La OCDE confirmó que los escolares peruanos de 15 años retrocedieron 18 puntos en lectura en PISA 2025. El Minedu, en un informe, recordó que esta generación vivió el cierre de escuelas entre los 10 y 11 años. Pero detenerse ahí sería confundir el contexto con la explicación.
Revisé los microdatos de la OCDE y las evaluaciones del Minedu. Estos estudiantes lograron, en el 2019, un buen resultado en la ENLA en cuarto de primaria y, en 2023, cuando estaban en segundo de secundaria, los resultados no cayeron. La caída aparece después y no golpeó a los más pobres: según la OCDE, el quintil con mayores recursos perdió 21 puntos.
¿Qué cambió? En el cuestionario de los estudiantes se observa que quienes faltaron al colegio sin justificación pasaron del 28% al 39%; los que dedican más de dos horas diarias a sus tareas bajaron del 64% al 52%; y los que sufrieron alguna forma de acoso subieron del 43% al 56%. Para medir cuánto pesan estos cambios, apliqué una descomposición de Oaxaca-Blinder, que separa cuánto de una brecha se debe a cambios en las características del grupo. El resultado: menos horas de estudio, más tiempo en pantallas y más ausentismo acompañan cerca de la mitad del retroceso en lectura: 9 de los 18 puntos. No prueba causalidad, pero señala por dónde empezar.
Toca mirar hacia el futuro y diseñar un sistema de educación basado en las necesidades de los estudiantes. Las pruebas son un diagnóstico para actuar: más lectura, escuelas seguras, metodologías modernas y desarrollo de competencias del siglo XXI. Comencemos a medir para cambiar.


