Juan Ossio Acuña es uno de los intelectuales más relevantes que tiene Perú. El historiador y antropólogo acaba de publicar Etnografía de la cultura andina, un libro que analiza las dinámicas de convivencia de los antiguos peruanos, las cuales tenían una base común: el trabajo comunitario. Este es un libro muy especial para Ossio, ya que ha sido publicado por Ernst & Young, que ha hecho una edición de 1.000 ejemplares de lujo para ser obsequiados a quienes estén interesados (ergo: su venta está prohibida); además, EY ha puesto todo el contenido para ser descargado desde su web. Sobre esta publicación, La República conversó con Juan Ossio Acuña.
-Etnografía de la cultura andina es un trabajo ambicioso en el que reúne los materiales que ha ido estudiando durante más de 60 años.
-Mi interés por el mundo andino empezó cuando yo estaba todavía prácticamente en la cuna, pero fundamentalmente en la Universidad Católica. Cuando ingresé a la Universidad Católica, un poco obligado por mi padre para que siguiera Derecho. Tú sabes que, para seguir Derecho en la Universidad Católica, uno tiene que hacer sus años de letras. Entonces, yo hice mis dos primeros años de letras y en el primero me enseñó el doctor Onorio Ferrero, un gran maestro que había venido de Italia y que nos dictaba el curso de historia de la cultura. Quedé fascinado con las civilizaciones que nos describía, como la china, la India. Y yo pensaba esto es muy interesante, me encanta; y me sorprendí de que el doctor me pusiera la más alta nota y me pidiera que fuera su instructor de curso para los que entraban el año siguiente.
-¿Así entró de lleno al mundo andino?
-En el segundo año. Había un curso que dictaba Luis Millones sobre Comentarios reales de los Incas de Garcilaso de la Vega. Me inscribí en ese curso para entender un poco más la cultura local. Hasta ese momento estaba más familiarizado en términos comparativos con otras culturas, pero me faltaba lo que más me gustaba, lo que más me interesaba, lo que más me inquietaba propiamente, que era la cultura andina.
-¿Qué le interesaba de la cultura andina?
-Antes de entrar a la universidad, había pasado temporadas en un fundo que tenía mi padre; allí había una serie de empleados que habían venido de la sierra. Entonces, uno de estos empleados me alojó en su casa y yo me sorprendí de las creencias que tenían. Me contaban la historia de la higuera que tenía una bola de oro. Me contaban la historia de una calavera que estaba empotrada en la piedra y que la cuidaban muchísimo porque esa calavera silbaba cuando entraban posibles rateros. Pero la otra cosa interesantísima es que en esas épocas el huaqueo estaba más o menos tolerado. Entonces, como veían que estaba interesado en estas cosas, me pidieron un día que los acompañara a una excavación, ya que iban a hacer un huaqueo porque había una tremenda huaca allí. E hicimos la excavación en Chancay, en el cerro La Trinidad. Me quedé sorprendido de todo lo que se podía encontrar en estos cerros que habían sido yacimientos donde habían depositado sus muertos los antiguos de Chancay.
-¿Y para el tercer año, empezó a estudiar Derecho?
-Yo ya estaba enamorado de la cultura andina, estaba interesado en su historia. En Derecho me pegaba unas tremendas aburridas en las clases de los profesores. Había uno que dictaba a las nueve de la mañana. A las nueve de la mañana tú esperas que el profesor sea dinámico en las clases, que te pueda enseñar con entusiasmo, pero este era una persona muy calmada. Lo llamábamos el abominable hombre de las nueve. Le dije a mi padre que en Derecho me aburro tremendamente; hasta varios profesores me habían llamado la atención por estar leyendo libros de historia durante sus clases mientras aparentemente prestaba atención. Mi padre se molestó conmigo; me decía que Historia era una carrera para gente rica. Pero mi madre y unos amigos de mi padre terciaron y le dijeron que me dejara estudiar lo que me gustaba. Además, los estudios de historia habían mejorado porque habían llegado dos profesores norteamericanos, Tom Zuidema y John Murra, que habían revolucionado los estudios de antropología, y empecé a inquietarme por esta nueva visión que daban, como la función de la reciprocidad, el parentesco, el tipo de matrimonio que tenían estas sociedades. Pero en la Católica no había estudios de las sociedades prehispánicas, pero en la Universidad de San Marcos sí había estudios de las comunidades campesinas. Opté por Historia en la Católica; en San Marcos, José María Arguedas, Jorge Muelle y otros más me guiaron para seguir la carrera de Antropología.
