El salmón Chinook, también conocido como salmón rey, llegó a Sudamérica durante la década de 1970 como parte de proyectos de acuicultura impulsados en Chile. Medio siglo después, este enorme pez se reproduce en ríos de la Patagonia argentina y se expande por nuevas cuencas.
Originaria del Pacífico Norte, esta especie puede superar el metro y medio de longitud y alcanzar los 60 kilos. Su presencia en territorio argentino representa un desafío ambiental, debido a los cambios que puede provocar en los ecosistemas fluviales y la competencia con la fauna nativa.
¿Cómo llegó el salmón gigante a los ríos de la Patagonia argentina?
Los primeros ejemplares introducidos en Chile procedían principalmente de Estados Unidos, donde habitan poblaciones vinculadas a los ríos Columbia y Willamette. Con el tiempo, algunos salmones escaparon o abandonaron las zonas donde fueron liberados, lo que favoreció su expansión por diferentes ambientes acuáticos.
Uno de los lugares donde se detectó su presencia fue el río De las Vueltas, en la provincia argentina de Santa Cruz, cerca de El Chaltén. Los registros se remontan a 2006 y los análisis genéticos relacionan gran parte de estos ejemplares con poblaciones establecidas en la región chilena de Aysén.
El impacto ambiental del salmón Chinook en la Patagonia
La expansión de esta especie genera preocupación por sus posibles efectos sobre los ecosistemas locales. Durante la reproducción, las hembras remueven piedras y sedimentos para construir sus nidos, mientras que los salmones adultos mueren después del desove y liberan nutrientes de origen oceánico al descomponerse.
Además, los ejemplares jóvenes pueden competir con peces nativos y consumir pequeños organismos acuáticos. En sectores cercanos a El Chaltén, la acumulación de salmones muertos también puede generar malos olores y atraer animales carroñeros, lo que plantea dificultades para la conservación ambiental y la actividad turística.


