No es para nada un secreto: Santiago Roncagliolo es uno de los escritores peruanos más relevantes de las últimas décadas, autor de novelas exitosas como Pudor, Abril rojo, El año en que nació el demonio, entre otras, que han recibido buena recepción crítica y un contundente favor del público. Pero este año, ha publicado un libro de no ficción que, desde ya, se sitúa al lado de títulos referentes locales en este género al que deberíamos atender más. En El pastor y los lobos (Seix Barral), Roncagliolo nos relata la historia de cómo Robert Prevost se convirtió en el papa León XIV, su relación con el Perú, la misión que lo llevó a investigar los abusos sexuales dentro de la Iglesia católica y la historia personal del propio autor. Este es un relato, se colige, con tramas entrecruzadas, en el que queda demostrada la pericia narrativa de Roncagliolo para entregarnos un libro entretenido, pero no menos doloroso. La República conversó con el autor.
-El pastor y los lobos tiene partes muy difíciles de abordar, pero imagino que las páginas dedicadas al divorcio de tus padres debieron ser las más complicadas.
-Expone mi historia personal de una manera que nunca había hecho. Aún me siento nervioso, como en mi primer libro. Ese libro hablaba de la violencia y los maltratos. Mi padre se puso furioso. Tuvimos una larguísima discusión. Pero esa es la vida que yo tengo y eso es lo que puedo decir. Y él lo entendió.
-Tarde o temprano ibas a escribir en detalle del divorcio.
-Mi padre me dijo: espera que me muera. Tardó 20 años. Esta es una historia de perdón también. En este caso era necesario porque cómo explicas qué es la fe. Bueno, puedes agarrar un tratado antropológico y decir que la fe es una creencia cultural basada en herencias históricas y tradiciones. Eso no sirve para nada. Había que hablar de lo que le da la fe a una persona en su cabeza, en su corazón.
-Hay un tono moral en el libro.
- Ha sido un libro escrito en un momento de mi vida en que yo creo en pocas cosas ya. Este es el libro de alguien que quiere creer, que quiere, por favor, que alguien tenga un punto de vista moral civilizado mientras los presidentes amenazan con guerras, invaden países y matan niños. El autor de este libro quiere creer que ha escrito sobre un hombre bueno y necesita creerlo.
-Aquí hay temas fuertes. Tenemos, por ejemplo, el abuso sexual, la persecución a periodistas, delitos financieros y curas que mandan sicarios. Y detrás de ese escenario, se percibe a una persona que, de alguna manera, quiere acercarse a Dios.
-Me alegra que percibas eso. La razón no está funcionando. Enciendes una televisión y ves a un señor muy de izquierda gritándose con uno muy de derecha y sabes lo que van a decir antes de que empiecen a hablar. Las democracias, que son el producto más sofisticado del racionalismo, matan gente, matan niños y están felices de proclamar sus asesinatos y sus guerras. Algo se ha roto y te invita al cinismo, a no creer en nada, pero no creer en nada no hace mejor tu vida. Esta investigación llega en una época de mi vida en que necesito creer en algo y recuerdo cuando creía. Recuerdo qué cosas me daba creer: una protección frente al miedo, alivio contra el dolor; creer le daba sentido a un chico como yo, que era un chico completamente perdido, sin ninguna idea, sin ningún referente.
Robert Prevost solía montar mulas durante su trabajo pastoral en Chiclayo-Estamos hablando de una historia con todos los elementos de una novela.
-Es un thriller de no ficción. Todos mis libros de no ficción han empezado con un encargo. Para este libro me llamaron el día en que eligieron al papa, porque había escrito de temas religiosos. Muchas de mis novelas hablan del catolicismo y del poder. Me preguntaron si tenía idea de quién era este papa que había vivido en Perú; me preguntaron si quería hacer un libro. Lo único que sabía era que Prevost había nacido en Chicago y que se había ido a Chulucanas para luego irse a Chiclayo.
-¿Ese camino conduce al Vaticano?
