Cuando se anuncia una tormenta, lo sensato es reparar el techo. Pero ¿qué ocurre si, además, nos prometen dinero para compensar los daños antes de saber qué tan fuerte será? Algo parecido ocurre con las medidas contracíclicas anunciadas por el Gobierno ante El Niño. Prepararse es necesario, pero también importa evaluar cuándo y cómo estimular la economía.
La historia muestra que El Niño puede ocasionar grandes pérdidas. Los episodios de 1983, 1998 y 2017 dañaron la producción. Dejaron una lección: prevenir cuesta menos que reconstruir. Sin embargo, prevenir daños no es lo mismo que ofrecer apoyos económicos para cuando llegue una emergencia.
Surge entonces una pregunta: ¿conviene anunciar un estímulo de esta magnitud cuando la economía aún crece y los precios de los minerales son favorables? La promesa de una ayuda futura podría influir desde hoy en las decisiones de gasto de algunas familias. Su efecto dependerá de la credibilidad del anuncio y de quiénes reciban los recursos.
Hay otro riesgo. Si El Niño reduce la oferta de alimentos y, al mismo tiempo, se impulsa la demanda, podrían aumentar las presiones sobre los precios. Eso complicaría la tarea del Banco Central. No es un desenlace inevitable, pero sí un escenario que debe evaluarse.
El desafío también es fiscal. El Perú tiene margen para endeudarse, pero no un cheque en blanco. Más que cuánto podemos conseguir hoy, importa cómo financiaremos nuestros compromisos mañana. La recaudación atraviesa un buen momento, favorecida en parte por los altos precios de los minerales. Sin embargo, la presión tributaria sigue siendo relativamente baja y la informalidad limita la generación de ingresos sostenibles. Superar estos problemas exige reformas y consensos que se espera lograr con las comisiones presidenciales.
El Ejecutivo plantea modificar la trayectoria del déficit fiscal, pero falta aclarar si también cambiarán las reglas que limitan el crecimiento del gasto público.
Tampoco podemos suponer que los buenos precios de los minerales durarán siempre. Una corrección internacional podría reducir las exportaciones y la recaudación y, si aumenta el riesgo, encarecer el financiamiento. ¿Qué margen quedaría para enfrentar otra crisis?
Estas advertencias no cuestionan la necesidad de actuar. Buscan que las decisiones sean oportunas, focalizadas y sostenibles. Es la misma reflexión que tendremos en Perspectivas Económicas 2027, el encuentro que Gestión realizará este martes 27 de octubre para analizar los desafíos del próximo año.Prepararse no es solo disponer de recursos, sino utilizarlos cuando realmente se necesiten, sin debilitar nuestra capacidad de respuesta futura.
Víctor Melgarejo es director periodístico (e) de Gestión.


