Un grupo de investigadores del programa noruego MAREANO encontró una sorpresa durante una exploración del fondo marino del Ártico. Mientras guiaban un vehículo operado a distancia (ROV) por un paisaje aparentemente uniforme, detectaron una acumulación inusual de gusanos tubícolas, cuyos cuerpos alargados sobresalían del lecho.
Cuando el vehículo recogió una muestra, una nube negra cubrió brevemente su campo de visión. Al disiparse, los científicos descubrieron pequeños organismos entre huesos y dientes. La zona resultó ser una tumba de ballena: los restos de un cetáceo que, tras hundirse, se habían convertido en fuente de alimento para la vida marina. La experiencia quedó registrada en el diario de la expedición, publicado en mayo.
La zona detectada durante el vuelo a través del transecto está indicada con una línea blanca discontinua. Foto: MAREANOUna nube negra reveló los restos de una ballena
Las nubes oscuras pueden aparecer cuando hay abundante materia orgánica oculta en los sedimentos marinos; indican crecimiento bacteriano y un elevado consumo de oxígeno. El equipo llevó la muestra a la superficie.
Primer plano de la zona con el ROV antes de la toma de muestras. Foto: MAREANO"El olor no era tan malo después de todo, pero usamos máscaras antigás como precaución", contó el grupo. Los investigadores añadieron: "¡Realmente nos sentimos como auténticos arqueólogos, como los Indiana Jones de las profundidades marinas!".
El equipo pronto entendió que había encontrado una caída de ballena, nombre que recibe el cuerpo de uno de estos cetáceos que se hunde tras morir. Su carne y sus huesos alimentan a la fauna del fondo, pueden aumentar la diversidad de especies y sirven como puntos de paso para la dispersión de algunos organismos.
Huesos de ballena a) y b). Los grandes huesos negros en b) son posiblemente huesos del oído. c) Varios dientes de ballena encontrados en la muestra. Foto: Marlene Pinheiro/MAREANOLos investigadores señalan en la publicación que estas observaciones son un poderoso recordatorio de que incluso paisajes aparentemente poco llamativos del fondo marino pueden albergar acontecimientos extraordinarios, como las caídas de ballenas.
¿Por qué estos restos preocupan ante la minería submarina?
Las caídas de ballenas también contribuyen a almacenar carbono y al ciclo del azufre, el nitrógeno y el fósforo. Sin embargo, sus esqueletos pueden quedar cubiertos por sedimentos y pasar inadvertidos durante las exploraciones del fondo marino.
En un entorno donde estos aportes son escasos, los restos actúan como oasis de alimento y permiten que comunidades especializadas sobrevivan temporalmente en distintas zonas del océano profundo.
El equipo advirtió que estos hallazgos importan mientras la minería submarina despierta preocupación por sus posibles efectos sobre hábitats todavía poco conocidos. En 2017, una expedición frente a Australia arrastró una caída natural de ballena situada a unos 1.000 metros de profundidad.
"Estos aportes excepcionales de materia orgánica sostienen comunidades muy especializadas y a menudo temporales, cuya dispersión, distribución, funciones ecológicas y conexiones a través del océano profundo siguen siendo, en gran medida, desconocidas", explicó el equipo noruego. Un paisaje aparentemente vacío puede esconder ecosistemas valiosos y vulnerables.


