En la década de 1970, la búsqueda de nuevas fuentes de agua potable llevó a un príncipe saudí a plantear una solución tan ambiciosa como inesperada. Su propuesta pretendía aprovechar las enormes reservas de agua dulce atrapadas en los icebergs para abastecer regiones desérticas y reducir los elevados costos de obtener agua mediante otros métodos. En octubre de 1977, una conferencia internacional reunió a especialistas de distintos países para analizar la viabilidad de esta iniciativa, que también despertó curiosidad por una demostración realizada en una universidad estadounidense. Lo que comenzó como un proyecto de ingeniería con aspiraciones mundiales terminó dejando una historia que pocos habrían imaginado. A continuación, te contamos cómo nació esta propuesta, qué dificultades enfrentó y por qué aquel intento pasó a la historia como uno de los planes más insólitos para combatir la escasez de agua.
¿CÓMO SURGIÓ LA IDEA DE TRANSPORTAR ICEBERGS AL DESIERTO?
Mohammed Al-Faisal, miembro de la familia real saudí, estaba interesado en encontrar nuevas formas de garantizar el suministro de agua en su país. Arabia Saudí dependía de costosos procesos de desalinización para convertir el agua marina en potable, mientras el crecimiento de sus ciudades aumentaba la demanda.
Frente a este panorama, el príncipe propuso aprovechar los icebergs, enormes masas de agua dulce que se desprenden de los glaciares y terminan perdiéndose en el océano. Su objetivo era trasladarlos hasta zonas áridas para utilizarlos como reservas de abastecimiento.
¿EN QUÉ CONSISTÍA EL PROYECTO?
Entre el 2 y el 6 de octubre de 1977, Ames, en Iowa, recibió la primera Conferencia Internacional sobre la Utilización de Icebergs. Para la ocasión, los organizadores transportaron un bloque procedente del glaciar Portage, cerca de Anchorage, Alaska. La pieza pesaba alrededor de 1,1 toneladas, aunque algunas crónicas posteriores calcularon que alcanzaba las dos toneladas. La operación incluyó buzos, un helicóptero, un avión y un camión refrigerado, con un costo estimado de entre 5.000 y 7.500 dólares.
La demostración buscaba respaldar una iniciativa mucho mayor: remolcar un iceberg antártico de aproximadamente 100 millones de toneladas hasta la península arábiga. La empresa Iceberg Transport International, impulsada por el príncipe, estudiaba protegerlo con tejidos y materiales plásticos aislantes para reducir el deshielo. El recorrido podía durar ocho meses y costar cerca de 100 millones de dólares. Sus promotores confiaban en que el agua obtenida sería competitiva frente a la desalinización.
¿POR QUÉ NUNCA SE CONCRETÓ EL AMBICIOSO PLAN?
La conferencia reunió a entre 175 y 200 participantes de 18 países, entre científicos, ingenieros y especialistas en recursos hídricos. Durante las sesiones se analizaron los costos, la resistencia de los materiales y los efectos ambientales de trasladar semejante masa por el océano.
Sin embargo, las corrientes marinas, el aumento de la temperatura del agua y el riesgo de que el iceberg se fragmentara representaban obstáculos considerables. El investigador Wilford Weeks resumió el problema al advertir que, después de cruzar el ecuador, los remolcadores podían terminar arrastrando únicamente una cuerda.
¿QUÉ OCURRIÓ CON EL HIELO QUE LLEGÓ A IOWA?
El destino del bloque de Alaska fue muy distinto al que imaginaban los impulsores del proyecto. Durante la conferencia, parte del hielo se trituró y se utilizó para enfriar bebidas de los asistentes, entre ellas ponches y néctar de albaricoque, según distintas crónicas.
Mohammed Al-Faisal murió en 2017 sin conseguir trasladar un iceberg hasta Arabia Saudí. Aunque posteriormente surgieron nuevas iniciativas para aprovechar estas reservas naturales, ninguna logró establecer un sistema comercial de transporte de semejante escala, según informa Xataka.