Juan Ossio Acuña: "Estoy en un momento en el que quiero divulgar todos mis conocimientos, y lo estoy haciendo en libros como este. He dejado las clases y estoy dedicado a trabajar en todos los materiales que he investigado a lo largo de mi vida". Foto: Carlos Félix.-¿Y tu padre cambió de opinión?
-Mi padre se había dado cuenta de que mi vocación era la antropología y la historia.
-Entonces, ese conflicto se arregló.
-Sí, pero tampoco estaba plenamente satisfecho porque la antropología que me enseñaban en San Marcos era una antropología no de culturas extrañas, sino con cosas que tenían que ver con la modernidad, con el cambio, con la homogeneización de la sociedad. Lo que yo quería era ingresar más al mundo de las tradiciones, del parentesco; quería saber más sobre la religión prehispánica. Quería saber mucho más acerca de cuáles eran los mitos, el significado de los mitos. Estas cosas me las enseñaba José María Arguedas.
-A lo largo de Etnografía de la cultura andina vemos una línea recurrente: los antiguos peruanos eran muy comunitarios.
-Por supuesto. En los Andes, las relaciones sociales más importantes son las relaciones sociales de parentesco. Y en las relaciones de parentesco, lo que más funciona son las relaciones de reciprocidad. Tienen el término ayni, que es: yo te hago un favor, tú me haces otro favor. Y el otro término es la minca. En la minca, por ejemplo, tú tenías que organizar fiestas para poder llevarte bien con la comunidad; si no colaborabas con la comunidad con las fiestas, entonces te consideraban un paria, un hombre pobre. Por eso el pobre y el huérfano tenían el mismo término equivalente, wakcha. Nadie quería ser wakcha.
-Pero para que todo esto se dé, debía haber diálogo.
-Uno de mis primeros trabajos de antropólogo fue asesorar empresas mineras. Las mineras me llamaban y contrataba muchachos que estaban estudiando antropología. El problema con las empresas mineras es que no sabían comunicarse con las comunidades campesinas y les hacían huelgas. Por ejemplo, me llamaron de Yanacocha, la minera de los Benavides. Les habían paralizado el trabajo; no podían circular por la carretera. Me preguntaron si era posible hacer las paces con la comunidad; les dije: "Vamos a intentarlo". Había un campesino que estaba casado con una alumna mía, y ella me presentó a los líderes de la comunidad. Les dije que lo que habían desarrollado como argumento contra la empresa minera no era verdad. Ellos acusaban a la empresa minera de envenenar las aguas utilizando ácidos que ponían en peligro todas sus cosechas, las crianzas de animales. Les dije que buscaran un técnico para que determine si era cierto o no. Al final, fumaron la pipa de la paz.
-¿El Perú de hoy necesita mirar atrás para enfrentar sus problemas actuales, como la polarización?
-Yo fui el primer ministro de Cultura. Un lema que puse en mi gestión fue: la unidad en la diversidad. Debemos reconocer que somos un país diverso, que no todos los pueblos tienen las mismas costumbres; todos tienen distintas formas de comportamiento, pero además de tener distintas costumbres, hay la necesidad de que el que tiene distintas costumbres aprenda también, si quiere sobrevivir en el mundo moderno, de las técnicas que trae la modernidad.
"Etnografía de la cultura andina" (EY/Edición no venal). Imagen: Difusión.-Pienso en el capítulo sobre Juan Bustamante Dueñas.
