El tiempo parece haberse convertido en una frontera cada vez más difusa para la maternidad. A los 52 años, cuando muchas mujeres ya atraviesan la menopausia, la actriz Hilary Swank se prepara para recibir a su tercer hijo.
La protagonista de Million Dollar Baby, que se convirtió en madre de mellizos a los 48, volvió a sorprender al mundo con una publicación en redes sociales en la que presumía su embarazo y anunciaba, con un guiño a su carrera cinematográfica: “Muchas personas me han preguntado cuál será mi próximo proyecto; este se estrena en diciembre”. Sin embargo, la noticia no solo despertó felicitaciones, sino también críticas por su edad, reavivando un debate que trasciende Hollywood.
En una época en la que los proyectos profesionales, la estabilidad económica y las decisiones personales llevan a muchas mujeres a postergar la maternidad, historias como la suya parecen desafiar los límites del reloj biológico. Pero ¿hasta dónde puede llegar realmente la ciencia?
Aunque la reproducción asistida ha abierto posibilidades antes impensables, el envejecimiento reproductivo sigue siendo una realidad que la tecnología no puede borrar por completo. Para quienes hoy tienen 30 o 40 años y todavía no contemplan la maternidad, este panorama abre una reflexión inevitable sobre las opciones disponibles si deciden dar ese paso más adelante.
¿Qué ocurre con la fertilidad a los 50 años?
Llegar a los 40 o 50 años sintiéndose plena y saludable no significa que la capacidad reproductiva se conserve intacta. A diferencia de otros aspectos de la salud, la fertilidad femenina está condicionada por el envejecimiento de los ovarios y la disminución progresiva de la cantidad y calidad de los óvulos, un proceso que se acentúa a partir de los 35 años.
Durante los primeros años de la treintena, la probabilidad de conseguir un embarazo natural puede rondar el 25 % por ciclo menstrual, mientras que hacia los 40 desciende aproximadamente al 10 %, detalló Salena Zonotti, especialista en obstetricia y ginecología de Cleveland Clinic a Somos.
El panorama se vuelve aún más complejo conforme avanza la edad. De acuerdo con Rosario Calle, docente de la carrera de Obstetricia de la Universidad Científica del Sur, “después de los 40 el descenso es más marcado: la probabilidad de un embarazo espontáneo en cada ciclo suele estar por debajo del 5 %. Pasados los 45, las posibilidades son muy bajas, y a los 50 un embarazo natural es algo realmente excepcional, aunque no imposible si la mujer todavía ovula”.
Sin embargo, continuar menstruando no significa necesariamente conservar una buena capacidad reproductiva. “Hay mujeres que menstrúan con total normalidad y tienen una fertilidad muy reducida”, señaló Calle.
Para comprenderlo, es importante distinguir entre la reserva ovárica, es decir, la cantidad de óvulos disponibles, y la calidad ovocitaria, la cual está relacionada con la posibilidad de fecundarse y dar lugar a un embrión viable.
Incluso durante la perimenopausia, cuando los ciclos comienzan a volverse irregulares, todavía pueden producirse ovulaciones y embarazos naturales. En cambio, una vez establecida la menopausia, tras doce meses consecutivos sin menstruación debido al cese de la función ovárica, ya no ocurren ovulaciones espontáneas.
Entonces, ¿cómo se explican embarazos como el de Hilary Swank? Mario Ascenzo, ginecólogo especialista en fertilidad de Inmater y participante del próximo congreso CIRA, refirió que algunas mujeres recurren a óvulos que congelaron años antes o a óvulos donados por mujeres más jóvenes. Esta distinción resulta fundamental, ya que la edad de quien lleva el embarazo no siempre coincide con la edad biológica de los óvulos utilizados al momento de la concepción.
¿Cómo lo hace posible la tecnología?
Aunque la menopausia marca el final de la fertilidad natural, no necesariamente impide llevar adelante una gestación. El útero puede conservar la capacidad de recibir y albergar un embrión si se prepara adecuadamente. Como explicó la doctora Rosario Calle, esto se consigue mediante la administración de estrógenos y progesterona, que acondicionan el endometrio—la capa interna del útero—y proporcionan soporte hormonal durante las primeras semanas del embarazo.
