La carrera por la Presidencia de Brasil llega a su recta final con un escenario que pocos días atrás parecía más favorable a Flávio Bolsonaro y que faltando una semana para la segunda vuelta comienza a sonreírle a Luiz Inácio Lula da Silva.
Lula dominó la agenda política de los últimos ocho días al lograr la reducción de la jornada laboral y anunciar nuevos beneficios para los brasileños, junto con una intensa actividad en las calles y las redes sociales.
La ventaja que los sondeos electorales daban al hijo del expresidente Jair Bolsonaro sobre el líder progresista después de salir victorioso en la primera vuelta se redujo esta semana, en vísperas de la segunda ronda, y llegó a solo dos puntos (51 % contra 49 %), un empate técnico de los candidatos, según la última encuesta de Datafolha.
La agenda social fortalece al progresismo
Uno de los principales movimientos de Lula fue la promulgación de la enmienda constitucional que reduce la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales, sin recorte salarial y con dos días de descanso remunerado.
La medida era uno de los objetivos que Lula quería concretar antes de las elecciones, ya que beneficiará a millones de trabajadores formales, algo que puede traducirse en votos.
En la última semana, el presidente también anunció medidas para financiar y condonar deudas de microemprendedores y prometió impulsar el transporte público gratuito los fines de semana para que los trabajadores aprovechen sus días libres con sus familias.
Estas iniciativas se suman a otras anunciadas por el líder progresista en campaña, como el aumento de los subsidios para los más pobres, la subvención de combustibles, créditos para taxistas y ayuda económica a universitarios para evitar su deserción.
Tras el éxito de Lula, Bolsonaro ha tenido que ajustar su discurso. Luego de cuestionar la reducción de la jornada laboral, terminó apoyando la iniciativa porque, según dijo en una entrevista al noticiero Jornal Nacional, el de mayor audiencia, “el pueblo lo estaba pidiendo”.
No obstante, el candidato ultraderechista se ha dedicado a criticar los beneficios ofrecidos por el líder progresista, a quien ha calificado de “mentiroso”, pues dice que hacerlos realidad es inviable.
La seguridad pública, una carta en juego
Flávio Bolsonaro se ha concentrado aún más en esta recta final en la seguridad pública, uno de los ejes de su campaña, y un tema para el que Lula quiere quitarle protagonismo.
El líder progresista trabaja para que el Congreso apruebe antes de la segunda vuelta, es decir, la próxima semana, una enmienda constitucional que le permita crear un ministerio de la Seguridad Pública antes de finalizar su mandato.
Pero el primogénito del exmandatario ultra no le está dejando el camino fácil y pidió que en esa reforma se incluya la reducción de la edad mínima de responsabilidad penal para delitos determinados delitos graves de 18 a 14 años.
El Partido de los Trabajadores (PT), la formación de Lula, que se negaba a cualquier reducción en este asunto, propuso a regañadientes que se disminuya pero de 18 a 16 años, lo que tiene frenada la iniciativa en el Congreso hasta que se llegue a un acuerdo.
Entre los 12.500 jóvenes y adolescentes que cumplen hoy en día alguna medida privativa de la libertad en Brasil, el 10 % encajaría en la propuesta de Lula y un 57 % en la de Bolsonaro, según datos de la Universidad Federal de Minas Gerais, divulgados por el periódico O Globo.
La recta final
La campaña entra ahora en su tramo decisivo con un primer debate este domingo, otro el próximo viernes y ambos candidatos intensificando los ataques, las denuncias y los escándalos en sus actos públicos, en su propaganda electoral y en las redes sociales.
El objetivo es llegar a los electores indecisos pues la abstención alcanzó un 21 % en la primera vuelta, celebrada el pasado 5 de octubre, lo que supone el nivel más alto desde 1998.


