El Perú envió 71 variedades agrícolas de alto valor genético a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, ubicada en Noruega, dentro del círculo polar ártico. La entrega estuvo a cargo del Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA), entidad adscrita al Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), como parte de las acciones para conservar la diversidad genética de los cultivos nacionales.
El envío reúne semillas de quinua, kiwicha, ají y tomate que se encontraban resguardadas en bancos de germoplasma del INIA en Puno, Cajamarca y Huaral. Esta entrega se realizó en el marco del acuerdo de cooperación entre el instituto peruano y el Ministerio de Agricultura y Alimentación de Noruega, orientado a proteger especies agrícolas relevantes para la alimentación y la investigación a largo plazo.
Quinua, kiwicha y ají: los cultivos peruanos que se conservarán bajo el hielo del Ártico
De las 71 variedades enviadas, 20 corresponden a quinua, 46 a kiwicha, cuatro a ají y una a tomate. La selección incluye recursos genéticos que destacan por su valor alimentario y por sus características útiles para el desarrollo de nuevas variedades agrícolas.
El material fue preparado por la Dirección de Recursos Genéticos y Biotecnología del INIA. Entre los criterios considerados figuran las posibilidades de mejorar los cultivos, su resistencia frente a plagas y enfermedades y su capacidad para adaptarse a condiciones climáticas adversas. Estas características pueden servir como base para investigaciones destinadas a fortalecer la producción agrícola.
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Cómo funciona la bóveda de semillas de Svalbard y qué protege
La Bóveda Global de Semillas de Svalbard se encuentra dentro de una montaña en el Ártico noruego, a más de 130 metros de profundidad. Sus condiciones de almacenamiento están diseñadas para conservar las semillas durante periodos prolongados y mantenerlas disponibles para futuras necesidades.
El resguardo de estos recursos busca reducir el riesgo de perder variedades agrícolas frente a amenazas como el cambio climático, los desastres naturales y otros eventos que puedan comprometer su conservación. Mantener las semillas almacenadas permite contar con material genético para estudios científicos y programas de desarrollo de cultivos.


