No tendrán la trascendencia y expectativa de los comicios presidenciales cada cuatro años, pero las elecciones de medio término en Estados Unidos también son de gran importancia porque, además de considerarse un referéndum de la gestión del gobernante de turno, marcarán la segunda mitad de su mandato.
En menos de tres semanas, el martes 3 de noviembre, los estadounidenses están llamados a votar para renovar la totalidad de la Cámara de Representantes (435 escaños) y un tercio del Senado (35 de 100 asientos).
Actualmente los republicanos ostentan una corta mayoría de 219 escaños frente a los 214 de los demócratas en la cámara baja, por lo que la oposición necesita una ganancia neta de tres escaños para tomar el control de la misma durante los próximos dos años.
En la cámara alta los republicanos lucen hoy una mayoría de 53 senadores, frente a los 47 demócratas. Los senadores representan a los estados y ejercen mandatos de seis años. Los demócratas tendrían que arrebatar cuatro escaños a los republicanos y mantener los suyos para voltear la torta a su favor.
Por si fuera poco, 36 estados elegirán a sus gobernadores, incluyendo los cuatro más poblados del gigante norteamericano: California, Texas, Nueva York y Florida. En el primero y el tercero prima el azul demócrata, mientras que en los otros dos se impone en las encuestas el rojo republicano.
Menos de tres semanas nos separan entonces de unas elecciones que podrían redefinir -y dificultar o no- el segundo tramo de este segundo gobierno del magnate republicano.


