La obesidad continúa rodeada de prejuicios que pueden dificultar la búsqueda de ayuda médica y generar sentimientos de culpa en quienes viven con esta enfermedad. Durante el Foro Latinoamericano VALUE Exp, realizado en Panamá, el médico cirujano y sexólogo colombiano Fernando Rosero explicó por qué algunas de las ideas más extendidas sobre el sobrepeso no reflejan toda la evidencia científica. A partir de su experiencia profesional y personal, el especialista cuestionó cinco mitos y destacó que el tratamiento necesita estrategias sostenibles, acompañamiento y una evaluación que vaya más allá de la balanza.
1. ¿El índice de masa corporal determina si una persona está sana?
El primer mito cuestionado por Rosero es que el índice de masa corporal (IMC) permite conocer por sí solo el estado de salud de una persona. Esta medida relaciona el peso con la estatura y resulta útil como herramienta de evaluación inicial, pero no distingue entre grasa corporal y masa muscular ni permite identificar dónde se acumula la grasa. Por ello, el médico planteó que el análisis debe complementarse con otros indicadores, como la circunferencia de cintura y la composición corporal.
2. ¿La obesidad es consecuencia de la falta de voluntad?
El especialista rechazó la idea de que las personas con obesidad simplemente carecen de disciplina para controlar su alimentación. Según explicó, la genética, los factores biológicos, el ambiente y los hábitos pueden influir en la regulación del apetito y el peso. La Organización Mundial de la Salud también reconoce que esta enfermedad surge de una interacción compleja entre determinantes sociales, ambientales, conductuales y biológicos, por lo que responsabilizar únicamente al individuo simplifica un problema de salud mucho más amplio.
Rosero también abordó el concepto conocido como food noise, utilizado para describir pensamientos persistentes relacionados con la comida, como pensar constantemente en qué comer o sentir deseos de volver a hacerlo poco después de una comida. El médico señaló que estos impulsos pueden resultar difíciles de manejar y que combatirlos únicamente con fuerza de voluntad no siempre funciona. Esto no significa que los hábitos no importen, sino que el tratamiento debe considerar también los mecanismos biológicos y psicológicos que intervienen en la conducta alimentaria.
3. ¿Recuperar los kilos perdidos significa fracasar?
Uno de los mensajes centrales del médico fue que recuperar parte del peso después de adelgazar no debe interpretarse automáticamente como un fracaso personal. La obesidad es una enfermedad crónica y mantener los resultados puede requerir seguimiento y ajustes a lo largo del tiempo. Rosero sostuvo que, en muchos casos, el problema no está en la falta de esfuerzo, sino en que todavía hacen falta herramientas y estrategias para sostener la pérdida de peso.
4. ¿Los medicamentos para bajar de peso son solamente una solución estética?
El especialista cuestionó que los tratamientos farmacológicos se consideren exclusivamente una herramienta para mejorar la apariencia física. Cuando están indicados por profesionales, pueden formar parte de un abordaje médico de la obesidad y contribuir a mejorar determinados factores de riesgo asociados. La OMS incluye el tratamiento farmacológico entre las opciones que pueden evaluarse dentro de una atención integral, junto con intervenciones nutricionales, conductuales, psicológicas y, cuando corresponda, procedimientos especializados.
5. ¿Perder solo el 5% del peso corporal no sirve?
Rosero también cuestionó la creencia de que una reducción moderada del peso no produce cambios importantes. Según explicó, perder una proporción relativamente pequeña del peso inicial puede generar beneficios metabólicos, como mejoras en algunos indicadores de presión arterial, glucosa y triglicéridos. La magnitud de estos resultados depende de cada persona y de su situación clínica, pero el especialista destacó que los avances no deben medirse únicamente por la cifra final que muestra la balanza.
La obesidad requiere un tratamiento integral y seguimiento médico
La Organización Mundial de la Salud estima que en 2024 alrededor de 1.100 millones de personas vivían con obesidad en el mundo. La entidad advierte que esta condición aumenta el riesgo de enfermedades como diabetes tipo 2, problemas cardiovasculares y determinados tipos de cáncer. También señala que la prevención y el tratamiento deben considerar el acceso a alimentos saludables, la actividad física, el descanso y las condiciones sociales que influyen en las decisiones cotidianas.
En Perú, el Ministerio de Salud recomienda acudir a los establecimientos sanitarios para recibir orientación sobre el sobrepeso y la obesidad. La evaluación profesional permite identificar factores de riesgo y establecer un plan de atención adecuado a cada caso, sin recurrir a dietas extremas ni tratamientos por cuenta propia. El mensaje del especialista apunta a cambiar la mirada sobre esta enfermedad: la voluntad puede formar parte del proceso, pero no explica por sí sola la obesidad ni garantiza mantener los resultados.


