Luiz Inácio Lula da Silva logró una sorpresiva remontada electoral y ejercerá un nuevo mandato como presidente de Brasil tras obtener el 51,79 % de los votos en la segunda vuelta, frente al 48,21 % conseguido por Flávio Bolsonaro.
La mayor parte de las encuestas previas a los comicios del 25 de octubre mostraban una ligera ventaja para el primogénito de Jair Bolsonaro, quien había logrado imponerse en la primera vuelta.
En ese contexto, la elección de Lula marcó un hito: fue la primera vez, desde que se instauró el sistema de segunda vuelta electoral, que un candidato derrotado en la primera ronda terminó imponiéndose en el balotaje.
Guilherme Simões Reis, profesor de Ciencia Política en la Universidad Federal del Estado de Río de Janeiro (UNIRIO), comenta en una entrevista con El Comercio que Lula logró revertir esta tendencia gracias a una movilización masiva de sus simpatizantes.
El docente de UNIRIO considera que el líder del Partido de los Trabajadores no tendrá un mandato sencillo a causa de la posición favorable de Bolsonaro en el Poder Legislativo.
Sin embargo, Simões Reis explica que el escenario futuro no necesariamente se presenta favorable al candidato derechista y su familia, porque su derrota abre un escenario de más investigaciones judiciales que podrían impedir esfuerzos electorales posteriores.
— ¿Qué tan atípica ha sido esta elección para los parámetros de Brasil?
Podemos decir que es la más atípica desde los años 50 o 60. Jamás habíamos tenido algo así desde la vuelta a la democracia en Brasil después de la dictadura militar.
Tuvimos problemas muy serios de movilidad urbana en el transporte público que están siendo investigados, porque no fueron naturales y probablemente fue un intento de dificultar la votación.
También tuvimos problemas de este tipo, aunque en menor grado, en elecciones anteriores con la Policía Rodoviaria Federal. Sin embargo, en esta ocasión, muchas ciudades registraron problemas con los buses y una parte de Brasil sufrió lluvias muy intensas, lo que dificultó aún más la votación. Por eso, el Supremo Tribunal Federal decidió que la jornada electoral se extendiera dos horas.
El tema es que la decisión llegó tarde y algunas mesas ya habían cerrado y otras no. Eso creó gran dificultad porque en algunas partes se votó hasta las 7 p.m. y en otras solo hasta las 5 p.m., lo que es un inconveniente porque abre la puerta a todo tipo de contestación de los resultados.
— ¿Cómo se ha percibido que Lula haya logrado remontar la tendencia de forma tan sorpresiva?
Fue una elección increíble porque es la primera vez en Brasil que un candidato a presidente que pierde la primera vuelta gana la segunda, nunca había pasado esto.
El cambio fue impresionante por la movilización de la campaña de Lula en la segunda vuelta. Cambió todo, (Lula) estaba muy calmado y parecía muy confiado, al punto de que decía que creía que ganaba en la primera.
Luego perdió y todo cambió: la estrategia de comunicación, hubo movilizaciones masivas en las calles y en muchas partes de Brasil. Además, en las redes sociales, donde la extrema derecha tenía superioridad cambió también.
Los partidarios de Lula comenzaron a tener ventaja muy pronunciada en las redes, con una presencia hasta tres veces superior. En las calles y las redes hubo un cambio dentro de la política brasileña, que hizo posible esta remontada histórica y era algo que no se esperaba, sobre todo después de la primera vuelta.
— ¿Puede haber tenido mucho que ver el debate entre los dos candidatos?
No lo creo tanto. Cada vez menos gente ve los debates en vivo y lo que pasa es que hay una disputa en las redes sociales con lo que nosotros llamamos “los cortes”, fragmentos de lo que pasa (en los discursos).
En las campañas, los partidarios difunden al máximo los mejores momentos de sus candidatos y los peores de sus adversarios. Por supuesto, esto ocurrió en estas elecciones, pero no significa que un candidato haya salido mejor que el otro en los debates.
Me parece que Lula ya no es tan bueno en los debates como lo fue en el pasado, porque ya está mayor y es más lento para conversar. Tuvo muchas oportunidades en los debates que no aprovechó. Por su parte, Flávio Bolsonaro estaba mucho mejor entrenado que antes y salió muy bien en comparación con su padre, por ejemplo.
Sí, Flávio dijo muchas mentiras, pero relacionar las cosas de forma muy eficiente de cara a los electores. No pienso que Lula se mostró mejor que Bolsonaro, aunque hubo algunos momentos clave en los que el primero sí salió muy bien y a Flávio le fue bastante mal.
Bolsonaro mostró muchos prejuicios al llamar a Lula “nueve dedos”, lo cual fue muy desacertado. Es un término común en la extrema derecha, pero lo empleó en un momento en que ambos candidatos buscaban atraer a quienes no habían optado por nadie en la primera vuelta, es decir, a los indecisos. El comentario le cayó muy mal a Bolsonaro.
Si sacáramos un promedio, creo que Flávio fue mejor; sin embargo, en los momentos clave fue una catástrofe. En los cortes, la percepción cambia, pues se pueden destacar los momentos de prejuicio o agresividad de Bolsonaro, mientras que quien vio el debate en vivo puede haberse impresionado con otros sucesos menos importantes.
