El primer empleo en el Perú atraviesa una dificultad endémica: conseguirlo no significa acceder a un puesto formal. En datos del INEI recogidos por Arcos Dorados, el 73.2% de los jóvenes ocupados de entre 18 y 25 años trabaja en la informalidad. A este escenario se le puede sumar un nuevo factor de presión: el fenómeno El Niño y su impacto en actividades productivas ante bloqueos de carreteras e inundaciones.
Riesgos por El Niño en el empleo
La pandemia sirve como antecedente inmediato para ilustrar las dificultades de recuperación del empleo juvenil, dado que aún no se retorna a los niveles de ocupación previos al covid-19, según Juan Carlos Odar, jefe del Observatorio de Políticas y Gestión Pública de la Escuela de Gestión Pública de la Universidad del Pacífico.
Según el INEI, hacia el segundo trimestre de este año la población de 14 a 24 años ocupada es de 2.3 millones, mientras que al 2019, el universo era de poco más de 2.8 millones de personas.
En la otra cara de la moneda, el empleo para el segmento de 25 a 44 años ya superó el nivel prepandemia —ahora está en más de 8.3 millones, en cifras del INEI—. “Esto ilustra la dificultad de recuperación y acceso que tiene ya el mercado laboral juvenil”, resume Odar.
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Odar sostiene que el principal riesgo para el talento juvenil es su naturaleza precaria. Solo en Lima, el 65% de la población total dispone de empleo adecuado, pero este indicador baja a 44.8% en el segmento juvenil; por ello, considerando que el subempleo típico es por ingresos, “el principal riesgo va por la posible pérdida de empleo, pues a las empresas en las que trabajen les puede ser difícil sobrevivir al deterioro transitorio del mercado que deberán enfrentar por causa de El Niño”.
“Eso puede significar una presión adicional de corto plazo, pero que debe recuperarse relativamente rápido una vez que termine el evento”, añade.
Según Odar, lo que previsiblemente puede ocurrir es que “las nuevas contrataciones se realicen a un menor ingreso promedio, aumentando con ello el subempleo y la informalidad”.
El profesor e investigador de la Universidad del Pacífico, Oswaldo Molina, señala que el costo económico de El Niño es mayor en los trabajadores de los sectores más expuestos. Cita a un análisis del BBVA Research, con datos del BCRP, que demuestra una caída del empleo formal del 17% en el agro y del ingreso real del 5.1% en el agro y 16.6% en pesca tras la emergencia climática del 2023.
“Si bien imaginamos que puede tener un efecto parecido en los jóvenes, no conocemos con exactitud su impacto para este grupo etario”, indica a este diario.
No obstante, afirma que El Niño hará que las empresas contraten menos, algo de por sí ya complicado para los jóvenes, dado que ellos son los que tocan puerta por primera vez para conseguir empleo. “Cuando hay incertidumbre, lo primero que las empresas detienen son las nuevas contrataciones, y el joven que no logra entrar al empleo formal termina buscando en el informal”, comenta.
Principales afectaciones al talento juvenil
Oswaldo Molina cita el reporte Situación Laboral y Aspiraciones de Jóvenes en Lima (2024), en el que 19.2% de los jóvenes peruanos identifica como principal problema del ámbito laboral los sueldos bajos o muy bajos, seguidos de un 18.8% para las pocas oportunidades de trabajo formal para jóvenes sin experiencia. Completa el podio la falta de oferta laboral formal (16.9%).
Según el estudio, la débil inserción laboral no se explica por falta de motivación o de confianza, dado que más del 90% de los jóvenes encuestados confiaba en sus capacidades y consideraba que la capacitación podía facilitar el acceso al primer empleo.
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“Hay pocas oportunidades formales, muchas exigen experiencia previa y una parte de los empleos disponibles no ofrece condiciones suficientemente atractivas”, detalla.
Molina coincide en que este escenario puede alimentar al subempleo juvenil, en el que, impulsados por la necesidad de trabajar, aceptan hacerlo en condiciones más precarias y que no alcanzan para cubrir sus necesidades básicas.
¿Cómo impulsar el primer empleo formal?
La investigación de Molina titulada “Medidas para mejorar la inserción laboral de los jóvenes en el Perú” detalla que el 30.7% de los jóvenes y el 47.7% de los empleadores coincidieron en que la falta de experiencia previa es la principal barrera para acceder a un empleo formal.
A fin de atender esta traba estructural, proponen tres medidas prioritarias: otorgar incentivos temporales, fortalecer la formación dual y mejorar los sistemas públicos de información e intermediación.
A detalle, el informe de Molina plantea dar incentivos temporales a las empresas que contraten jóvenes sin experiencia, mediante subsidios de entre el 40% y 50% del sueldo por un máximo de 12 meses o beneficios tributarios, como la deducción en el Impuesto a la Renta. Arcos Dorados cita a Apoyo Consultoría, quienes calculan que incentivos de este calibre aumentarían la inserción al primer empleo formal en un 16% al enfocarse en los sueldos más bajos.
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Para evitar que las empresas terminen financiando contrataciones que iban a darse de todos modos o que reemplacen a los trabajadores solo para cobrar el beneficio, se propone que el empleador mantenga o aumente su número total de trabajadores y de jóvenes respecto al año anterior, además de concentrar la ayuda en los sueldos más bajos.
Subsidios y empleo temporal
Odar, en tanto, apuesta por un subsidio salarial contingente, focalizado por territorio y sector, cubriendo a jóvenes de 18 a 24 años trabajadores de MYPE de zonas declaradas en emergencia, por 6 meses y con tope por trabajador. “Esta medida protege solo el empleo formal, así que no llega a la mayoría de los jóvenes”, aclara.
Además, recuerda que está el empleo temporal en obras de prevención y reconstrucción, como la limpieza de quebradas, drenaje, defensas ribereñas y caminos rurales, tareas más cercanas para los trabajadores informales a los que no alcanza un eventual subsidio a la contratación.
Otro punto abordado es mezclar capacitación y experiencia laboral remunerada, así como alinear la formación técnica y universitaria con las competencias que demanda el mercado y promover una transformación productiva que favorezca la creación de empleos formales y mejor remunerados.
“Estas recomendaciones cobran relevancia en un contexto en el que, pese a la reducción del desempleo juvenil a 10.5% en 2026, esta tasa continúa siendo más del doble de la registrada entre los trabajadores de 26 a 44 años”, revelan desde Arcos Dorados.
A criterio de Oswaldo Molina, el Gobierno dio un paso importante con el paquete anunciado por el MEF para dar bonos a las familias vulnerables o mantenimiento de infraestructura, lo que ayuda a proteger los ingresos y evitar a que las empresas no cierren. “Lo que todavía falta es algo pensado para los jóvenes, porque su principal riesgo no es perder un empleo sino no poder conseguir el primero”, concluye.


