“Está prohibido postular, pero no está prohibido el ser. Y esa es la diferencia legal y filosófica del tema”. Esta fue una de las primeras declaraciones de quien postuló como teniente alcalde por Renovación Popular, cuando los resultados mostraron que su agrupación habría ganado las elecciones y que él, gracias a la renuncia del candidato a alcalde, podría ser reelegido, aunque la ley expresamente lo prohíba. Para algunos, la ley puede ser un chiste. Pero, para eso, mejor recordar a Cantinflas y su famoso 'ser o no ser, ahí está el detalle'. Los problemas de Lima no están para bromas.
Mientras esperamos qué decide el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) al respecto, hay varias cosas que sí se tienen en claro. Sea que se proclame o no a López Aliaga como alcalde, Renovación Popular se vio favorecida gracias al silencio del JNE con relación a la posibilidad de que el candidato celeste, en la práctica, sea reelegido. Si se compara la encuesta de intención de voto de Ipsos de julio, donde todavía figuraba Luis Rubio por Renovación Popular, con la encuesta de agosto, donde por primera vez se preguntó por Rafael López Aliaga, es indudable que el cambio que Renovación realizó (y el JNE toleró) le permitió a la candidatura de la agrupación celeste duplicar su intención de voto. No es que sean grandes números, pero, dentro de la modestia de las cifras, Rubio, en julio, obtuvo un 10 % de intención de voto (ubicándose en un segundo montón, debajo de Bruce, con 14 %) y, al mes siguiente, con López Aliaga (que era y no era candidato), Renovación Popular comenzó a encabezar los sondeos con 21 % de intención de voto. La personalización de la política, y de la competencia electoral en particular, es un hecho que tiene ya buen tiempo. ¿Hubiera sacado la misma votación Renovación Popular con Rubio como candidato? Si la respuesta es no, podemos ver cómo el dilema de ser y no ser, que también envuelve al JNE, favoreció una particular candidatura. Como ya comentamos en un artículo anterior, permitió además que, en todos los paneles en vía pública, así como en redes sociales, quien apareciera como candidato a la alcaldía era el postulante a teniente alcalde. Si en una encuesta se hubiese podido mostrar fotos de los paneles de los diferentes candidatos a la alcaldía de Lima y se hubiese preguntado, en el caso de Renovación Popular, ¿quién está postulando a la alcaldía? ¿Qué creen que habría respondido la gente? ¿No sabe, no precisa? Lo dudo.
Lo que más le interesa a López Aliaga de Lima es que le sirva de trampolín para la presidencia. Ese fue su objetivo en el 2022 y fue el motivo para actuar tan precipitadamente en el asunto de los trenes o la extensión de la vía expresa por el sur. La gente que votó por él valora una serie de obras, algunas razonables y bien hechas, pero muchas otras han sido realizadas sin cuidado alguno, básicamente por afán electoral. Ya sea que él asuma la alcaldía u otro miembro de su partido, para López Aliaga, la gestión de Renovación Popular en la capital buscará ser la base de lanzamiento de su candidatura presidencial al 2031. Esto no tendría nada de malo; al contrario, se podría considerar como un incentivo para una buena gestión, pero eso es justamente lo que se cuestiona. Nadie duda de que necesitamos un Estado (central, regional, municipal) más eficiente y cercano a las demandas ciudadanas, que no demore siglos en hacer las cosas, pero eso no puede justificar que se desconozca la ley y se interprete según antojos y ambiciones. Eso significa erosionar más aún la democracia, poniendo como alternativa el abuso del poder. Se contradice con la idea de poner orden.
A futuro, López Aliaga debería recordar que en votos emitidos ha obtenido un 25,63 %, un par de puntos porcentuales más que en el 2022. Algo debería decirle ese magro crecimiento. Tres cuartas partes de Lima no votaron por él. El “obrismo” también fue un sello de Castañeda Lossio y Solidaridad, el nombre que tenía la agrupación antes de convertirse en Renovación Popular. Pero Castañeda, si es cuestión de comparar reelecciones, cuando fue reelegido en el 2006 obtuvo el 42,52 % de votos emitidos, luego de haber sido elegido en el 2002 por el 34,87 % de los votos emitidos.
Buena parte del crecimiento de Allison en los últimos días fue una combinación de atención tardía por parte de una ciudadanía cansada de una política desprestigiada y la desaprobación a una forma de comportamiento. Un anti cansado o aburrido de ser anti en una ciudad donde la gran mayoría, según el Instituto de Estudios Peruanos-IEP, se ubica en la derecha (52 %) o el centro (35 %). La fragmentación del voto hizo lo suyo y Bruce no solo no logró captar un voto alternativo (se mantuvo siempre alrededor del 15 %), sino que, en la etapa final, donde muchos terminan decidiendo por quién votar, entró en la lógica confrontacional de López Aliaga.
Muchos de quienes marcaron la R lo hicieron por asociar a López Aliaga a obras viales, un estilo de “mano dura” en la gestión y la consideración de que, siendo un empresario con fortuna personal, no debería estar cercano a la corrupción. Pero esos mismos votantes rechazan los desplantes, los insultos, las groserías y la prepotencia. Cuando la gente pide “mano dura”, es la forma en que algunos entienden la necesidad de poner orden y combatir la indolente burocracia, pero no necesariamente lo confunden con el maltrato o el insulto. Ya que el probable alcalde de Lima anda en reflexiones ontológicas, debería evaluar si su actual estilo, sazonado de insultos y discriminaciones, le dará para mostrarse como alternativa al fujimorismo en el 2031, de cara a una elección nacional.


