El consumo de arroz, trigo y maíz en el Perú registraría un crecimiento gradual durante la próxima década. El arroz se mantendría como el cereal más consumido, con un promedio proyectado de 65,9 kilogramos por persona al año en 2035, frente a los 64,6 kilogramos estimados en el periodo 2023-2025.
Las proyecciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), recogidas por el Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (Ceplan), también apuntan a un aumento en el consumo de trigo y maíz en el país.
Estas estimaciones forman parte de la tendencia “Aumento del consumo de alimentos”, publicada en el Observatorio Nacional de Prospectiva del Ceplan, que recoge proyecciones sobre la evolución de la demanda alimentaria en el país y a nivel internacional.
DEMANDA MUNDIAL DE ALIMENTOS SEGUIRÁ CRECIENDO
A escala global, el consumo de productos básicos agrícolas aumentaría hacia los próximos años, impulsado por el crecimiento de la población y de los ingresos.
Según las proyecciones de la OCDE-FAO, el consumo de estos productos crecería alrededor de 26.8% en los países de ingresos bajos y 25.7% en las economías de ingresos medianos bajos, en comparación con el promedio estimado para el periodo 2023-2025.
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Esta tendencia cobra relevancia en el marco del Día Mundial de la Alimentación, que se conmemora cada 16 de octubre, ante los desafíos que supone atender una demanda creciente y garantizar la disponibilidad de alimentos.
GASTO EN ALIMENTACIÓN DISMINUYÓ EN PERÚ
Mientras las proyecciones apuntan a un mayor consumo de cereales, el gasto real mensual por persona destinado a alimentos en el Perú registró una reducción en los últimos años.
Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), este indicador pasó de S/ 417 en 2016 a S/ 380 en 2025.
En ese último año, la alimentación representó el 41.3% del gasto real mensual per cápita. Las cifras permiten observar la evolución de los recursos que destinan los hogares a cubrir sus necesidades alimentarias.
El seguimiento de estas tendencias aporta información para la planificación de largo plazo, especialmente en aspectos como la disponibilidad de alimentos, la productividad agrícola y la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios.