No obstante, las alternativas de reproducción asistida presentan tasas de efectividad muy distintas. María Katarina Barreto, especialista en ginecología y obstetricia de SANNA Centro Clínico San Miguel, mencionó que la fecundación in vitro (FIV) con óvulos propios en determinadas pacientes de entre 40 y 43 años presenta tasas de éxito entre el 13 % y el 16 %. En cambio, la ovodonación puede superar el 50 %–60 % y constituye una alternativa frecuente después de los 45 o 50 años.
Asimismo, es posible recurrir a la transferencia de embriones propios congelados previamente o a embriones donados, opciones con tasas de éxito cercanas al 41,8 % y al 31,1 %, respectivamente.
La clave de estas diferencias radica en la edad del óvulo. Por ello, se recomienda considerar la vitrificación antes de los 35 años, cuando existe una mayor cantidad y calidad ovocitaria, ya que pasados los 38 o 40 años, suele ser necesario realizar varios ciclos de estimulación para reunir un número suficiente de óvulos.
Sin embargo, “la vitrificación conserva los óvulos tal como estaban el día en que se extrajeron, pero no todos sobreviven a la descongelación, no todos se fecundan y no todos llegan a convertirse en un embrión viable. Preservar la fertilidad significa conservar posibilidades, no garantizar una futura maternidad”, advirtió Calle.
El envejecimiento de los óvulos también incrementa el riesgo de alteraciones en el número de cromosomas de los embriones, conocidas como aneuploidías, que pueden ocasionar fallas de implantación, abortos espontáneos o condiciones como el síndrome de Down. Aunque el test genético preimplantacional (PGT-A) permite analizar algunas células embrionarias antes de la transferencia, no corrige estas alteraciones ni garantiza el nacimiento de un bebé sano. Su utilidad depende de cada caso y tampoco reemplaza los controles prenatales.
Por otro lado, el paso del tiempo tampoco perdona a los hombres. Gloria Picoy, especialista en ginecología y obstetricia de la Clínica Stella Maris, indicó que la edad paterna avanzada puede afectar la calidad del semen e incrementar la fragmentación del ADN espermático, asociada con ciertos riesgos genéticos en la descendencia.
Aun así, el doctor Ascenzo precisó que los hombres continúan produciendo millones de espermatozoides y, mediante técnicas de alta complejidad como la microinyección espermática (ICSI), conservan por más tiempo la posibilidad biológica de ser padres.
Sin embargo, pese a estos avances, persisten límites que la ciencia no ha conseguido superar. “Hay algo que la tecnología todavía no puede hacer: rejuvenecer los óvulos de una mujer ni recuperar una reserva ovárica que ya se agotó”, enfatizó Rosario Calle.
Los riesgos de un embarazo después de los 50
Lograr un embarazo a esta edad es solo una parte del desafío. Llevarlo adelante supone exigencias extraordinarias para el organismo, incluso en mujeres saludables.
Mónica Naranjo, ginecóloga de Clínica Internacional, recalcó que estas gestaciones se consideran de muy alto riesgo debido a la mayor frecuencia de hipertensión gestacional, preeclampsia, diabetes gestacional, problemas placentarios y hemorragias posparto, además de una mayor probabilidad de cesárea. A ello se suma la presencia de enfermedades previas, como hipertensión, diabetes u obesidad, que pueden incrementar aún más las complicaciones.
Los riesgos también pueden alcanzar al bebé, especialmente cuando las condiciones maternas afectan el funcionamiento de la placenta. Entre ellos figuran el nacimiento prematuro, el bajo peso, las alteraciones del crecimiento fetal, la necesidad de cuidados neonatales y, en los casos más graves, la muerte fetal.
“Si los óvulos vienen de una mujer joven, baja el riesgo de alteraciones cromosómicas. Pero el útero, el corazón y los vasos sanguíneos siguen teniendo la edad de la gestante, y por eso los riesgos obstétricos se mantienen”, resaltó Rosario Calle.
