Desde hace dos décadas, Perú y Chile gozan de un Tratado de Libre Comercio (TLC) y una integración económica. En 2006, se suscribió el acuerdo comercial y en 2009 entró en vigencia. “[...] seguramente continuaremos ampliando esta vinculación”, señaló el embajador de Chile en Perú, Milenko Skoknic Tapia.
Chile es el segundo socio comercial de Perú en la región y el octavo a nivel mundial. Solo en 2026, a julio, nuestro país le exportó US$ 804 millones (4.5%) de productos no tradicionales, es decir, de mayor valor agregado, según data del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). Además, importó desde esa economía US$ 873 millones (27.4%).
“La Cámara Chileno Peruana de Comercio, con sede en Santiago de Chile, tiene 46 años promoviendo el comercio entre Chile y Perú, así como también acompañando a las empresas y ciudadanos de ambos países que salen a invertir, trabajar e instalar sus negocios al otro lado de la frontera [...] El TLC marcó un punto relevante entre la historia reciente entre los dos países, facilitó el aumento del comercio sin ser el punto de partida ni la meta de llegada, sino una etapa dentro de un largo proceso de integración económica y cultural”, comentó Jaime de Orbegoso, presidente de la cámara.
De Orbegoso se refirió también a la situación geopolítica actual, en concreto a las disputas entre las dos economías más grandes como Estados Unidos y China, y cómo este frente empuja, aún más, a Chile y Perú a trabajar con mayor cercanía: “Esto nos debe llevar a reflexionar sobre las oportunidades que se abren, no solo individualmente, sino en conjunto para Perú y Chile. Ambos tienen las condiciones políticas y económicas para crecer y explorar caminos que favorezcan al progreso de la población”.
Pero, el vínculo entre ambas economías es de larga data y va más allá de lo económico. Justamente, Ezio Neyra, director del departamento de Literatura, de la facultad de Artes Liberales, de la Universidad Adolfo Ibañez, resumió esta relación en su exposición: “Más allá del arancel cero: de la integración económica a la fibra humana”, en un evento organizado por la Cámara Chileno Peruana.
“Un arancel cero es clave, pero queda corto si no lo complementamos con reducir la distancia humana entre chilenos y peruanos, que al final son los verdaderos arquitectos de la integración entre Chile y Perú. Tenemos una historia compartida de asombros comunes [...] hay que mirarnos como espejos y no como rivales. [...] El verdadero acuerdo no se firma en un papel. Al final la empatía, el intercambio cultural, académico, da alma”, destacó.
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Una mirada de las últimas dos décadas
Edgar Vásquez, director del Centro de Investigación de Economía y Negocios Globales (CIEN) de Adex, resumió el vínculo entre ambas economías, que no solo va por el comercio exterior como tal, sino por las inversiones de empresas y el flujo de turistas.
“Es evidente que la relación [entre Perú y Chile] ha sido fructífera [...] Sin embargo, hay un potencial aún mayúsculo. Solo hablando del comercio, para Chile, [los productos del] Perú representan solo un 2.8% de lo que le compra al mundo. Los productos peruanos son apreciados, sí, pero hay otros socios regionales y fuera de la región que tienen mayor acceso, penetración y conocimiento del mercado chileno. Al revés es igual: los productos chilenos representan solo un 2.2% de lo que Perú le compra al mundo. Es evidente que hay espacio para profundizar el vínculo”, subrayó.
A su consideración, si solo pudiéramos duplicar esas cifras, “nuestras estructuras productivas no lo van a resentir, pero el efecto social va a ser brutal”.
Incluso mencionó que más allá de los aranceles “cero”, el acuerdo entre Perú y Chile es bastante más completo y fue uno de los primeros que nuestra economía negoció a este nivel (antes de ello teníamos acuerdos parciales): “Este TLC va más allá que el comercio de bienes. Involucra servicios, inversiones, cooperación y otras materias vinculadas [...]”.
Además del vínculo directo con Chile, Vásquez recordó que también nos unen otros acuerdos con el país vecino como la Alianza del Pacífico y el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP).
Aun así, hay espacios para seguir evolucionando, por ejemplo, en un contexto donde la tecnología avanza a pasos agigantados y sin freno: “Hay que ir pensando juntos en construir reglas para que, por ejemplo, las empresas proveedoras de servicios sobre todo digitales empiecen a fusionarse y trabajar porque Latinoamérica, en su conjunto, está retrasada en esa carrera”.
Otro punto que hay que mejorar, señaló, es el mercado de trabajo. El acuerdo bilateral pone reglas sobre todo para personal de las empresas con cargos directivos, pero no menciona a los trabajadores en general. “No hemos llegado a una integración del mercado laboral”, consideró.
Al respecto, Javier Galaz, CEO de Grafton Latam, comentó sobre la complementariedad entre ambas economías cuando se analiza ambos mercados laborales.
“[...] Chile y Perú tienen una complementariedad interesante. Por ejemplo, nosotros tenemos una tecnología que trabaja con IA e hicimos levantamiento [de información] sobre las posiciones que buscaron Perú y Chile para minería este 2026. Perú se especializa mucho más en buscar operativos, Chile, supervisores. En otro frente, en el mercado de TI, aquí se buscan mantenedores, en el país del sur, desarrolladores”.
En este contexto, Galaz agregó: “Con esto en mente, quisiera dejar una ‘semilla’. El TLC entre ambos países, que se concentró en temas aduaneros, arancelarios, entre otros, quizá dejó a las personas atrás. No se pensó en un solo mercado laboral, en un solo mercado del talento, donde juntos podríamos desarrollar de manera fácil, complementaria, estandarizada, una colaboración laboral. Creo que esas diferencias se han ido profundizando [...]”.
Pedro Lerner, CEO del grupo Unacem, por su parte, como un ejemplo a nivel empresarial, recordó la llegada de la compañía peruana a Chile en 2018, mostrando las complementariedades antes expuestas que van más allá del intercambio de bienes: “Siempre vimos al mercado chileno como un destino natural para una expansión internacional de nuestras operaciones”.
“Hubo un proceso de adaptación sin duda. Pero, simplificó que no ingresamos [a Chile] con proyectos greenfield, sino a través de operaciones ya existentes [...] No tuvimos que aprender de cero cómo funcionaban los negocios allá. Nos ha tomado un tiempo sujetar la mano de un mercado que es distinto al peruano. El peruano, me refiero al mercado de cemento o de construcción, depende de la autoconstrucción y la comercialización de bolsas de cemento y las ferreterías. En Chile, el mercado está más orientado a infraestructura [...] Aun así, encontramos muchas más afinidades, similitudes”, reconoció.
