Durante su reciente encuentro en Estados Unidos con Xi Jinping, el presidente Donald Trump le habría preguntado a su homólogo chino si Beijing estaría interesado en comprar armas estadounidenses, según el embajador de Washington en Beijing. Sin embargo, el magnate negó el lunes haber hecho esa pregunta. Más allá de la disputa sobre lo que ocurrió en esa conversación, el episodio pone sobre la mesa una paradoja estratégica: Estados Unidos lleva décadas vendiendo armas a Taiwán para reforzar su capacidad de defensa frente a China, mientras Beijing ha convertido el desarrollo de una potente y moderna industria militar propia en una prioridad estratégica.
La versión fue dada por David Perdue, embajador de EE.UU. en China, en una entrevista concedida el domingo a Fox News. Al explicar cómo surgió el comentario, el diplomático señaló: “El presidente Trump sigue diciendo que vendemos armas a otros países del mundo. De hecho, en un momento dado le preguntó al presidente Xi si le gustaría comprar algunas”.
Perdue estaba siendo entrevistado sobre la política estadounidense hacia Taiwán. Afirmó que el respaldo de Trump a la isla es firme y que le ha vendido gran cantidad de armas.
La última gran venta de armas aprobada por Washington a Taiwán fue un paquete por US$11.100 millones anunciado en diciembre del 2025. Otro paquete, de US$14.000 millones, permanece pendiente de aprobación y ha sido utilizado por Trump como una posible ficha de negociación con Beijing, según los analistas.
Pero el lunes Trump negó la conversación. “Nunca he oído eso”, dijo a los periodistas en el Despacho Oval de la Casa Blanca cuando se le preguntó por las declaraciones del embajador Perdue.
“Probablemente les gustaría comprarlas porque nosotros sí fabricamos mejor equipo que ellos, así que quizás sea una buena idea. Pero no lo hablamos”, añadió.
Antes, la Casa Blanca había declarado al diario The New York Times que Estados Unidos no tenía planes de vender armas a China, mientras que el Departamento de Estado afirmó que “la ley estadounidense prohíbe la venta de armas a China y no existe ninguna oferta ni plan para vender armas a China”.
En China, el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores Guo Jiakun no confirmó ni desmintió el comentario de Trump. Solo se limitó a decir que Beijing refuerza su defensa “en función de sus propias necesidades”.
Estados Unidos no reconoce a Taiwán como país, pero le vende miles de millones de dólares en armas; mientras que China exige que esas ventas terminen.
EE.UU. está obligado por sus propias leyes a proporcionarle a Taiwán los medios para defenderse. La Taiwan Relations Act de 1979 establece que Washington debe poner a disposición de la isla los artículos y servicios de defensa necesarios para que mantenga una capacidad suficiente de autodefensa.
La venta de armamento estadounidense a China se interrumpió en 1989, después de la represión de las protestas prodemocracia en la plaza de Tiananmén. El entonces presidente George H. W. Bush suspendió las ventas militares y los intercambios de defensa como parte de las sanciones contra el gobierno chino. Posteriormente, el embargo se convirtió en ley del Congreso. Antes de ello, Washington había permitido que China accediera a determinados programas de ventas militares.
Para el analista internacional Carlos Novoa, la pregunta de Trump a Xi debe entenderse más como una ironía que como una provocación, y refleja la particular forma en la que el presidente estadounidense concibe las relaciones internacionales.
“Donald Trump hace gala un poco de su condición de negociador nato”, sostiene Novoa. Agrega que el interés del mandatario por hacer negocios y obtener resultados mediante acuerdos terminó superponiéndose a su papel como jefe de Estado.
“Por un momento hubo una superposición de funciones y le salió a Donald Trump el hombre negociador. Dejó de lado, se olvidó, subordinó su condición de jefe de Estado”, explica.
Novoa considera que Trump estaría actuando bajo la lógica de que prácticamente cualquier interlocutor puede convertirse en un socio comercial si existe un negocio que resulte conveniente. “Es capaz de hablar con el diablo si es necesario con tal de hacer un buen negocio”, afirma, al comparar esta actitud con la que el mandatario ha mostrado en otros asuntos, como el petróleo y los hidrocarburos.
