Un descubrimiento astronómico podría ayudar a entender qué sucede con los planetas cuando una estrella llega al final de su vida. Un equipo internacional detectó dos anillos de escombros alrededor de J1328−1450, una enana blanca situada en el centro de un sistema planetario destruido parcialmente. La observación se realizó con el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO), ubicado en el desierto de Atacama, Chile. Los resultados fueron publicados en la revista Nature Astronomy.
Las enanas blancas son los núcleos densos que quedan después de que estrellas similares al Sol agotan su combustible y expulsan sus capas externas. Durante esa etapa, los planetas más cercanos pueden ser destruidos, mientras que otros cuerpos rocosos sobreviven o se fragmentan. Sus restos pueden quedar orbitando alrededor de la estrella, pero en J1328−1450 los científicos encontraron algo diferente: en lugar de un único disco, hay dos anillos concéntricos separados por un espacio claramente visible.
Dos cuerpos podrían mantener separados los anillos
Los investigadores plantean que lo anterior podría deberse a la presencia de dos cuerpos que sobrevivieron a la destrucción del sistema y continúan orbitando la enana blanca. El objeto asociado al anillo interior tendría un tamaño comparable al de un asteroide de varios kilómetros, mientras que el del anillo exterior podría alcanzar dimensiones similares a las de Plutón o incluso la Luna. De confirmarse esta explicación, sería una evidencia de cómo algunos cuerpos pueden persistir después de la transformación de su estrella.
“Sabemos desde hace tiempo que los planetas pueden sobrevivir a la transformación de su estrella central, pero este es el primer ejemplo de un sistema complejo con un disco de escombros doble y potencialmente dos planetesimales supervivientes”, explicó en un comunicado Nicola Gentile Fusillo, autor principal del estudio y astrónomo de la Universidad de Trieste, en Italia.
Los planetesimales son cuerpos sólidos pequeños que se forman durante las primeras etapas de desarrollo de un sistema planetario y que pueden contribuir a la formación de planetas.
¿Qué puede revelar sobre el futuro del Sistema Solar?
El descubrimiento también ofrece una oportunidad para estudiar el destino de nuestro propio sistema. A medida que el Sol envejezca, se expandirá y expulsará sus capas externas antes de convertirse en una enana blanca, proceso que podría destruir la Tierra y alterar profundamente las órbitas de los demás planetas.
Felipe Lagos-Vilches, coautor del estudio e investigador vinculado a la Universidad de Warwick y a la Universidad Técnica Federico Santa María, destacó el valor de la observación: “Por lo tanto, el sistema ofrece una visión extraordinaria de cómo podría ser el futuro de los sistemas planetarios, incluidos sistemas como el nuestro”.
Los datos también permitieron identificar calcio, oxígeno, magnesio y hierro en los restos que rodean a J1328−1450. Estos elementos apuntan a una composición rocosa similar a la de los planetas de nuestro Sistema Solar; sin embargo, los anillos presentan diferencias: el interior contiene abundante gas de magnesio, mientras que el exterior tiene muy poco.
Los científicos consideran que esto podría indicar que los restos proceden de cuerpos con composiciones distintas o de regiones diferentes de un mismo planeta, como su corteza y su núcleo.
El hallazgo refuerza la idea de que los sistemas alrededor de estrellas muertas pueden ser mucho más complejos de lo que se pensaba.


