A quién no le ha pasado que tiene una cita importante y el tiempo le juega en contra, agarra el auto pensando que llegará más rápido y le toca el peor atasco en la avenida o que ha tenido un día muy complicado en el trabajo y lo único que quiere es estar en casa en paz, pero los semáforos y la cantidad de vehículos de la ciudad no colaboran. Quedarse detenido más de lo habitual en el tráfico es algo de todos los días y muchos experimentan estrés, cólera o amargura, pero no todos reaccionan igual ante esta prueba. La psicología analizó por qué algunas personas no pierden la calma y los expertos coinciden en que tienen alta inteligencia emocional y gestión de lo que escapa de su control. En esta nota te explico más detalles.
Control interno como clave para reaccionar de forma tranquila
Mantener la calma cuando el tráfico no avanza tiene mucho que ver con aceptar la incertidumbre y aprender a sentir frustración sin dejar que esta dirija nuestra conducta y nos haga enojarnos o reaccionar mal con quienes están alrededor.
Los expertos asocian la capacidad de estar tranquilos frente a esta situación con una alta inteligencia emocional, una fuerte regulación cognitiva y una baja predisposición a la hostilidad. Estas personas logran gestionar sus pensamientos y emociones para evitar el estrés innecesario.
“Hay situaciones cotidianas que, aunque puedan parecer insignificantes, tienen la capacidad de poner a prueba nuestra forma de gestionar las emociones (…) Un atasco es un ejemplo muy claro”, explicó la psicóloga Leticia Martín Enjuto a ‘Cuerpomente’. Y es que mientras algunas personas comienzan a impacientarse, sienten que están perdiendo el tiempo o se irritan con facilidad, otras pueden permanecer relativamente tranquilas, aunque sepan que van a llegar más tarde de lo previsto.
Tienen baja reactividad al estrés
Aquí es donde juega un papel clave el control interno ya que estas personas entienden que no pueden controlar el tráfico (factor externo), pero sí tienen el manejo total sobre su propia reacción (factor interno). Al aceptar lo que es inevitable, reducen la frustración.
“No se trata únicamente de tener paciencia. La diferencia suele estar en cómo interpretamos una situación que, en ese momento, no depende de nosotros (…) La diferencia está en lo que hace con esa emoción. Puedes reconocer que estás enfadada o preocupada por llegar tarde sin permitir que ese malestar determine completamente tu comportamiento”, agregó.
A esto se le suma una baja reactividad al estrés porque el sistema nervioso no entra fácilmente en el modo de “lucha o huida” ante contratiempos cotidianos. Tienen una mayor tolerancia a la frustración y aceptan que están detenidos en el coche en lugar de adelantar mentalmente el tiempo hacia las consecuencias de llegar tarde.
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