Detrás de las acrobacias, la música y los escenarios del Cirque du Soleil, hay una operación que también exige precisión fuera de escena. La compañía canadiense, nacida en Quebec en 1984, cuenta con alrededor de 1.200 artistas y 900 técnicos en el mundo. Su innovación no se limita al espectáculo: también alcanza la gestión de un negocio que mueve personas, equipos y recursos entre países de manera constante.
El Circo del Sol ha llegado a más de 400 ciudades en 86 países. Combina espectáculos residentes con giras internacionales, una operación que requiere coordinar desde la fabricación del vestuario hasta la contratación de proveedores locales. El reto: que esa complejidad no se perciba desde las butacas.
“Los espectáculos requieren un nivel extraordinario de soporte; gestionar todo el proceso, el equipo que llega al sitio donde se realiza el espectáculo y mantener el inventario es lo que hace posible que la calidad sea la misma en cualquier lugar del mundo”, contó Andrew Scott, director de Producto y Tecnología de Cirque du Soleil, durante una conferencia de prensa con cuatro medios de América Latina realizada en Las Vegas, en el marco del SAP Connect 2026.
Para Scott, la tecnología es fundamental para sostener esa operación. La compañía utiliza las herramientas de SAP en distintos frentes: la producción de vestuario, el inventario, la logística y la oferta de alimentos y bebidas en cada ciudad.
“SAP, por ejemplo, ayuda a gestionar el negocio de la fabricación de vestuario en Montreal, donde tenemos una planta de manufactura que produce alrededor de 12.000 artículos para los shows al año. El sistema rastrea miles de componentes y proveedores”, mencionó Scott.
La plataforma también permite gestionar el inventario y la logística de los 70 camiones necesarios para transportar solo uno de sus espectáculos. En paralelo, ayuda a adaptar la oferta gastronómica a cada destino. “El objetivo es garantizar la calidad de toda la experiencia, incluyendo la seguridad de los artistas”, dijo Scott.
La complejidad del ‘backstage’
Aunque no precisó cuántos proveedores tiene la compañía en el mundo, Scott ilustró la escala de la operación con las cifras de vestuario: gestionan 26.000 componentes distintos para 46.000 artículos.
En las giras, además, recurren a proveedores locales para productos estándar, como la canchita, e incorporan vendedores de alimentos de cada ciudad para enriquecer la experiencia del público.
Consultado por El Comercio sobre el área más difícil de manejar, el ejecutivo apuntó, precisamente, a la gestión de proveedores. El volumen de transacciones y el carácter itinerante de los espectáculos obligan a simplificar procesos que han evolucionado durante dos décadas.
En ese frente, la compañía ha incorporado Inteligencia Artificial (IA) para automatizar la atención de consultas sobre facturas y órdenes de compra. “Esto reduce el trabajo manual en aproximadamente un 50% y mejora las relaciones con los proveedores”, explicó.
El uso de la IA también llega al proceso de selección de artistas. Las herramientas de SAP ayudan a categorizar las más de 8.000 audiciones que recibe la organización cada año, facilitando el trabajo del equipo de casting, sin reemplazar el criterio creativo de las personas.
Innovar sin trasladar el drama a la operación
La diversidad cultural añade otra capa de complejidad. Con 75 nacionalidades representadas en sus equipos, Cirque du Soleil debe gestionar visas, impuestos y regulaciones laborales en los distintos países donde se presenta.
La compañía utiliza también tecnología de SAP para administrar su fuerza laboral e integrar información sobre habilidades, entrenamiento y desarrollo profesional.
Desde su propuesta fundacional de un circo sin animales hasta la incorporación de la IA, la innovación atraviesa tanto la creación artística como la gestión del negocio. La consigna, explicó Scott, es “mantener el drama en el escenario”: evitar que los problemas de la operación afecten la experiencia del espectador.
Para un negocio que monta y desmonta una pequeña ciudad —con carpa, cocina y escenario— cada seis u ocho semanas, la creatividad necesita una operación igual de precisa. La tecnología trabaja detrás del telón para que el público solo disfrute el espectáculo.


