Santos peruanos. A propósito de la visita del Papa peruano | Charles Johnson: Middle Passage (1990). James Joyce: Ulises (1922)
A poco de la esperada visita de Su Santidad peruana, recogemos la presencia de dos santos peruanos, Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres, seguramente los más venerados, en un par de novelas muy reconocidas. Aquí las historias. Amén.
RPP••Actualizado: 22 oct. 2026, 1:00 p. m.
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El Papa León XIV admira a santo Toribio de Mogrovejo, con quien se identifica como un evangelizador y peregrino que, como segundo arzobispo de Lima, recorrió todo el país y en especial el norte hasta su muerte en 1606, como el mismo Robert Prevost haría cuatro siglos después. Hay mucho de literatura en las vidas de los santos, un género en sí mismo y no son pocas las menciones a nuestros principales santos peruanos en numerosas obras hispanoamericanas, y el logo de la visita del Papa es uno en que se encuentran graficados los cinco santos peruanos, un mensaje en sí mismo. Lo curioso, y que muy pocos saben, es que dos de nuestros santos aparecen nada menos que en el “Ulises” de James Joyce y en una notable novela ganadora del premio Nacional de los Estados Unidos en 1990: “Middle Passage”, de Charles Johnson. Aquí les contaremos de estas santas apariciones, como para prepararnos para la llegada del Papa nacional.A la primera llegué por error, pues creí entenderle a un amigo escritor, el gran Guillermo Niño de Guzmán, que James Joyce tenía alguna mención sobre el Perú. Aquello me llevó a revisar algunas de las obras del autor irlandés —de quien a decir verdad me ha costado siempre leer y ciertamente no está entre mis favoritos—. Me costó mucho, por eso mismo, encontrar una llamada a la peruanidad, hasta que, ayudado por la tecnología, encontré que en realidad sí existía una mención, apenas en una letanía de nombres de santos y esta ocurre en un bar en Dublin, uno de los escenarios en que transcurre el Bloomsday en el “Ulises”, el 16 de junio de 1904. Se trata nada menos que de Santa Rosa de Lima.Es en el capítulo XII de la novela de Joyce que aparece en un largo listado, y junto a otra santa Rosa, la de Viterbo, son mencionadas en medio de una andanada de nombres de santos reales y otros ficticios, que aparece en medio de los ataques que un nacionalista irlandés infiere a Leopold Bloom por su origen judío. Es en torno a la religiosidad que transcurre este episodio, así como en otros de la novela en su paródica referencia a la Odisea, de modo que quizás Joyce solo la incluyó auscultando un misal o un libro con la vida de los santos. Pero igual ya de por sí es una curiosidad que creo nadie había expuesto antes. Milagro papal. Un pasaje complicado y una República a la deriva“Middle Passage” es una excelente novela norteamericana que busca contar algo de ese “pasaje del medio”, el nombre que se le dio a la ruta esclavista que traficaba hombres y mujeres desde las costas del África hacia el Caribe y luego América del Norte en el siglo XVIII y cuyos abusos impulsó la corriente abolicionista que culminaría en la Guerra de Secesión de los Estados Unidos.El relato es contado por Rutheford Calhoun un esclavo liberto proveniente de Illinois que llega a la vibrante Nueva Orleans, en donde cae en las redes del licor y la prostitución, convirtiéndose en un ladrón de poca monta y enamorándose de una profesora de escuela, Isadora, quien busca redimirlo. Sin embargo, Calhoun se encuentra entre el vicio y la virtud, sin poder escapar de sus deudas de juego contraídas con un capo local, Papa Zeringue, y de una promesa de matrimonio con Isadora que lo intimida. En su desesperación, Calhoun se enlista en el “Republic”, un barco destinado al continente africano, hacia donde va y desde donde se embarcan hombres, mujeres y niños de la tribu de los almuseri.En el camino de regreso a América, el capitán, Ebenezer Falcon, se obsesiona con un extraño objeto que los almuseri han cargado con ellos y que parece guardar un misterio, pues quien se aproxima a él tiene visiones y alucinaciones místicas. Lo que parece guardar la caja de madera que lo contiene es la divinidad de los almuseri, una que adopta formas diversas para quien la observa y que mantiene la unidad y la paz entre ellos. Y es que los almuseri —descrita como una de las primeras civilizaciones del mundo— son pacíficos, no comen carne y no desean hacer mal a nadie, dejándose castigar y hasta morir, cultivando una fe y resistencia frente a cualquier estímulo externo, incluida la crueldad de sus captores.Lo que sucede a bordo del barco luego en el “pasaje del medio” es una tormenta y un desordenado motín que lleva a la muerte de Falcon, la propagación de enfermedades en la tripulación y una embarcación que queda al garete, en la que el agua y los comestibles escasean. Por suerte para los que quedan a bordo, el bote “Juno” llega al rescate y salva a la diezmada tripulación del “Republic” —un barco y una República a la deriva, como se puede apreciar—.Finalmente, Calhoun llega a puerto y lleva consigo a Baleka, una niña pequeña que queda huérfana en la travesía y encuentra a Papa Zeringue, quien desea desposar a Isadora. Por suerte para él, Calhoun ha rescatado también la bitácora del “Republic”, donde encuentra que Papa Zeringue es uno de sus propietarios y ha cometido diversas fechorías que Falcon y sus marineros han documentado. Tras amenazarlo con entregar la bitácora a las autoridades, Zeringue decide perdonar a Rutheford y dejar que esta vez sea él quien finalmente se case con la encantadora Isadora. San Martín de Porres, el santo morenoEl colofón de la novela encuentra a Rutheford Calhoun dejando de lado sus malas artes, casado con Isadora y con Baleka como hija adoptada. A lo largo de la difícil travesía, el hombre ha encontrado la sabiduría de los almuseri y ha decidido convertirse en un buen hombre, alguien que quizás pueda abrazar la santidad, como Martín de Porres.Y es que, al inicio de la novela, cuando Calhoun cuenta cómo se ha liberado, las dificultades con su familia y sus inicios como ratero de poca monta, relata también cómo se encuentra en Nueva Orleans con un buen hombre, el reverendo Peleg Chandler, quien es el primero que intenta convertirlo y “hubiera deseado convertirlo en un predicador negro, quizás incluso un santo mulato como el cura sudamericano Martín de Porres —o, para el caso, mi hermano Jackson—. Aun sí, por todo el contenido teológico, siempre fui llevado por la naturaleza a los extremos”.Nueva Orleans, 1830, esclavos libertos y un santo moreno, cuya fama trasciende Sudamérica hasta un lugar en que el esclavismo se multiplica, al igual que el castigo contra los negros que llegan del África, cargados de bondad, sin saber cuál será el infierno que encuentran en la tierra. Son los almuseri aquí, la tribu imaginada por Charles Johnson, la que practica la verdadera santidad y la que instruye a un hombre dañado como Rutherford Calhoun, redimiéndolo y dándole una nueva oportunidad. Como la que, quién sabe, tuvieron muchos peruanos que conocieron a Robert Prevost antes de que fuera quien es hoy.“El testimonio de los santos, profundamente arraigado en la realidad concreta de su época, nos recuerda la fuerza innovadora y transformadora de la Pascua. Ellos nos muestran una historia modelada por la fe.” Eso dijo nuestro Papa en un reciente post en X. Ojalá sea solo un adelanto de lo que nos traiga su visita a esta, su patria por elección, que tanto necesita de su palabra. Que Santa Rosa, San Martín, Santo Toribio de Mogrovejo y los otros santos peruanos iluminen su camino en este valle de lágrimas.
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