Algunos congresistas han criticado el viaje de la presidenta Keiko Fujimori a El Salvador, el mismo que tiene como objetivo recoger parte de la experiencia y lograr todo el apoyo necesario para combatir la situación de emergencia que afronta nuestro país con la extorsión y el sicariato. No reconocer la importancia de este viaje implica desconocer la realidad que afrontamos, y la necesidad que existe de toda la cooperación internacional para devolver el orden y la tranquilidad a las familias peruanas.
El gobierno de la presidenta Keiko Fujimori empezó sumando la ayuda de Estados Unidos, a través de la incorporación al Escudo de las Américas, y ahora extiende la suma de fuerzas con países de Latinoamérica como Ecuador con la visita del presidente David Noboa, y con El Salvador, donde el presidente Nayib Bukele afronta experiencias positivas, sobre todo en la recuperación del control territorial, y principalmente en los establecimientos penitenciarios.
Es innegable para Latinoamérica que el “Modelo Bukele” es una forma posible para enfrentar el fenómeno de las violencias y la criminalidad, sobre todo si lo comparamos con otras iniciativas que han tenido poco o nulo impacto en la región. La gran pregunta sigue siendo: ¿cuán replicable es el “Modelo Bukele” teniendo en cuenta las diferencias de contexto, historia y estructurales sociales de nuestro país?
La respuesta parte de entender dos pilares: el refuerzo en materia de inteligencia y la aplicación de las prácticas de prevención. El primer pilar abarca todo el sistema de seguridad nacional, empezando por desbaratar todas las redes criminales que operan dentro de los establecimientos penitenciarios con agentes del INPE coludidos. Retomar el orden en las cárceles es una prioridad, y en ese punto, El Salvador tiene amplía experiencia que va más allá de la construcción de megapenales. Esto a la par con un refuerzo en las unidades de inteligencia policial que permita contrarrestar el avance que tienen las organizaciones criminales que han incorporado tácticas de otros países para desplegar sus mecanismos de terror.
El segundo pilar tiene que ver con la prevención, orientada a la recuperación de espacios públicos. En San Martín de Porres aplicamos el “Modelo Bukele” a través del Centro Urbano de Bienestar y Oportunidades (CUBO), un espacio comunitario instalado en la zona de Condevilla, uno de los puntos más inseguros del distrito. El espacio que antes era noticia por robos y delincuencia hoy es un lugar seguro de desarrollo integral para niños, jóvenes y familias mediante actividades gratuitas.
Esta importante obra será inaugurada junto a Gustavo Acevedo, alcalde del distrito salvadoreño de Santa Ana, quien visitará nuevamente nuestro país después de su paso en 2023, donde firmamos un convenio para intercambiar experiencias en la lucha contra el crimen. Porque como dijo Acevedo en 2023, debemos trabajar juntos porque “estamos en una lucha mundial”. Y ese es un mensaje que debemos recordar a la clase política peruana.


