El mundo está cambiando la forma de producir alimentos y la acuicultura es protagonista de esa transformación. Según la FAO, en 2024 alcanzó un récord de 103 millones de toneladas de animales acuáticos, superando por primera vez a la pesca extractiva. Para 2034 se proyecta que su producción llegue a 119 millones. Una oportunidad que el Perú no puede dejar pasar.
Tenemos condiciones naturales excepcionales, pero aún estamos lejos de aprovecharlas. La OCDE advierte que la acuicultura representa apenas el 2.6 % de nuestra producción pesquera. ¿Qué nos falta? Competitividad, infraestructura, innovación y, sobre todo, un Estado que promueva decididamente la inversión.
Los altos costos productivos, las brechas logísticas y la demora en aprobar proyectos, especialmente en materia ambiental, limitan su desarrollo. Necesitamos reglas estables, procedimientos ágiles y un régimen promotor que incentive nuevas inversiones.
La experiencia agroexportadora demuestra lo que puede lograr una visión de largo plazo. Desde la Ley de Promoción Agraria, el Perú construyó condiciones wque contribuyeron a transformar la agricultura en una fuente extraordinaria de empleo, exportaciones y divisas. La acuicultura puede seguir una ruta semejante.
No se trata de subsidios permanentes, sino de generar condiciones para atraer inversión, competir, innovar y crecer. La experiencia ha demostrado que lo hecho hasta la fecha no ha dado resultado, por ello El Estado debe asumir este desafío como una política nacional.
El Perú puede convertirse en una potencia acuícola. Pero las oportunidades no se cosechan por sí solas: requieren decisión, inversión y un marco promotor que permita sembrar hoy el desarrollo de mañana.

