El Gobierno ha hecho, y sigue haciendo, de las facultades legislativas su principal motor y motivo. No hay día u ocasión en la que la presidenta, el primer ministro o cualquiera de los miembros del Gabinete no critique o le exija al Congreso que les dé todo lo que han pedido, porque, de lo contrario, no tienen, según ellos, instrumentos o condiciones para gobernar.
Y quizás sea lo que realmente piensan y quieren, aunque, para muchos especialistas en diversos sectores, el Gobierno no necesita incluir tantos temas en la delegación de facultades para gobernar. Pero lo cierto es que ni la presidenta ni el Ejecutivo, ni las bancadas fujimoristas en el Congreso han hecho su tarea ni se han preparado adecuadamente con una estrategia bien elaborada y coordinada como para sacarle el mayor provecho a este enfrentamiento en el Parlamento.
Y la mejor prueba de esto es que ni siquiera han podido convencer a la bancada que se supone que era su socia política ni tenerla de su lado. Las bancadas de Renovación Popular, que son obviamente de derecha y a las que no se les puede tachar de obstruccionistas, tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados, siempre manifestaron su desacuerdo con la cantidad de temas que incluyó el Ejecutivo en su solicitud.
Los diputados de Renovación Popular no han votado, en ninguna de las ocasiones referidas a este tema, con el fujimorismo. Es más, los artífices del dictamen que finalmente fue aprobado en la Cámara de Diputados con los 20 puntos fueron representantes de Renovación Popular.
A partir de hoy, en la discusión en el Senado, serán justamente los senadores de Renovación Popular los que podrán definir y dar por concluido el debate sobre si los senadores pueden incorporar al dictamen de la Cámara de Diputados los temas que han sido rechazados en las votaciones de estos últimos días. Pueden mantener la línea de sus diputados o corregirla, pero, en cualquier caso, serán los que inclinen la balanza.
No sabemos cuál fue el plan del Ejecutivo desde el comienzo de la discusión de este asunto, pero lo que queda claro es que lo que se ha percibido es un comportamiento errático y zigzagueante. Primero, diciendo que las facultades eran para luchar contra la inseguridad y El Niño, para luego decir que eran para aplicar su plan de gobierno. Unas veces exigiendo, otras veces amenazando con perder la paciencia y otras preguntando, como ayer, si seremos capaces de bajar nuestras banderas partidarias para levantar la bandera blanca de la paz.
Lo mismo ocurrió la noche del martes, cuando el fujimorismo ya no sabía si pelear por su dictamen en minoría con 50 puntos, por el de 20 puntos más 9 adicionales o terminar apoyando el de la Comisión de Constitución de 20 puntos para evitar quedarse sin nada. Un caos que hace que uno se pregunte si existe un liderazgo en estas negociaciones o una coordinación relativamente fluida entre la PCM y las bancadas. Por momentos parece que trabajan como compartimentos estancos o como grupos con intereses propios.
Es más, ahora, luego de escuchar a la presidenta ayer diciéndole al país que la espera terminó y que ahora va a enfrentar al crimen con toda la fuerza legítima del Estado, caben varias preguntas: ¿por qué la espera?; ¿por qué estuvieron esperando casi tres meses para actuar mientras la delincuencia seguía avanzando y cobrando vidas, si lo que la población le exigía era precisamente que actuara?; ¿por qué recién ahora actúan, sin facultades legislativas todavía, y anuncian un comando unificado de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional del Perú, cuando eso se pudo haber anunciado el primer día de Gobierno?
Este anuncio del comando unificado les da la razón a quienes señalaban que no era necesario tener las facultades para actuar contra la delincuencia. Solo era necesario decidir y hacerlo. Y lo mismo puede ocurrir con una reestructuración de la PNP y el INPE, o con presionar y poner contra la pared a las empresas de telefonía para cortar las comunicaciones en los alrededores de los penales o en el tema de la venta de los famosos chips. Las facultades no deben ser, para el Gobierno, la diferencia entre poder actuar y quedar inmovilizado.
Todos deseamos que este comando unificado tenga éxito y pueda, realmente, hacer retroceder a la delincuencia en coordinación con todos los involucrados en esta lucha. Esperamos que no sea una reacción apresurada del Ejecutivo frente a la derrota política en la Cámara de Diputados. Lo mismo debe ocurrir con los trabajos destinados a evitar o minimizar el impacto del fenómeno de El Niño. El Gobierno sí puede actuar. Así se ha hecho siempre frente a terremotos y fenómenos similares en otras épocas, sin necesidad de facultades extraordinarias para esos casos. Todo esto debe ser una lección aprendida para el Gobierno. Siempre se ha señalado que desde el Gobierno hay que hacer política y gestión gubernamental, pero parece que varios miembros del Ejecutivo prefieren el marketing, TikTok o el protagonismo mediático. Sería bueno recordar que el listo hace al comienzo lo que el lento termina haciendo al final.
Enrique Castillo es periodista.


