Un incendio en los servidores del Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (Reniec) bastó para dejar en suspenso trámites de ciudadanos y operaciones de otras entidades públicas. La emergencia fue controlada y los servicios se restablecieron tras siete horas, pero la pregunta sigue intacta: ¿cómo puede una falla localizada detener la vida digital del país?
Más que un problema eléctrico, estamos ante una advertencia sobre gobernanza, interoperabilidad y continuidad del Estado. El Reniec tiene la responsabilidad de asegurar el registro de identidad de los peruanos y eso no lo convierte en rector de la interoperabilidad ni autoriza que sus soluciones terminen desplazando, de facto, la arquitectura nacional con casi dos décadas en desarrollo.
Identidad digital e interoperabilidad son funciones relacionadas, pero distintas. Cuanto más dependan bancos, notarías, migraciones y servicios administrativos de una única vía de verificación, mayor será el impacto de una interrupción. La transformación digital no consiste en conectar a todos con un mismo punto de falla.
Tampoco basta con anunciar que un incendio fue “controlado”. ¿Dónde estaban los mecanismos de redundancia? ¿Funcionaron los planes de recuperación? ¿Qué sistemas debían permanecer activos y por qué dejaron de estarlo? En tanto, la Presidencia del Consejo de Ministros, la autoridad de protección de datos y los supervisores sectoriales tienen competencias distintas que deben ejercer cuando corresponda. La seguridad digital no termina en impedir filtraciones: también exige gestionar riesgos, proteger la integridad de los datos y asegurar la disponibilidad de servicios esenciales.
Para el ciudadano, una cita perdida, una operación bancaria frustrada o una gestión notarial postergada tienen costos reales. Pedir “comprensión” no sustituye las explicaciones correspondientes. La transparencia exige publicar indicadores de disponibilidad, auditorías independientes y compromisos de corrección con plazos verificables. Sin evidencia pública, solo queda confiar casi a ciegas.
El Perú necesita una autoridad digital capaz de articular, no multiplicar silos; normas que se cumplan, no solo que se publiquen; y servicios diseñados para resistir fallas, no para convertirlas en crisis nacionales. Recuperar servidores no basta. La verdadera prueba es recuperar la confianza.


