¿Es posible sentirse feliz y, aun así, sentir que algo nos falta? El poeta Federico García Lorca abordó esta idea desde una perspectiva que daba importancia al deseo de superación, la búsqueda de nuevos conocimientos y el contacto con la belleza. Para el escritor español, mantener la ilusión por lo que todavía podemos descubrir también formaba parte de una vida con sentido, capaz de despertar nuevas inquietudes y ofrecer motivos para seguir avanzando.
En septiembre de 1931, García Lorca compartió esta visión durante la inauguración de una biblioteca en Fuente Vaqueros, su pueblo natal. Su discurso puso en relieve la relación entre la cultura, las oportunidades de aprendizaje y el bienestar de la sociedad, dejando una reflexión que continúa invitando a pensar en aquello que realmente enriquece nuestra existencia y nos ayuda a desarrollar una mirada más amplia sobre el mundo.
La felicidad también depende de las ganas de aprender y progresar
Para García Lorca, disfrutar de una vida satisfactoria no significaba conformarse con las condiciones existentes ni limitarse a cubrir las necesidades básicas. También era importante conservar el deseo de avanzar, adquirir conocimientos y encontrar nuevas razones para disfrutar del mundo.
Esta perspectiva quedó reflejada en su discurso de septiembre de 1931, cuando habló sobre las dificultades que había observado en diferentes pueblos españoles. El escritor señaló que la tristeza de sus habitantes no se explicaba únicamente por la falta de recursos, sino también por la escasez de oportunidades para aprender y mirar al futuro con esperanza.
“Yo he recorrido cientos y cientos de pueblecitos como éste, y he podido estudiar en ellos una melancolía que nace no solamente de la pobreza, sino también de la desesperanza y de la incultura”, expresó. Con estas palabras, destacó la importancia de combatir las desigualdades que limitan el desarrollo de las personas.
El bienestar necesita algo más que sentirse bien
La visión de Lorca guarda semejanzas con el modelo PERMA, desarrollado por el psicólogo Martin Seligman, referente de la psicología positiva. Esta propuesta reúne cinco componentes relacionados con el bienestar: las emociones agradables, la implicación en actividades, los vínculos personales, el sentido de la vida y los objetivos alcanzados.
Desde este planteamiento, la satisfacción no depende exclusivamente de experimentar alegría constantemente. También intervienen las relaciones que construimos, las actividades que nos motivan y la posibilidad de encontrar un propósito en aquello que hacemos.
Aunque las ideas de ambos corresponden a épocas y enfoques diferentes, coinciden en que una vida plena puede incluir el crecimiento personal y la búsqueda de objetivos significativos.
EL ARTE Y LA CULTURA COMO CAMINOS HACIA LA ALEGRÍA
Durante la inauguración de la biblioteca de Fuente Vaqueros, el poeta relacionó las aspiraciones de la población con el acceso a la cultura. “Aquí hay un anhelo de alegría o sea de progreso o sea de vida. Y por lo tanto afán artístico, amor a la belleza y a la cultura”, afirmó.
Para él, los libros, la poesía, la música y otras expresiones artísticas debían estar al alcance de todos, independientemente de sus posibilidades económicas. La biblioteca representaba una oportunidad para acercar el conocimiento a los vecinos y estimular su imaginación.
DEDICAR TIEMPO A LO QUE NOS INTERESA ENRIQUECE LA VIDA
El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi desarrolló el concepto de flow, conocido como estado de flujo, para explicar esa concentración profunda que puede experimentarse al realizar una actividad gratificante. Leer, escribir o aprender una habilidad son ejemplos de experiencias que pueden favorecerlo.
La reflexión de Lorca invita a mantener viva la curiosidad sin convertir el progreso en una obligación constante. Explorar una afición, descubrir nuevas ideas o disfrutar del arte son maneras sencillas de ampliar nuestros horizontes y evitar que la rutina apague nuestras aspiraciones, según informa The Objective.


