Luiz Inácio Lula da Silva llegó al balotaje con una desventaja de 2,2 millones de votos y terminó ganando por una diferencia de 4,4 millones. El presidente obtuvo el 51,79% de los sufragios válidos, equivalentes a 64.241.786 votos, frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro, que reunió 59.818.887 papeletas, según el Tribunal Superior Electoral (TSE). La victoria convirtió a Lula en el primer candidato presidencial brasileño que logró revertir una derrota en la primera vuelta desde el fin de la dictadura, en 1985.
El resultado no estaba pronosticado. El 4 de octubre, Bolsonaro había encabezado la primera votación con el 47,03%, frente al 45,16% de Lula. La derecha también había salido fortalecida de las legislativas: el Partido Liberal obtuvo 121 de los 513 escaños de la Cámara de Diputados y 28 de los 81 del Senado. Dos semanas antes del balotaje, una encuesta de Datafolha todavía situaba al presidente cuatro puntos por delante. Para cambiar ese escenario, la campaña de Lula necesitaba ampliar su base electoral y movilizar a quienes no habían acudido a votar o aún no habían definido su posición.
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WhatsApp, economía y debate
La primera transformación ocurrió en las calles y las redes sociales. Tras la primera vuelta, los partidarios de Lula multiplicaron los actos públicos en las principales ciudades brasileñas, mientras una movilización juvenil contribuyó a recuperar el entusiasmo de la campaña. El politólogo Antonio Lavareda identificó para la BBC ese cambio como un factor decisivo: "Lo fundamental para dar ánimo, entusiasmo a la campaña y chances de victoria (para Lula) fue la reacción en las calles y las redes" sociales.
En el frente digital, el diputado André Janones coordinó una estrategia de difusión a través del canal de WhatsApp Ejército de Lula, creado en abril. La plataforma pasó de unos 50.000 seguidores después de la primera vuelta a cerca de 10 millones antes del balotaje. Janones distribuía contenidos de apoyo al presidente y críticas a su rival, además de asignar tareas a los simpatizantes para amplificar los mensajes y disputar la conversación política en internet.
Entre ambas vueltas, Lula superó a Bolsonaro en el índice de popularidad digital de la encuestadora Quaest. En su primer discurso tras la victoria, el presidente agradeció a Janones por su papel para "levantar diariamente, por la mañana, por la tarde y por la noche, la moral de nuestras tropas".
La movilización también se tradujo en participación electoral. En la segunda vuelta votaron unos tres millones de brasileños más que en la primera, mientras la abstención descendió del 21% al 19,2%. Lula incorporó 10.376.694 votos a su resultado inicial; Bolsonaro sumó 3.721.538. La diferencia entre ambos creció así de 2,2 millones de sufragios a favor del presidente a una ventaja de 4,4 millones para el mandatario. La participación adicional, junto con el desplazamiento de preferencias entre los votantes, contribuyó a modificar el resultado nacional.
Otro componente fueron las medidas económicas adoptadas antes de la votación. El Gobierno anunció un aumento del 15,04% de la Bolsa Familia, programa de transferencias monetarias que alcanzaba a unos 19,3 millones de familias, y adelantó pagos. También amplió iniciativas de alivio para los hogares endeudados y subsidios a los combustibles. En octubre se aprobó una reforma constitucional para reducir gradualmente la semana laboral de 44 a 40 horas sin recorte salarial, una medida que Lula utilizó para cuestionar la oposición del presidente.
Sin embargo, estas decisiones se produjeron en un contexto de déficit fiscal elevado y deuda pública superior al 80% del producto interno bruto, lo que generó preocupación entre empresarios y economistas independientes por su posible uso electoral.
Los debates televisivos ofrecieron otro escenario para disputar votos. En el encuentro transmitido por TV Globo, el viernes previo a la elección, Bolsonaro aludió a los nueve dedos de Lula, quien perdió el meñique de la mano izquierda en un accidente laboral a los 17 años. El presidente respondió: "Dijo una gran barbaridad y no me la voy a llevar a casa. Me llamó 'nueve dedos'. Si hay alguien aquí que sabe lo que es el mundo del trabajo, soy yo. Si hay alguien que perdió un dedo a los 17 años, fui yo". Después, exigió una disculpa, que su rival ofreció. Este episodio, aparte de mostrar a un Bolsonaro reprendido, habría servido como conexión entre Lula y el votante obrero que pudo haber perdido en la primera vuelta y que buscaba reconvencer.
Un cambio gráfico
De acuerdo con las estadísticas presentadas por la BBC, la geografía electoral terminó de consolidar la remontada. Minas Gerais, el segundo mayor colegio electoral del país, pasó de dar la victoria a Bolsonaro en la primera vuelta, con el 48,24% frente al 43,33% de Lula, a favorecer al presidente en el balotaje, con el 50,43% frente al 49,57%. Lula también redujo su desventaja en São Paulo y Río de Janeiro, aunque no logró imponerse en esos estados, y amplió su ventaja en los nueve estados del nordeste, donde sumó 2,95 millones de votos adicionales.
En Bahía, su votación pasó de 5.664.771 a 6.484.995 sufragios. En total, el presidente aumentó su porcentaje de votos válidos en los 26 estados y en el Distrito Federal, y pasó de perder a ganar en 211 municipios entre las dos vueltas.
La campaña, además, articuló el rechazo al bolsonarismocon la defensa de la gestión de Lula. Esa estrategia contribuyó a reunir a sectores de izquierda, centro y parte de la derecha moderada alrededor del presidente, pese al desgaste de su administración.
La movilización culminó el sábado previo a la votación con un acto multitudinario en São Paulo. "Lo que vi el último sábado en la avenida Paulista es algo que no creo, no solo por la cantidad de gente, sino por el entusiasmo", enfatizó al respecto el propio Lula tras los resultados que lo convirtieron en presidente por cuarta vez y en el bastión más importante de la izquierda en América Latina.