-Juan Bustamante Dueñas se dio cuenta de que la única manera en que los campesinos podían salir adelante era con educación. Yo he sido del Consejo Nacional de Educación y yo era el antropólogo del grupo. Yo les decía: lo que falta es poderles dar una educación que sea bilingüe y bicultural, porque si ustedes van a mandar a profesores que no saben hablar la lengua nativa y les quieren introducir al mundo del castellano, tienen que saber comunicarse con ellos. Qué ganan mandando a un profesor que no sabe comunicarse y que no sabe las costumbres de ellos. Por eso es importantísima la educación, pero la educación que se llama bilingüe, bicultural.
-En el libro también escribes sobre Sendero Luminoso.
-Sendero Luminoso realmente creó una situación que no se la esperaba el país entero. Es decir, mataron a la gente, incluso a los que eran de su misma corriente, que estaban luchando por mejorar la situación, pero en realidad los estuvieron destruyendo y obligaron prácticamente a los campesinos a enfrentarse con esta situación que se vivió con Sendero Luminoso. Fue terrible y doloroso. Pienso en los periodistas que murieron en Uchuraccay. Mario Vargas Llosa, Max Hernández, gente de primera y yo hicimos un informe basado en los testimonios de los campesinos. Nadie quería creer en el informe; había un deseo en echarle la culpa a los campesinos, lo que llevó a un juez en Ayacucho a meter presos a unos cuantos campesinos. Uno de ellos murió y yo escribí un artículo quejándome de cómo es posible que haya muerto un campesino porque él no sabía que a quienes habían matado eran periodistas; ellos estaban luchando contra los yanahumas, que eran los que los estaban matando.
-Para ti, ¿la matanza de periodistas en Uchuracay es un caso cerrado?
-El caso de Uchuraccay no ha quedado cerrado. Es un caso latente. Lo vemos ahora en todos esos grupos que no se han arrepentido de toda esa etapa.
-¿Debería volver a analizarse?
-Yo creo que ya no necesitamos hacer eso, porque las evidencias fueron muy bien analizadas por la Comisión de la Verdad, por Salomón Lerner y el grupo que se creó, que es Comisión de la Verdad; lo otro era la Comisión sobre Uchuraccay y la muerte de los periodistas.
-¿Qué opinas de lo que está pasando con el LUM?
-El LUM se creó acá en mi casa junto con Vargas Llosa y Alan García. La indignación que causa esta situación a mí me enerva realmente. Ahora lo están atacando y reduciendo. Al LUM lo están desmenuzando. Las cosas que tenía de Uchuraccay, todo lo que habíamos logrado colocar allí como fuentes de información muy duras, las han querido sacar porque decían que algunos se quejaban de que dejaban mal a los militares. Bueno, los militares no supieron, pues ese es el problema. Su orientación homogeneizadora les impidió establecer puentes con los campesinos hasta que aparecieron las rondas campesinas. Cuando aparecieron las rondas campesinas, ahí ya hubo más afinidad.
-¿En qué momento de tu vida estás?
-Estoy en un momento en el que quiero divulgar todos mis conocimientos, y lo estoy haciendo en libros como este. He dejado las clases y estoy dedicado a trabajar en todos los materiales que he investigado a lo largo de mi vida.
-Políticamente, ¿en qué lado te ubicas?
-Yo te diría que soy un liberal; estoy más en el centro, en el sentido común. Me identifico con Juan Bustamante Dueñas. Pocos han hablado de él; él es mi ejemplo, mi modelo. Estoy absolutamente absorto con este personaje. Debería haber una película sobre él. Pero no existe un monumento, no existe nada sobre Juan Bustamante Dueñas, que fue verdaderamente un hombre que quiso apaciguar y resulta que terminó muerto por Andrés Recharte. Fue una cosa espantosa lo que hicieron con él.
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Dato:
Publicación. Para descargar Etnografía de la cultura andina, entrar aquí.


