Que las elecciones en el mundo se deciden hoy más por lo que sucede en las redes sociales que en las calles puede ser materia de discusión y aplicar más a unos países que a otros. Lo indudable es que -además de los mítines callejeros de siempre y de los anuncios y debates en radio y televisión- las campañas en las plataformas virtuales se han vuelto indispensables para aspirar a la victoria.
Más todavía si -como destaca el diario español “El País”- hablamos de Brasil, “uno de los países del mundo donde los internautas navegan más horas al día”.
En el 2025 el porcentaje de brasileños que usaba internet superó por primera vez el 90% de la población. El año pasado el gigante sudamericano contaba con 168,7 millones de personas con más de 10 años que usaban internet, en su mayoría desde sus celulares, y con el 95,6% de ellos accediendo a diario, según un estudio del Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE).
Ello explica por qué en el proceso electoral de este año en Brasil ha cobrado una importancia capital la presencia en las distintas plataformas virtuales de las campañas de Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, con proliferación de acusaciones, ofensas y también noticias falsas saltando de uno y otro lado.
Tras la ajustada victoria en primera vuelta del primogénito de Jair Bolsonaro por menos de dos puntos porcentuales de diferencia, esta parece haberse acortado a solo un punto según las últimas encuestas previas al balotaje de este domingo 25.
Según el sondeo más reciente del Instituto Quaest, el candidato del Partido Liberal recibiría hoy el 45% de la intención de voto, mientras que el líder del Partido de los Trabajadores se quedaría con el 44% de los sufragios.
Es en estas circunstancias que una gigante tecnológica estadounidense y el máximo organismo electoral brasileño se han convertido en protagonistas de la última recta de una feroz e intensa campaña proselitista.


