Los vecinos de Limoges, ciudad de 130.000 habitantes del centro de Francia, viven con desolación la destrucción de su Ayuntamiento anoche, tras el fuego originado por encapuchados durante las protestas masivas contra el encarecimiento del coste de la vida, que se sucedieron el sábado por todo el país.
“Es desolador, un espectáculo desgarrador, es muy triste, no tengo palabras”, expresó a EFE Laurent, con su hijo pequeño en brazos, mientras observa el emblemático edificio derrumbado parcialmente, que fue construido a finales del siglo XIX y que estaba clasificado como monumento histórico.
“Es vergonzoso, me estoy conteniendo para no llorar, no puedo explicarlo, la verdad; francamente, todos estamos igual, yo estoy destrozada”, contó por su parte Sandrine Flacard, vecina de Limoges.
Una marea de vecinos y curiosos se acerca sin cesar para observar la magnitud de los desperfectos mientras toman fotografías, vídeos e intercambian impresiones con sus acompañantes o con gente con la que hablan por teléfono. Algunos lloran y se abrazan entre ellos para consolarse.
Mientras, los bomberos y la Policía Municipal siguen trabajando sobre el terreno, aunque el incendio ya se extinguió. El edificio histórico se destruyó, mientras que el administrativo se pudo salvar, contó a EFE el alcalde de la ciudad, Guillaume Guérin.
Por el momento, la Fiscalía de Limoges informó de 17 detenciones, 7 de ellas de menores. Igualmente, se abrió una investigación por “destrucción de un bien mediante la violencia en banda organizada”.
Manifestantes encapuchados
La víspera, varios encapuchados aprovecharon la protesta contra el encarecimiento del coste de la vida que hubo en Limoges, que discurrió de forma pacífica en su mayoría, según medios locales, para acceder al interior del Ayuntamiento y prenderle fuego, en un momento en el que había trabajadores en su interior.
Las llamas fueron calcinando el edificio y el techo colapsó al cabo de varias horas, dejando una escena que recuerda al histórico incendio de la catedral de Notre Dame de París de 2019.
“Jamás vi algo igual y se pudo evitar”, denunció el conservador Guérin, quien criticó que el Gobierno francés, que ostenta las competencias en seguridad, no dimensionó correctamente el dispositivo policial para hacer frente a los violentos, a los que calificó de “ultraizquierda”.
“Lo que ocurrió ayer es inadmisible porque la Gendarmería luchó con mucha tenacidad, pero no contaba con los medios necesarios”, censuró.
El alcalde de Limoges no dudó sobre la voluntad de los violentos: “Había una intención manifiesta y premeditada: incendiar el Ayuntamiento. Las personas que se encontraban dentro temieron por sus vidas, se profirieron amenazas de muerte contra los funcionarios públicos”.
Con la emoción a flor de piel, el edil amenazó con dimitir el martes y convocar elecciones anticipadas en la ciudad si el Gobierno francés no promete una inyección económica suficiente para reconstruir el edificio en un plazo razonable, pues la localidad no dispone de fondos suficientes.
Además del incendio en Limoges, se produjeron ataques en otros Ayuntamientos, como los de Marsella (sur) o Lille (norte). Igualmente, hubo saqueos en miles de comercios, como tiendas de telefonía, de lujo o de ropa en todo el país.
Las protestas masivas de ayer por toda Francia reunieron a 800.000 personas, según los organizadores, y a 550.000 según el Gobierno, que infravaloró el alcance de las marchas en los días previos, asegurando que reunirían alrededor de 150.000 en todo el país.
El balance provisional de las marchas del sábado es de un muerto por parada cardiorrespiratoria en París, según informó la Prefectura (delegación del Gobierno), y de 2.000 detenidos, aunque se espera que esta última cifra aumente en los próximos días.


