El debate sobre la presencia de réplicas de huacos eróticos en espacios públicos del distrito de Moche volvió a la agenda política tras las declaraciones de la senadora Milagros Jáuregui en la comisión de Salud, Educación, Cultura, Mujer y Desarrollo Social del Senado, donde propuso restringir la exhibición de estas esculturas al sostener que afectan el desarrollo de los niños.Ante esta postura, el psicólogo Gary Rivera, especialista en temas de sexualidad y miembro de la Asociación Peruana de Sexología, Salud y Educación Sexual, afirmó en el programa Conexión de RPP que no existe ningún fundamento científico que demuestre secuelas cognitivas o psicológicas en menores por observar estas réplicas de los cerámicos.
"No hay ningún estudio a nivel neurológico, neurocientífico, psicológico al respecto, de que una exposición a una escultura pueda generar un trastorno o una alteración cognitiva en los niños", dijo el especialista.
La parlamentaria de la bancada de Renovación Popular dijo ayer, lunes, en el Congreso, que la exposición pública de estas piezas de la cultura Moche altera a niños de entre uno y cinco años al provocar confusión por las dimensiones corporales y estimular una sexualidad no sana. Al respecto, Rivera puntualizó que las voces que alertan sobre supuestas secuelas neurológicas en menores incurren en una lectura errónea de las investigaciones científicas disponibles sobre el desarrollo cerebral.
"Hay muchos discursos políticos o de pánico moral que suelen extrapolar incorrectamente estudios reales sobre el neurodesarrollo, porque la neurociencia sí ha demostrado que la mente infantil sí, o sea, puede sufrir alteraciones, pero bajo condiciones muy específicas que no guardan relación alguna con ver una estatua histórica", sostuvo el especialista. "Más bien lo que hay ahí es una... digamos que están malinterpretando algunos estudios que están relacionados a otras situaciones, pero lo están extrapolando equivocadamente", añadió. Factores de riesgo para el neurodesarrollo infantilRivera precisó que el daño cerebral en la infancia sí ocurre, pero se origina por eventos traumáticos o contenidos explícitos totalmente ajenos a las manifestaciones arqueológicas."Por eso es importante ver que lo que sí altera el cerebro infantil es una exposición temprana a pornografía explícita, que eso sí abunda en internet y ahí es que sí hay que controlar en ese aspecto. La hipersexualización mediática, el estrés tóxico, el maltrato físico, el abuso sexual infantil, estos sí pueden generar, o sea, dañan el sistema neurológico del niño, pero no la observación de restos arqueológicos, monumentos públicos o manifestaciones culturales", explicó.La mirada infantil y el rol de la educación sexual en el hogarSobre la forma en que los menores perciben estas figuras, el psicólogo enfatizó que entre los dos y seis años predomina una curiosidad natural por la anatomía humana, libre de la mirada maliciosa propia de la etapa adulta.Asimismo, recomendó que las interrogantes de los hijos sean atendidas con serenidad y explicaciones sencillas en el entorno familiar, aprovechando estos momentos de manera pedagógica en lugar de transmitir prejuicios."Es hablar justamente con nuestros hijos a medida que van creciendo y a medida que van creciendo van a ir surgiendo sus preguntas, sus curiosidades, pero acorde a su edad. Y le voy a resolver esas dudas y le voy a brindar respuestas acorde a esa edad", Rivera.


