El ecosistema peruano de startups llega al cierre de 2026 con una señal que resume el cambio: se concretan menos operaciones, pero las compañías que consiguen financiamiento acceden a tickets mayores. Al mismo tiempo, incubadoras y aceleradoras observan emprendedores que llegan con más ventas, clientes y validación, mientras la inteligencia artificial reduce las barreras para construir nuevos negocios, pero también hace más fácil replicarlos. ¿Qué está cambiando para las startups que buscan crecer y levantar capital?
En entrevista con Gestión, Paloma Aparicio, directora ejecutiva de la Asociación Peruana de Capital Semilla y Emprendedor (PECAP), explicó que todavía es prematuro proyectar cómo cerrará 2026, debido a que algunas operaciones permanecen confidenciales y una transacción relevante podría modificar el resultado anual.
Sin embargo, durante el primer semestre se identificaron tres transacciones de capital por aproximadamente US$17 millones. Frente al mismo periodo de 2025, esto representa cerca de 25% menos operaciones, pero 20% más capital invertido.
La fotografía cambia al incorporar la deuda. Aparicio detalló que PECAP identificó al menos US$46 millones de financiamiento durante la primera mitad del año: US$17 millones en equity y US$29 millones en deuda. Uno de los casos que explica esta composición es Prestamype, cuya ronda de US$27 millones incluyó US$25 millones de deuda y US$2 millones de equity.
“Más que anticipar hoy una cifra de cierre, creo que la señal para este año es que el mercado se está volviendo más exigente y el financiamiento más diverso”, explicó Aparicio. A la vez, señaló que existen compañías capaces de acceder a tickets mayores, aunque el capital continúa concentrándose en pocas operaciones.
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¿Por qué levantar capital exige más que una buena idea?
Elizabeth Acuña, vicepresidenta de PECAP, explicó a Gestión que el mercado de inversión ha pasado por distintas etapas: de valorizaciones elevadas en compañías con poca tracción a una búsqueda de negocios con crecimiento, planificación, sostenibilidad financiera y un camino hacia la rentabilidad. Con la IA aparece una nueva capa: determinar dónde está la ventaja competitiva.
Acuña señaló que equipos de cuatro o cinco personas pueden construir un negocio y alcanzar ingresos de entre US$500,000 y US$1 millón en 12 meses, acelerando la aparición de nuevos competidores.
“El mayor reto hoy es cómo encontramos esa diferenciación”, sostuvo.
Para la ejecutiva, la respuesta está también fuera de la tecnología. La distribución, la capacidad del fundador para vender y qué tan integrado está el producto en el negocio del cliente adquieren mayor peso.
“Esa capacidad de distribución y esa capacidad de qué tan dentro del core de negocio estás del cliente al que estás sirviendo”, explicó Acuña.
El cambio también se observa antes de llegar al inversionista. Marilia Montesinos, jefa de Emprendimiento de Innova ULima, explicó a Gestión que durante 2026 están llegando menos proyectos en una etapa de simple presentación o MVP y más equipos con fundadores dedicados, ingresos recurrentes, métricas de unidad económica y un problema específico validado.
También observa proyectos de incubación que llegan con clientes, ventas y productos validados. Para Montesinos, esto refleja un emprendedor más pragmático: primero valida con clientes y demuestra que el modelo funciona y luego busca capital.
La diferencia también está en el propósito de cada etapa. La incubación busca acercar al proyecto al product-market fit y sus primeras ventas, mientras que la aceleración apunta a preparar a compañías con mayor tracción para una eventual búsqueda de inversión, con métricas, valorización, hoja de ruta y visión internacional.
Cristhian Agüero, jefe de Emprendimiento del Centro de Emprendimiento de Emprende UP, señaló a Gestión que la captación de capital continúa siendo difícil porque muchas startups todavía no tienen el nivel de tracción escalable que exige el venture capital.
Y es que, desde su perspectiva, varias compañías se encuentran entre la validación del mercado y las primeras señales de tracción, mientras los fondos buscan negocios capaces de crecer a gran velocidad.
Marita Ruiz Tafur, directora del Centro de Emprendimiento de Emprende UP, explicó a Gestión que otra dificultad está en entender cuándo una startup está preparada para levantar capital y si su modelo realmente encaja con las exigencias del venture capital. Por ello, el centro pone mayor énfasis en las ventas y la sostenibilidad del negocio que en levantar inversión como indicador de éxito.
Ruiz Tafur agregó que, según lo que han recogido de algunos inversionistas, estos pueden tomar como referencia ingresos mensuales de entre US$5,000 y US$10,000 al evaluar determinadas startups. La cifra, en este caso, no constituye un requisito general del mercado.
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¿La IA está haciendo más fácil emprender y más difícil diferenciarse?
En StartUPC, el cambio es particularmente visible. Renzo Reyes Rocha, director de StartUPC, señaló a Gestión que una de las tendencias más fuertes de sus últimas convocatorias son los chatbots conversacionales impulsados por IA para captar clientes, cerrar ventas y reducir el ciclo comercial. Las aplicaciones aparecen en sectores como inmobiliario, salud y avícola, además de soluciones para agroexportación.
La herramienta también está cambiando quién puede construir una startup. Reyes observa que perfiles que no necesariamente tienen formación en programación —como administradores, comunicadores, arquitectos o médicos— están desarrollando prototipos mediante herramientas de IA y programación con lenguaje natural.
Pero esa facilidad tiene un efecto secundario: más empresas pueden terminar ofreciendo soluciones similares.
