En el Perú, conseguir una cita médica puede significar hacer cola desde la madrugada para, posteriormente, recibir una fecha de atención que puede ser meses después. El problema continúa cuando el médico solicita exámenes auxiliares y el hospital no cuenta con el equipo necesario. El paciente termina siendo derivado a un establecimiento privado y debe asumir un costo adicional que muchas veces no puede pagar. Esto demuestra que la falta de recursos no solo afecta la atención médica, sino que también profundiza la inequidad existente entre los diferentes sectores sociales. Es aquí donde surge la disyuntiva: ¿por qué el paciente que acude al sistema público, puesto que no puede asumir el costo de su enfermedad, termina pagando precisamente porque el sistema público no tiene la capacidad para atenderlo? Así, la falta de recursos deja de ser únicamente un problema administrativo y se convierte en un factor que profundiza la inequidad entre los diferentes sectores sociales, especialmente en el acceso a los servicios de salud.
Esta realidad puede ser aún más evidente en zonas fronterizas, donde las distancias, la escasez de especialistas y la falta de medicamentos dificultan la atención sanitaria y obligan a la población a cruzar hacia otro país en busca de una atención médica que pueda satisfacer sus necesidades y brindarles aquello que nuestro país no puede proporcionarles.
Frente a esta situación, con la nueva administración gubernamental, la gestión del sector Salud debe ir más allá de adquirir equipos o supervisar la infraestructura de los centros médicos. Es necesario garantizar su mantenimiento, funcionamiento, disponibilidad de insumos y personal capacitado, además de supervisar que los recursos lleguen a los establecimientos que realmente los necesitan.