Sin embargo, para Novoa la pregunta adquiere otra dimensión cuando se analiza desde la perspectiva estratégica. Considera que Trump podría no haber ponderado suficientemente las implicancias de transferir armamento a China, uno de los principales rivales de Estados Unidos en la disputa por la hegemonía global.
“Hay un desconocimiento de fondo que él tiene sobre aspectos estructurales de la política exterior”, señala el analista.
Andrés Gómez de la Torre, especialista en temas de defensa e inteligencia, opina que la posibilidad de que Estados Unidos se convierta en proveedor de armas de China es muy remota, debido a la autonomía que ha alcanzado la industria militar del gigante asiático. Interpreta el comentario de Trump como una posible maniobra para acercarse a Beijing y abrir espacio para la industria armamentística estadounidense, pero con el fin de que este país no reclame por la venta de armas a Taiwán.
“Ha sido una suerte de ofrecimiento como para decir que Estados Unidos le vende a todo el mundo y también puede equilibrar la base con relación a las armas que podría venderle a China”, explica.
“No es ninguna provocación ni una ironía”, sostiene Gómez de la Torre. Agrega que se trata de una posibilidad que Estados Unidos históricamente ha utilizado: “generar eventuales dependencias o penetrar mercados”.
Recuerda que Washington ha empleado en el pasado las ventas de armas como una herramienta para ampliar su influencia. Menciona el caso de Egipto, donde Estados Unidos levantó a finales de los años 70 las restricciones a la venta de armamento estadounidense, una estrategia que, según explica, permitió posteriormente a Washington consolidar su presencia y reducir otras dependencias militares de El Cairo.
Según Gómez de la Torre, la principal dificultad para un eventual negocio es que China no necesita del armamento estadounidense. Sostiene que Beijing cuenta con una industria militar propia que considera “floreciente” y con un elevado grado de autonomía tecnológica.
“China produce actualmente una amplia variedad de sistemas, desde tanques, artillería, buques y submarinos hasta aviones de combate”, explica.
Gómez de la Torre recuerda también que Beijing ha desarrollado capacidades propias en ámbitos estratégicos como la tecnología de cohetes y la tecnología nuclear.
El analista descarta que una eventual venta implique necesariamente una transferencia significativa de tecnología militar avanzada a China. Añade que Washington tendría especial cuidado en no entregar sistemas o tecnologías de punta que puedan terminar fortaleciendo las capacidades militares de su principal rival estratégico.
Por ello, si llegara a concretarse algún tipo de venta, Gómez de la Torre considera que probablemente estaría limitada a equipos o sistemas de menor sofisticación, cuya tecnología no represente un riesgo estratégico importante para Washington.
Agrega que esto permitiría reducir el riesgo de que China utilice la adquisición para obtener información sensible, realizar ingeniería inversa o incorporar tecnología estadounidense a su propia industria militar.
En cuanto a Taiwán, Novoa recuerda que Estados Unidos mantiene un compromiso legal con la defensa de la isla y que Washington ha vendido durante décadas miles de millones de dólares en armamento a Taipéi.
“Quizá lo más importante que no ha querido o no ha puesto en una gran dimensión Donald Trump es el tema de Taiwán”, sostiene.
Según el analista, por ello será importante observar las reacciones que genere el episodio tanto dentro de Estados Unidos como en Taiwán. “Washington va a seguir apoyando a Taiwán, como siempre lo ha hecho”, afirma, aunque considera necesario esperar qué dicen los sectores estadounidenses especializados en política exterior y cuál es la respuesta de Taipéi.
Para Gómez de la Torre, el elemento central para entender la declaración de Trump está en Taiwán. Afirma que Beijing observa permanentemente la relación militar entre Washington y Taipéi, así como las transferencias de armamento estadounidense a la isla.
Gómez de la Torre recuerda que Taiwán ha sido un aliado militar tradicional de Estados Unidos y que Washington mantiene importantes compromisos de seguridad con la isla.
Además, señala que ha cobrado especial relevancia el paquete de US$14.000 millones en armas para Taiwán que Estados Unidos mantiene suspendido por el momento.
“Tras este ofrecimiento está el tema trilateralizado de la relación Washington-Taipei-Beijing”, concluye.