— ¿Qué se esperaría de un nuevo gobierno de Lula con la nueva composición parlamentaria, en la que Bolsonaro tiene una posición muy importante?
Desde los años 90 no había en Brasil un partido con un tercio del Senado, solo PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño) lo tuvo antes y el partido de Bolsonaro tiene uno de cada tres senadores ahora. Realmente va a ser una oposición muy fuerte y agresiva, va a ser muy difícil para Lula.
El Congreso va a intentar tener protagonismo en la agenda de derecha más extrema y Lula no va a ser tan activo, probablemente va a ser mucho más defensivo en su accionar.
Al mismo tiempo, los simpatizantes de Lula tuvieron una capacidad de movilización que no se veía en décadas, por lo que creo que tendremos también mucha más política en las calles de la que tuvimos en los últimos decenios.
La política brasileña va a ser muy distinta porque tuvimos un cambio muy importante en el Congreso, en el que senadores y diputados más tradicionales salieron y senadores de línea más extrema han ingresado.
No obstante, al mismo tiempo se tiene una base de apoyo popular en las calles que no había antes. Entonces, hay muchas cosas por suceder.
— ¿Se ve algún sucesor de Lula en el Partido de los Trabajadores? ¿Es muy pronto para decirlo o simplemente no existe una figura así?
Lula fue candidato con 80 años y estando más cansado porque no existe sucesor. Cualquier otro habría perdido la elección frente a Flávio Bolsonaro.
Al mismo tiempo, me parece que Lula no hizo el esfuerzo necesario para tener un sucesor, porque quería un heredero que no apareciera tanto como él. Lo intentó con Haddad, que perdió la elección para gobernador de Sao Paulo y una elección presidencial (2018) y por supuesto no es un sucesor fuerte.
También está intentando que Guilherme Boulos pueda ser un perfil más sólido. Me parece un excelente nombre, pero perdió la alcaldía de Sao Paulo y necesita mucho más tiempo para crecer y superar el rechazo de parte de los brasileños, por lo que es muy difícil.
El nombre que me parecía obvio era Flávio Dino, pero Lula lo nombró para el Supremo Tribunal Federal (STF) y me creo que justamente lo hizo para que no fuera una amenaza para su liderazgo en la izquierda.
Dino tenía fuerza, pero se quedará por más de 10 años o hasta 20 años en el STF. No será candidato a presidente, por lo que la izquierda va a necesitar buscar un nombre.
Por supuesto, el vicepresidente Geraldo Alckmin no va a poder serlo por haber ocupado ese cargo en dos periodos consecutivos, aunque es un perfil que puede seguir.
Ya no es una disputa entre izquierda y extrema derecha. La política de Brasil es casi como la confrontación de un conjunto de fuerzas de derecha democrática, centroizquierda e izquierda contra la extrema derecha. Algunos nombres que fueron adversarios de Lula, como Simone Tebet o Geraldo Alckmin, están ahora a su lado.
Obviamente, son nombres que pueden aparecer en las próximas elecciones, pero no son tan populares entre la izquierda, por lo que es un escenario difícil de predecir.
— ¿Qué tan grande es la derrota para los Bolsonaro, teniendo en cuenta que de todas maneras tienen una posición importante en el Poder Legislativo? ¿Pueden ver el futuro con esperanza?
No es como cuando se enfrentan dos campos democráticos, donde uno gana y el otro pierde, aunque este último sabe que si hoy está afuera, podrá entrar al poder después. No estamos hablando de laboristas y conservadores, como sucede en Inglaterra.
Aquí lo que pasa es que los Bolsonaro tienen una política de contestación a las instituciones, de apología a la violencia. Están bajo sospecha de muchos crímenes y están involucrados en muchas investigaciones.
No tengo ninguna duda de que, si Flávio ganara, su padre sería perdonado y saldría de la cárcel; las investigaciones en su contra no continuarían y muchas otras cosas cambiarían. Para los Bolsonaro, la derrota en una elección significa perder la garantía de que no serán arrestados
Perdiendo Flávio, tanto él como su hermano Eduardo, que está en Estados Unidos, van a continuar siendo investigados. El mismo Jair Bolsonaro tiene más temas para ser investigado de los que ya ha afrontado.
Además, el nuevo presidente tendrá cuatro nominaciones para el Supremo Tribunal Federal, por lo que quien gana puede cambiarlo. Si Flávio ganaba, modificaba el STF con un conjunto de jueces leales a su proyecto, como los dos que nombró su padre, que están siendo muy fieles a su perspectiva y muchas veces actuando de forma muy rara, lo que está siendo bastante criticado.
No obstante, Flávio consiguió más votos que su padre en esta ocasión ganando la primera vuelta y eso muestra mucha fuerza.
Si me preguntaban hace dos años mi respuesta hubiera sido que “es obvio que los Bolsonaro van a tener siempre el liderazgo de la extrema derecha y del antipetismo”, siempre lo dije. Sin embargo, en esta ocasión mostraron una fuerza muy grande cuando Jair Bolsonaro estuvo fuera.
Por supuesto, tienen una presencia muy grande en la sociedad, pero su situación no es simple. No se puede llegar a afirmar que en cuatro años Flávio será candidato y tendrá posibilidades, porque durante ese periodo podría ser arrestado por muchos crímenes.
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