¿Por qué hay ministros y simpatizantes del Gobierno que, para refutar las críticas al Gobierno por lo hecho o dejado de hacer en estos primeros 100 días, optan por comparar a este Gobierno con el de Pedro Castillo? ¿Por qué elegir la valla más baja, la más deplorable, para tratar de decir que algo se ha hecho por el país? ¿Nos están queriendo decir que debemos contentarnos con una administración que solo sea mejor que la de Pedro Castillo?
Estamos seguros de que cualquier presidente con alta autoestima y que quiera hacer un buen Gobierno y dejar huella rechazaría ser comparado con Pedro Castillo. En todo caso, ¿por qué no toman como referencia el Gobierno de Dina Boluarte, por ejemplo, que es más reciente y duró un poco más?
Lo que hizo Pedro Castillo no fue gobernar; fue deteriorar el Estado y la administración pública, y aprovecharse de ellos. Y si no los destruyó, fue porque él mismo optó por dinamitar su mandato con un golpe de Estado frustrado que nos libró de una de las más amargas experiencias de las últimas décadas. La gran mayoría de sus ministros no merece ni siquiera ser recordada, por lo que debe resultar ofensivo para los ministros de otros gabinetes que los comparen siquiera con cualquiera de ellos.
Es curioso, pero, de tanto mencionar a Pedro Castillo, lo único que hacen es tenerlo siempre presente, y hacer que se piense constantemente en la posibilidad de sacarlo de la cárcel, como ahora se pretende en el Congreso.
El hito de los 100 días ofrece la oportunidad de realizar un análisis crítico y evaluar tanto los aciertos, cuando los hay, como las debilidades. Y no ocurre solo con este Gobierno. Desde hace algún tiempo, y no solo en el Perú, la fecha de los 100 días es emblemática. Los mismos candidatos ofrecen en campaña cambiar las cosas en los primeros 30, 60 o 100 días. Y el mismo Gobierno anunció su balance de los 100 días.
Las críticas de muchas personas y “opinólogos” coinciden con lo que la población siente, percibe, y expresa en las encuestas, e incluso se podría decir que los encuestados son más duros que los críticos. Por ejemplo, solo el 1% de los encuestados cree que el trabajo del Gobierno en la salud pública y en los hospitales es un acierto, y esto a pesar de la tremenda campaña mediática del ministro de Salud. Solo el 2% cree que es un acierto lo que hasta ahora ha hecho el Gobierno en seguridad ciudadana y contra la delincuencia, a pesar de todo lo que el Ejecutivo ha tratado de mostrar (comando unificado, operativos, comisiones multisectoriales, mensajes militarizados, etc.).
Es más, cuando se pregunta a la gente cuál es el principal error del Gobierno, el 21% dice que no ha hecho nada hasta ahora; el 17%, que se eligieron ministros que no cumplen bien su labor; el 13%, que fue esperar las facultades solicitadas al Congreso; y el 10%, que es la falta de firmeza contra la delincuencia.
Si la posición de los “opinólogos” y la percepción de la población coinciden, es porque hay algo que todos ven o perciben. Y eso debería ser un insumo para que el Ejecutivo haga un análisis y una autocrítica que le van a beneficiar. No es descalificando las opiniones y las encuestas, ni tratando de comparar a Keiko Fujimori con Pedro Castillo, o aludiendo a lo que pudo haber pasado si Roberto Sánchez hubiera ganado, como van a cambiar las críticas y las percepciones.
Lo que debe hacer el Gobierno es corregir lo malo y los errores, y persistir en lo bueno. Cien días son muy poco tiempo para dar solución a los problemas graves que tiene el país. Pero es bastante tiempo para tener políticas y planes de acción que empiecen a resolver esos problemas.
¿Para derribar las torres de telecomunicaciones que dan señal a los penales se necesitan 100 días, se necesitan facultades delegadas, se necesitan grandes ceremonias o tremendos operativos? Todo el Perú sabía desde hace años que los reclusos tenían acceso a Internet y a llamadas telefónicas por celulares. ¿Por qué demorarse tanto en decidirlo y tomar acción?
Lo mismo pasa con la venta ambulatoria de los “chips”, y hasta ahora no se resuelve. Ambas cosas son parte de lo que debería ser un plan integral, que hasta ahora no lo vemos. Solo vemos las reacciones y lo que parece la improvisación.
Los resultados electorales en los Estados Unidos también enfrentan al Gobierno con la realidad, y muestran que la política exterior no ha sido llevada con acierto. Solo se pensó en el corto plazo y ahora quedamos como país, y queda el Canciller, sobre todo, descolocados. ¿Acaso no se advirtió esto desde hace algún tiempo? ¿Acaso no se le dijo al Canciller en todos los tonos? Los resultados en USA y Brasil, y lo que ocurre ahora en Paraguay abre un nuevo escenario, y las críticas deben ser bienvenidas para enfrentarlo. Insistir en el error sería necio.
Claro que puede haber cosas buenas que se han hecho, pero cuando las que se perciben como errores o vacíos superan a las buenas, entonces hay que reconocer que algo está fallando y que algo no se está haciendo bien. Y no creemos que sea solo un tema de comunicación, porque es justamente por querer dejarlo todo a la comunicación, que la aprobación y la percepción sobre la gestión de la presidenta está como está.
No es levantando el fantasma de Pedro Castillo que se van a superar las críticas. Es gestionando y gobernando, pero haciendo las cosas bien. Y así nos olvidaremos de Pedro Castillo… y de Roberto Sánchez.
Enrique Castillo es periodista.


