Un fragmento de ámbar encontrado en Myanmar conservó una escena ocurrida hace unos 99 millones de años: la cola desprendida de un pequeño lagarto. El fósil se convirtió en una evidencia directa del mecanismo defensivo que estas especies todavía utilizan para escapar de sus depredadores.
Cuando un lagarto se siente amenazado, puede desprender voluntariamente parte de su cola y huir mientras dicha parte de su cuerpo continúa moviéndose. De esta manera, el animal consigue distraer al atacante y ganar tiempo para escapar. Aunque esta estrategia es común entre los lagartos modernos, hasta ahora había sido difícil establecer con precisión su historia evolutiva.
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Una defensa que ya existía hace 99 millones de años
El ejemplar analizado procede de una mina del valle de Hukawng, en el estado de Kachin, al norte de Myanmar. El fragmento de ámbar contiene una cola con la piel y el tejido muscular extraordinariamente bien conservados. Los investigadores estudiaron la pieza mediante microtomografía computarizada de rayos X y compararon su estructura con las colas de lagartos y escincos actuales.
La cola de lagarto conservada en ámbar muestra características morfológicas de tejido blando. Foto: Palaeontologia ElectronicaLos análisis del estudio publicado en Palaeontologia Electronica revelaron un anillo de tejido muscular alrededor de la zona donde se produjo la ruptura. Los músculos presentan una disposición en forma de roseta o cuña, una estructura que los lagartos vivos desarrollan cuando contraen los músculos para desprender deliberadamente la cola.
"El desprendimiento caudal, es decir, la pérdida voluntaria de la cola, es uno de los comportamientos antipredatorios más distintivos y mejor estudiados de los reptiles escamosos actuales", señalaron el paleontólogo Dolev Fabrikant, de la Universidad de Tel Aviv, y sus colegas.
El lagarto pertenecía a un grupo relacionado con los varanos o con los lacértidos, la familia que incluye a las lagartijas de los muros europeas. Los investigadores no pudieron determinar con certeza qué ocurrió antes de que la cola quedara atrapada en la resina.
El fósil muestra una conducta, no solo una estructura
Los científicos plantean dos posibilidades. En una, un lagarto que vivía en los árboles quedó atrapado en la resina y consiguió escapar desprendiendo su cola. En la otra, un depredador atrapó al animal y la cola se desprendió durante el forcejeo antes de caer sobre la superficie pegajosa.
La autotomía tiene un costo para los lagartos actuales, ya que puede afectar su desplazamiento, crecimiento, reproducción y otros aspectos de su vida. Aun así, el mecanismo está presente en al menos dos tercios de los linajes modernos de reptiles escamosos, según los investigadores.
"Al documentar un evento de autotomía ya ocurrido, y no únicamente una predisposición anatómica, el ejemplar proporciona un punto de referencia conductual para estudiar la evolución de la principal estrategia antipredatoria de los escamosos", concluyeron los autores.
El hallazgo también aporta pistas sobre la regeneración de las colas. Debido a que la autotomía suele estar relacionada con la capacidad de regenerarlas, los investigadores señalan que los genes candidatos involucrados en este proceso podrían haberse originado hace al menos 99 millones de años.


