A raíz de los cuestionamientos que recibió en España, tras ser acusado de utilizar inteligencia artificial (IA) para escribir su novela ‘Donde el agua trabaja’, ganadora de los 20.000 euros del Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat, el escritor peruano David Silva Rojas negó haber utilizado esta tecnología y afirmó que concibió, escribió y revisó la obra.
Mediante un comunicado publicado en sus redes sociales, el autor de 45 años defendió su proceso creativo desde Ica, luego de que el diario español El País publicara un informe en el que sostenía que su novela “contiene un 99% de texto generado por una IA”, según una revisión realizada con Pangram.
“Soy el autor de Donde el agua trabaja. Yo concebí, escribí y revisé esta novela. No utilicé herramientas de inteligencia artificial generativa para crearla, redactarla ni revisarla”, señaló Silva Rojas en su pronunciamiento de este martes 27 de octubre, explicando que la historia surgió de una investigación sobre las condiciones de vida y trabajo de las personas que llegan a Ica para laborar en el sector agrícola.
David Silva Rojas explica cómo escribió “Donde el agua trabaja”
El escritor peruano afirmó que inició su proceso creativo escribiendo “pequeños fragmentos en primera persona”, reuniendo las experiencias y sensaciones que le dejaron los testimonios recogidos durante su investigación.
En ese sentido, Silva Rojas explicó que anotó los primeros fragmentos en un cuaderno de notas, donde estableció el inicio, el conflicto principal y el desenlace de la historia.
También incluyó algunas pautas que le servirían durante la escritura, como “mantener siempre la perspectiva de la protagonista, utilizar una voz contenida y trabajar el ritmo mediante las repeticiones y los silencios”.
Según dijo, conforme avanzaba en la escritura, incorporó nuevos personajes, escenas y situaciones que le “permitían profundizar en la historia sin apartarme de su dirección principal”.
Asimismo, indicó que elaboró varias versiones en borrador en Microsoft Word, donde corregía sus textos, asegurando que conserva esos documentos, junto con su cuaderno de notas y otros materiales relacionados con la investigación que dio origen a la novela.
Toda esta documentación, explicó, la viene reuniendo para entregársela a la editorial Almadía y “colaborar con la revisión anunciada”, que se hizo pública tras los cuestionamientos sobre su autoría.
Escritor cuestiona evaluación de su novela con un detector de IA
Hacia el final de su comunicado, Silva Rojas cuestionó que los resultados de una herramienta de detección de inteligencia artificial puedan considerarse una prueba definitiva sobre el proceso de escritura de una obra.
“Los resultados de una herramienta de detección, por elevados que sean sus porcentajes, no deberían tomarse como una prueba definitiva de cómo fue escrita una obra sin examinar otros elementos”, sostuvo.
El autor también expresó su respeto por el jurado del premio, integrado por Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda, y pidió que la revisión de su novela se realice con cuidado y que sus conclusiones estén respaldadas por hechos.
Añadió que su prioridad es colaborar con la editorial y aportar la documentación necesaria para examinar la obra frente a las acusaciones.
¿De qué trata “Donde el agua trabaja”?
La novela narra la historia de una joven que deja su comunidad para trabajar temporalmente en una hacienda vinícola de Ica, donde se enfrenta a un sistema de vigilancia, explotación y deshumanización del trabajo.
Previamente, Silva Rojas había señalado que su investigación sobre las duras condiciones del trabajo agrícola se transformó en una historia literaria sobre mujeres que “sacrifican parte de su propia vida para ofrecerle un futuro mejor” a quienes aman.
Según la presidenta del jurado, la obra destacó por su prosa “breve y sutil” y por la manera en que construye una atmósfera marcada por “la explotación laboral, la vulnerabilidad y la relación desigual entre trabajadoras y capataces”.
Entre las novelas finalistas del Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat estuvieron Fiebre, de la boliviana Camila de Urioste; El cazador de caracoles, del argentino Félix Bruzzone; y El sulky, del también argentino Ivo Marinich.
El libro se publicó en septiembre, pero su gira por Madrid, Barcelona, Sevilla y Cádiz se suspendió tras las acusaciones. Consultada por El País sobre la investigación, Almadía afirmó estar sorprendida y no haber sospechado nunca del autor.


