como subalterno. O sea, en España hemos salido de la pobreza anteayer con dinero europeo y vamos a otro sitio a comportarnos igual a quienes antes criticábamos. Y claro, a mí eso me decepciona, pero no me sorprende. Lo vemos reproducido en las calles y en los gobernantes que elegimos, abiertamente racistas. Y el progresismo en España, los que se supone representan los derechos humanos y los derechos igualitarios, no ha considerado que la educación en la convivencia sea importante.
— Soy parte de la generación a la que el humor gráfico le sirvió mucho para mirar críticamente el mundo. En tu trabajo recuperas mucho de aquel humor social.
Cuando voy a crear una viñeta, tengo que dibujarla y escribirla. El texto no tiene que ir subordinado a la ilustración ni viceversa. En general, soy una persona que tiene mucho sentido del humor; soy muy risueña y muy del sur: mis padres del sur de China y yo también del sur de España. Y se trata de reírte también de tus propias desgracias, presentar una escena dolorosa con sentido del humor. Para mí, la broma entra porque me lo pide el cuerpo, es innato. Me resulta difícil intelectualizar algo que me nace hacer. De hecho, nunca estudié ilustración, ni Bellas Artes ni cómic. No estudié absolutamente nada de eso: el diseño gráfico era mi oficio.
— Cuentas que empezaste a dibujar cómic sin haber leído cómics y que odias responder a la pregunta sobre tus referentes. ¿Por qué?
No leía cómic. Recién cuando empecé a publicar y a firmar en ferias junto con autores consagrados, empecé a leerlos.
— No quería perder la oportunidad de preguntarte si, tras la reciente desaparición de Marjane Satrapi, la autora de “Persépolis”, su ausencia definitiva ha supuesto para tus colegas un sentimiento de orfandad.
Yo creo que sí. Satrapi representa nuestra idea de autora “respetada”. En España, todo lo asociado al cómic y a la novela gráfica sigue considerándose para niños o como un arte menor. Y si eres mujer y escribes cosas para mujeres, no estás dentro de la literatura universal; y si juntas cómic, mujer y encima eres una persona de otro origen, pues tu trabajo será “de nicho”. Independientemente de su obra, yo creo que Satrapi representa a la autora que entró en los círculos de la literatura universal y del respeto, y de esa manera nos deja muy huérfanos al resto. No sabemos si habrá otra autora que convoque un respeto parecido. Yo conozco muchas creadoras que venden mucho pero que no salen de la etiqueta de literatura femenina o arte menor.

