“La gente aún no entiende que somos una banda que cuenta la historia”, menciona Bruce Dickinson, quien asegura que el único motivo por el que Iron Maiden se mantiene es porque nunca iban al bar a tomar unas cervezas, sino al estudio a grabar. “Si todos hubiéramos empezado siendo amigos, nos habríamos separado hace mucho tiempo”, menciona, y medio siglo después de ese pacto profesional, la banda regresa a Lima el 17 de octubre para celebrar su nueva gira en el Estadio Nacional.
Esa unidad de colegas ha resistido de todo, salida, regresos, peleas internas e incluso a la misma Iglesia, que los acusó múltiples veces de satanistas. “Nos encantó. Fue genial. Nos dio una publicidad realmente estupenda. Además, muchas personas pensaron que una Iglesia ocupada abusando de niños no deberían andar llamando satanista a una banda de rock and roll”.
A diferencia de sus conciertos en Perú en 2009 y 2011, esta vez el repertorio incluye canciones que no tocaban hace 35 años. También subirá al escenario varios Eddie, la mascota del grupo. Habrá pantallas de video con contenido creado para la ocasión. “Sabemos que ustedes saben que normalmente tocamos mucho en Brasil, Argentina y Chile; Perú ya era un lugar a donde queríamos volver”, menciona Dickinson.
En esta ocasión, la canción “The Trooper”, que narra un desastre militar británico, no será interpretado con bandera británica en mano. En Argentina, esa imagen chocó con la memoria de la guerra de las Malvinas, un trasfondo que, según Dickinson, nada tiene que ver con la canción. Iron Maiden, sin embargo, aprendió de la experiencia y hoy ondea las banderas de ambos países. “Cuando estemos en Perú, tendremos la bandera peruana”, promete.
Una vida al metal
La voz de Dickinson estuvo en juego en 2014. Un chequeo de rutina antes de Navidad detectó un tumor en la parte posterior de su lengua. Pasó siete semanas de quimioterapia y radioterapia y recibió el alta en 2015. Estaba en plena grabación del decimosexto disco “The Book of Souls”, que salió ese septiembre, y aún así continuó, a pesar del riesgo de perder por completo la voz.
Para Dickinson es normal tomar decisiones difíciles. En 1993 dejó Maiden, pero regresó en 1999 junto a Adrian Smith y, entre medio, levantó una carrera solista que defiende con orgullo. Su último disco, “The Mandrake Project”, tuvo una recepción dispar, según a quién se le pregunte. Aun así, prepara un sucesor previsto para comienzos de 2027, grabado en vivo en el estudio y, resalta, “sin inteligencia artificial ni nada de esas tonterías”.
Ahora todo su trabajo musical es también un asunto de familia. Las giras lo mantuvieron lejos de casa durante décadas y admite que, por estar viajando por el mundo, no estuvo con sus hijos durante la mitad de sus vidas. Hoy los tiene a bordo. Austin, de 35 años, aportó la maqueta de una canción que será sencillo, y Griff trabaja como director de escenario en sus giras. “No intento ponerme morboso, pero, en el tiempo que me queda, quiero pasar más tiempo con mi familia, no menos”, dice.
Las aventuras en solitario de Dickinson tiene varios momentos, como en diciembre de 1994, ya fuera de la banda y con su proyecto solista Skunkworks, viajó a la capital bosnia en un convoy de ayuda escoltado por cascos azules de la ONU, cuando la ciudad llevaba casi tres años bajo asedio. El concierto se celebró en el Centro Cultural Bosnio. Años después, en 2019 la ciudad lo nombró ciudadano honorario. Tras la ceremonia, él restó mérito a la hazaña: no detuvieron la guerra, dijo, solo hicieron que la gente se sintiera mejor. “Todo puede pasar en esta vida”, resume Dickinson.
A lo largo de los años, Dickinson hizo de todo. Calcula que acumuló unas 7.500 horas de vuelo como piloto comercial —en 2008 llevó a miembros de la RAF de regreso de Afganistán—, produce cerveza artesanal y es autor de libros, entre ellos su autobiografía, “What Does This Button Do?”. Se licenció en Historia en el Queen Mary College de Londres —aunque sus padres querían verlo en el ejército—, entrenó con el equipo olímpico británico de esgrima en los ochenta y todavía practica ese deporte varias veces por semana.
De esa pasión nace su próximo proyecto, una película sobre esgrima que, según él, se parecerá a Karate Kid. Aún no está terminado el guion, ni hay actores ni dinero, algo que no lo desvela, porque de momento la banda vuelve a exigirle todo su tiempo. “Todavía hay millones de personas a las que tenemos que convertir en seguidores de Iron Maiden, estamos trabajando en ello”, concluye.