El riesgo se duplica aún más cuando se trata de una gestación múltiple, como ocurrió con los mellizos de Hilary Swank. A las exigencias de la edad se suman mayores probabilidades de preeclampsia, anemia, hemorragias y parto prematuro. Por ello, al utilizar óvulos donados o embriones de buen pronóstico, las guías médicas recomiendan transferir un solo embrión. “El objetivo no es tener más bebés en un solo embarazo, sino lograr un bebé sano con el menor riesgo posible para la madre”, subrayó la obstetra.
Ante este panorama, la prevención debe comenzar incluso antes de concebir. Una evaluación preconcepcional permite revisar la salud cardiovascular, la presión arterial, la glucosa, la función renal, los antecedentes médicos y las condiciones ginecológicas, además del bienestar emocional.
Y si el embarazo se consigue, el seguimiento médico debe comenzar de forma precoz y personalizada. El equipo médico debe vigilar minuciosamente la presión arterial, la glucosa, el crecimiento fetal y la placenta mediante controles y ecografías especializadas. Además, según el perfil de riesgo, pueden indicarse medidas preventivas como aspirina en dosis bajas para reducir la probabilidad de preeclampsia, siempre bajo estricta prescripción médica.
Esta atención también debe extenderse al nacimiento y el posparto. Aunque la cesárea es estadísticamente más frecuente después de los 50, Calle aclaró que “la edad por sí sola no obliga a hacerla”. La vía del parto se decide según las condiciones materno-fetales. Tras el nacimiento, además de prevenir hemorragias, trombosis o fluctuaciones de presión arterial, resulta fundamental acompañar la recuperación física y emocional, evaluando el estado del piso pélvico ante el riesgo de incontinencia urinaria o prolapso.
Postergar la maternidad: entre el deseo y la ciencia
Aunque historias como la de Hilary Swank parecen desafiar el reloj biológico, convertirse en madre después de los 50 años continúa siendo excepcional. Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), en Estados Unidos se registraron 1.188 nacimientos de mujeres de 50 años o más durante 2024, apenas el 0,03 % del total de nacimientos del país.
Si bien estas cifras no reflejan de forma directa la realidad peruana, permiten dimensionar lo poco frecuente que sigue siendo la maternidad a estas edades, incluso con los avances de la reproducción asistida.
Y es que detrás de esta realidad no solo existen límites biológicos. Barreto explicó que también intervienen factores como la alta inversión económica que demandan los tratamientos, la salud general de la mujer y la proyección para afrontar la crianza a largo plazo.
A ello se suman las falsas expectativas que pueden generar los embarazos de figuras públicas. Sus experiencias a menudo transmiten la noción de que basta con esperar el momento idóneo, omitiendo que en muchos casos se recurrió a técnicas como la ovodonación.
De hecho, en el Perú existen ciertas consideraciones legales, ya que la Ley General de Salud (N.º 26842) no establece un límite de edad explícito para acceder a tratamientos de fertilidad; sin embargo, su artículo 7 señala que la condición de madre genética y madre gestante debe recaer en la misma persona, disposición que genera vacíos y debates jurídicos en torno a la ovodonación.
Por ello, la ausencia de una restricción legal explícita no implica un acceso automático. La salud cardiovascular y metabólica, la evaluación psicológica, el consentimiento informado y los protocolos de seguridad de cada centro de fertilidad son los factores que determinan si una mujer es candidata a un tratamiento.
Para las mujeres que hoy transitan sus 30 o 40 años sin planes inmediatos de tener hijos, contar con información científica clara es clave. Una consulta reproductiva temprana permite explorar alternativas como la vitrificación de óvulos y comprender sus verdaderos alcances, sin que ello signifique asumir un compromiso inmediato o acelerar las decisiones personales.
El caso de Hilary Swank demuestra que la maternidad puede llegar en momentos que antes parecían imposibles, pero su experiencia no representa la realidad de todas las mujeres ni debería convertirse en una nueva presión social sobre cuándo o cómo formar una familia.
Al final, conocer los límites del reloj biológico no busca incentivar una carrera contra el tiempo, sino brindar las herramientas necesarias para decidir sobre la propia maternidad con libertad, responsabilidad y rigor científico.


