Suelo ser ‘speaker’ en congresos y foros. Tengo que reconocer que me encanta. La energía de la gente en el auditorio es incomparable. Además, como mis temas son sobre estrategia, marketing, negocios, tendencias y tecnología, crear el contenido desde cero es un reto apasionante para el lado más creativo de mi cerebro. Después de tantos años parada al frente en auditorios de todo calibre, tenía mi propia escala de valor. Los eventos internacionales, aquellos que mezclan varios ponentes de alto calibre desde diferentes continentes suelen ser los ‘gold standard’, tanto en contenido como en forma. La combinación de prestigio, temas, diversidad y experiencias, todas juntas en un mismo sitio es lo que hace realmente extraordinaria esta gama de eventos.
A partir de ahí la escala va en bajada. Si estructuro un ranking a mi criterio, podría decir que vendrían los eventos de referencia regional, los premium nacional, los de nicho profesional local y los básicos. En este proceso, lo que se pierde es influencia, exclusividad, diferenciación y valor. Por eso, ser ‘speaker’ en Perú Business Fest hace unos días fue una ruptura en mi status quo.
La primera pregunta que me hice cuando escuché el nombre fue: ¿qué es eso? A priori, sonaba a un evento del Perú en el mundo, probablemente de estos que se organizan habitualmente en el sector privado. Pero no, el artífice era Cofide, el Banco de Desarrollo del Perú. ¿El Estado haciendo un evento de innovación empresarial? Interesante. Me he pasado la vida entendiendo este país de emprendedores, de pymes, de startups, y por fin una señal que en el sector público alguien la vio clara. El factor recurrente es la necesidad de espacios para aprender, para conectar, para encontrar contenido relevante, útil y aplicable en la vida cotidiana. Por eso, al entender el concepto no es tan insólito que lleguen a reunir a 15.000 personas, más de 100 marcas, mismo número de conferencias, talleres y asesorías.
Terminé mi charla pensando que a mi escala le faltaba una variable: lo que ocurre cuando la gente sale del auditorio. Porque el verdadero calibre de un evento también se mide en las ideas que alguien se atreve a poner en marcha desde donde se encuentre. Yo llegué a compartir lo que sabía y salí cuestionando lo que creía. Tendré que actualizar mi ranking. Esta vez, el Estado me movió el piso.


