La discusión sobre la crisis de nuestro fútbol ha estado incompleta. Hemos hablado de la irresponsabilidad de los clubes, las debilidades de los reglamentos y la gigantesca ineptitud de quienes tienen a cargo el manejo de la federación, pero poco, muy poco, de competitividad, infraestructura e institucionalidad.
Tenemos normalizado que en algunos vestuarios no haya agua, los árbitros no cobren a tiempo o que gobernanza y autonomía sean palabras huecas en Videna. Y para justificarlos usamos frases ingeniosas, aunque deleznables -“Así es el ‘fulbo’ peruano, pe”- que solo evidencian nuestro escaso interés por salir de las profundidades de la insignificancia, esa que en tantos aspectos de la vida nos define.
Pero déjenme por un momento ser ingenuo e imaginar que existen situaciones que nos enervan, nos revuelven el hígado hasta agrietarnos el rostro. Y que tanto hartazgo puede llevarnos a buscar soluciones rápidas y eficaces.
El VAR, por ejemplo, está por enésima vez en entredicho. Que no existan registros audiovisuales inapelables del presunto foul de Edison Flores a Matías Lazo en el ‘U’-Melgar o del supuesto offside cobrado a Kevin Quevedo en el Cusco deberían bastar para confirmar que no cumple con los fines para los que fue incorporado. Es decir, para usar palabras amables, su presencia en nuestro país ha sido un reverendo y estrepitoso fracaso.
¿A quién le sirve un sistema de videoarbitraje que funciona con tantas deficiencias? ¿Cuál podría ser el interés de usarlo con un número de cámaras insuficiente? ¿Qué beneficio podría traer que su manejo siga estando en manos de árbitros cuya ineptitud insisten en gritarla cada fin de semana?
Que el VAR es un fiasco debe ser una de las pocas conclusiones en las que existe coincidencia plena. Sobra decir, entonces, que los clubes y la federación deberían estar muy interesados en una solución eficaz, que empareje el suelo para todos.
¿Pero, por qué no han hecho nada hasta el momento? ¿Por qué ese afán de llenarse de lamentos cada fin de semana y no enfrentar el problema?
Es muy fácil, y tribunero, aparecer en televisión y canales de youtube denunciando conspiraciones, soltando incendios y arañazos porque la victimización capitaliza más rápido, maquilla flaquezas y transforma en héroe a quien menos lo merece.
Así que, señores directivos, les propongo algo más efectivo: de la platita que recaudan cada año para pagar sueldos estratosféricos a jugadores semijubilados, ¿por qué no usan una parte para armar un fondo que permita agregar más cámaras y mejorar el servicio de videoarbitraje? ¿Por qué no presionan al ‘Tín’ para que la Conar trabaje con mayor autonomía y pueda tener los recursos suficientes para mejorar la preparación de sus árbitros? ¿Por qué no se juntan con el IPD y los gobiernos regionales y firman convenios para mejorar las condiciones de los estadios y los campos de juego?
Imagino cuál será la respuesta: “De ninguna manera”, “Con mi plata no se metan”, “Ese no es nuestro trabajo”, “No podemos meternos con la federación”.
Bueno, pues, sigan llorando y mirándose al ombligo. Así es nuestro ‘fulbo’, pe.


