Se lo oye con cierta pompa, citando clásicos y murmurando ironías, que lo hace llevadero, aunque le resta autoridad. Hace valer su condición de constitucionalista, ex presidente del TC; pero no se jacta de ninguna virtud política. Podríamos mencionar una: su disposición a dialogar con calma. Puede lidiar a la vez con políticos en clave alta como Lourdes Alcorta, Ruth Luque e Iber Maraví. Ahora bien, no le pidan que ese diálogo se convierta en un acuerdo. Esa es política pura y él prefiere refugiarse en los códigos.
No puedes convertir así nomás a un constitucionalista en un político al mando de una comisión hiperpolitizada. Fue un error de casting del fujimorismo. Se vieron sus consecuencias el jueves 15, cuando metió la pata varias veces hasta provocar que cuatro bancadas se retiren de la sesión, paralizando la comisión -y el pleno del Senado- por unos días. El lío no lo arregló él, lo arregló el Ejecutivo, lejos de su instancia, fuera del Congreso.
Tuvo un training parlamentario con Fuerza Popular en el Congreso Complementario del 2020 al 2021. Antes había militado en el APRA, sin mayor destaque. A sus 66 años, es un conservador de derecha dialogante, formado en una cuna de perfiles similares al suyo: la Universidad de San Martín de Porres. Todo eso, repito, no es suficiente para producir un político con muñeca. A Fernando Rospigliosi, siendo tan áspero o a Patricia Juárez, siendo lo contrario; no se les hubiera pasado algo tan instintivo en política como contar y cuidar sus seis votos en una sesión crucial.
Pero, Carlos estaba haciendo otras cuentas mentales ajenas a la política, vaya uno a saber cuáles. Eso sí, no tiene empacho en autocriticarse por eso y por otros de los errores cometidos el mismo día.
El lunes 19 ya respiraba tranquilo, hasta orondo se diría, cuando Roger Astucuri, senador por Obras y su vicepresidente en la comisión, lo secundaba en la mesa, asegurando el quorum. La aprobación de las 7 facultades extras salió como por un tubo. Mesía, por reglamento, expuso el dictamen y, también, por reglamento, fue el último orador de la sesión del pleno del miércoles 21. Se contuvo para no sonar triunfal ni sacar mucha cachita a ninguna bancada antes de que se produzca la votación.
Playback
Unas horas después, Carlos no se pudo contener. Quiso hacernos parte de su júbilo y, ahora sí, de sus ganas de sacar cachita a las bancadas que le bloquearon la comisión por unos días.
No le dio demasiadas vueltas a su propósito, y perpetró algo informal, nada complicado, aunque sí insólito. Público en sus redes un video de menos de un minuto, en el que canta, con débil voz que apenas se sobrepone a la voz de Alejandro Sanz, fragmentos del tema “Regálame la silla donde te esperé”. Mientras lo vemos en su escritorio cantar los versos ‘regálame la silla cansada de la esquina/donde te esperé/donde siempre te esperaba, amor’, se alternan imágenes con los carteles puestos sobre la mesa de Ruth Luque, Maraví y otros que dejaron sus sillas vacías el jueves 15.
Regálame la silla ♫ #senado #Congreso #FacultadesLegislativas #Peru https://t.co/p661xBYdzc
— Carlos Mesía Ramírez (@CARLOSMESIA) October 22, 2026
Por supuesto que se mofó de la oposición, pero sin subrayados, sin siquiera alterar la letra de Sanz, sin consecuencias, con apenas un circunloquio musical para que reparemos en que la táctica de la silla vacía no les permitió triunfar. Pero estuvo en vilo su bancada y el gobierno por un fin de semana. Si Obras, tal como Juntos Por el Perú, Ahora Nación y el Partido de Buen Gobierno se mantenían sus 13, no hubiera tenido nada que cantar.
Carlos Mesía quiere decirnos que lleva las tensiones de la política con humor y, quizá, involuntariamente, nos pide que lo tomemos a él con humor. El pedido puede hacerlo extensivo a su bancada, que ese día los sacó de quicio al igual que Alejandro Aguinaga, que votó a destiempo sin que Carlos lo esperara.
Cuando recuerdo su absoluto despiste tras el conteo creyendo que había ganado; y luego su perplejidad cuando se dio cuenta de la dimensión de sus metidas de pata, provoca acatar su pedido y reír con él. Pero la cara de sus correligionarios era de velorio, más aún cuando se fue la mitad y se dieron cuenta, progresivamente, de que no podían seguir sesionando.
Vuelvo al principio. No puedes volver a un biólogo como Ernesto Bustamante, a un policía como Marco Miyashiro o a constitucionalistas como Ernesto Álvarez y Carlos Mesía en políticos en pocas temporadas. Están preparados para argumentar serenamente contra quienes les planteen oposición, pero desde una lógica no necesariamente política.
Por eso, en su jueves negro le dijo a los opositores que el debate previo que habían ganado se haría fuera del reglamento y sin llegar a acuerdos. Es como si, de puro leguleyo que eres, le digas a tu contrincante que la gracia que le concedes es nula de toda nulidad. A tomarlo con paciencia y humor.
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