“Cualquier negocio puede ser copiado con un prompt... ya no tienes negocio”, resaltó Reyes.
Por eso, Reyes considera que la ventaja competitiva se desplaza hacia elementos menos tecnológicos: comunidad, velocidad de ejecución, contactos, conocimiento del negocio, alianzas y redes.
“Lo blando se ha vuelto en una ventaja más competitiva que lo tecnológico”, resumió.
Montesinos también observó esta tensión. En las startups que pasan por Innova ULima, la pregunta de los inversionistas no es solamente si utilizan IA, sino si esta genera una ventaja difícil de copiar. Entre los elementos que pueden marcar diferencia menciona datos propios, conocimiento profundo de una industria y una estructura de costos competitiva.
Para Acuña, la IA también puede modificar las necesidades de capital. La ejecutiva explicó que, con subsidios y beneficios de proveedores tecnológicos, algunas compañías pueden construir negocios con menos capital que antes. Aparicio, en tanto, observa que las startups están combinando capital propio, bootstrapping, reinversión de ingresos, equity y deuda cuando el modelo lo permite.
El cambio llega, además, en un momento en que el acceso al capital temprano continúa siendo un cuello de botella. Aparicio señaló que las operaciones semilla fueron las más numerosas en 2025, con 13 transacciones, pero se trató de operaciones pequeñas que no cubrieron toda la demanda identificada. Para 2026, además, observa menor actividad de inversionistas ángeles, que suelen participar en esas etapas.
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¿Qué negocios pueden ganar espacio hacia 2027?
Fintech aparece como uno de los principales puntos de coincidencia entre las fuentes consultadas. Acuña señaló que el sector concentra más de 50% del capital de venture capital invertido en Latinoamérica, según el reporte regional de AFCA al primer semestre.
En Perú, Aparicio indicó que Fintech representó más de 75% del monto total de financiamiento en 2025 y que, con las operaciones reportadas para 2026, su participación sería similar o incluso mayor.
Sin embargo, las apuestas para 2027 se extienden hacia otros sectores.
Montesinos identifica oportunidades en legaltech, software para logística y cadena de suministro y fintech B2B, además de soluciones vinculadas con minería, agro y construcción. Innova ULima también está incorporando proyectos de deep tech y científicos mediante su iniciativa “Emprende Con Ciencia”.
Desde Emprende UP, Ruiz Tafur observa otra posibilidad: empresas que vendan servicios apalancados en tecnología. La lógica es que las compañías pueden estar más dispuestas a contratar soluciones tecnológicas como servicio para resolver necesidades concretas, lo que abriría espacio para negocios capaces de generar ingresos y sostenerse con mayor autonomía.
En StartUPC, Reyes apunta a EdTech como una de las apuestas para 2027 a través de Más Edu. También espera continuidad en Fintech y un mayor desarrollo de los servicios tecnológicos.
Desde PECAP, Aparicio plantea mirar las ventajas particulares del Perú. Minería, industria y cadenas de suministro pueden convertirse en espacios para desarrollar soluciones con capacidad de competir fuera del país. Acuña suma agricultura entre las oportunidades, por el espacio que todavía existe para incorporar tecnología en una industria relevante para la economía peruana.
La condición para aprovechar estos sectores es que el mercado peruano no sea el destino final. Aparicio considera que Perú puede funcionar como mercado de validación, pero la oportunidad debe trascender hacia otros países de la región. Para los inversionistas internacionales, agregó, pesan la escalabilidad, el equipo y una propuesta suficientemente diferenciada para competir fuera del país.
El capital internacional continúa teniendo un papel central. Aparicio señaló que más de 90% del capital invertido por fondos de venture capital en Perú proviene de fuentes internacionales. Estos inversionistas, según explicó, buscan startups que puedan demostrar tracción, eficiencia financiera y capacidad de expansión regional.
Al mismo tiempo, PECAP observa la necesidad de ampliar la participación del capital local. Aparicio mencionó la aparición de nuevos gestores y vehículos como ADN VC, enfocado en etapas tempranas, pero señaló que todavía existe un desafío para acercar a los Family Offices peruanos al venture capital. Acuña destacó el papel de Cofide y su fondo de fondos para atraer inversión internacional y favorecer la creación de fondos locales.
Otro indicador de madurez está en las salidas. Aparicio destacó la adquisición de una participación mayoritaria de NutriCo, en una operación de ocho cifras cuyo monto no fue divulgado, porque generó liquidez para inversionistas tempranos. Para PECAP, este tipo de transacciones demuestra que es posible invertir en una startup peruana, acompañar su crecimiento y posteriormente generar retorno.
El ecosistema, sin embargo, todavía busca un caso de escala regional que genere un efecto multiplicador sobre nuevos fundadores. Acuña señaló que Perú no cuenta todavía con un caso comparable, por alcance, a Rappi en Colombia o MercadoLibre en Argentina. A su juicio, este tipo de compañías no solo devuelve capital, sino que también genera nuevos emprendedores entre sus antiguos trabajadores y ejecutivos.
Así, el balance de 2026 queda marcado por una paradoja: menos operaciones, pero más capital en las compañías que consiguen financiamiento; más herramientas para construir, pero también más competencia; y más exigencia para demostrar que una startup puede vender, retener clientes y escalar.
La IA puede haber reducido parte de la barrera tecnológica para emprender. El siguiente desafío, para las startups peruanas que busquen capital en 2027, será demostrar que detrás de esa tecnología existe un negocio que vende, una ventaja difícil de copiar y un mercado que trasciende el Perú.