-Entendía que, si haces eso, eres misionero. No lo haces para ser cardenal, no lo haces para tener más confort ni más poder. Y si es un misionero en el Perú de los 80, muy probablemente tenía que ver con la teología de la liberación. Pues ese es el cristianismo en el que yo crecí. Entonces, había algo que yo podía decir. Pensé, en el peor de los casos, que esta será la historia de este cristianismo y de los curas muertos, asesinados por dictaduras, que es algo poco conocido y poco recordado, menos de lo que debería. Y la historia de cómo un tipo que sale de ahí se convierte en papa en dos años.
-¿Cambió ese arranque inicial?
-Por supuesto. Mientras reunía información, fui descubriendo que Prevost investigaba muchas cosas oscuras, muchos pecados de la iglesia, como abusos sexuales, delitos financieros. Descubrir eso fue inesperado. La historia de Prevost en Perú ya era interesante, pero esto ya era un thriller con un papa. Esto nunca se ha visto.
-Como si todo fuera cíclico en la historia de la Iglesia católica. Lo que sucede ahora con Prevost no es nuevo.
-Se ha vuelto a abrazar el Concilio Vaticano II. Juan XXIII y Pablo VI hacen una serie de reformas que asustan a mucha gente en la iglesia. Con Juan Pablo II y Benedicto XVI marcan el regreso. Y luego viene Francisco para llevar las cosas al otro lado. Hay una guerra dentro de la iglesia y es una guerra política, que puede ser muy brutal, la cual puede usar los abusos sexuales como arma.
"El pastor y los lobos" (Seix Barral). Precio: S/ 70. Imagen: Difusión.-Cualquier dato no corroborado es muy peligroso.
-Hemos hecho el trabajo de investigación y las lecturas legales para estar seguros de que todo está fundamentado. Yo tengo una gran ventaja que me ha permitido hablar de temas muy delicados, y esa ventaja es que no vivo en el Perú. Mi trabajo está en muchos países: no me puedes despedir, no me puedes presionar. He tenido episodios violentos, pero paso poco tiempo aquí; este es un privilegio del que deberían gozar los periodistas que viven en el país. No les pasa solo a Paola Ugaz o Christopher Acosta; hay mucha gente que, por contar la verdad y denunciar al poder, es despedida o sus casos no tienen visibilidad. Eso existe. En el Perú, cuando cuentas el horror del poder, se castiga al que lo cuenta, no al poder. Me han pasado cosas duras, no como a Pedro Salinas y Paola Ugaz, pero no soy un loco suicida. Estamos protegidos hasta donde podemos, tanto la editorial como yo.
-Para muchos, la historia de Prevost sigue siendo alucinante. De una provincia de Perú sale un papa.
-Prevost encarna justamente algo que defiende profundamente la teología de la liberación: la gente no está para servir al clérigo, sino que el clérigo está para servir a la gente. Y en el caso de Perú, ante el fracaso del Estado, la iglesia muchas veces hace ese papel. Este señor ponía plantas de oxígeno para el COVID, llevaba refugiados venezolanos al Ministerio de Exteriores para que saquen su documentación, sacaba mujeres de la trata.
-Ante ejemplos como este, entonces, ¿sí es posible tener fe?
-Una cosa de la que me di cuenta haciendo este libro es que yo puedo ser ateo, y da igual, a mí no me va a pasar nada; pero los pobres de muchas de estas zonas no se pueden dar el lujo de ser ateos. No hablo de la asistencia social, hablo de que donde no hay Estado tampoco hay juez; por lo tanto, tampoco hay una idea del bien y el mal, un sentido, una razón para existir, que son las cosas que dan una cohesión social, que dan una organización que permite trabajar con lo único que tiene un pobre, que son los otros pobres a su alrededor, los de su pueblo, los de su familia. Entonces, Prevost estuvo en donde de verdad hacía falta y esa actitud requiere fe.
-Últimamente se habla mucho de lo que está mal, pero no se hace nada.
-Sabemos cómo arreglar el planeta y sabemos quién debería gobernar aquí y allá, pero no vamos a ir una semana a construir un colegio en un pueblo pobre. Los misioneros y los laicos que aparecen en este libro entregan, hablan menos, no tienen grandes opiniones, pero hacen cosas. Dejan de tener una vida sexual y una vida familiar para entregar su vida a otros. No he visto a nadie hacer eso sin fe. He visto gente muy buena, pero para hacer esto necesitas tener una fe muy grande para que tenga sentido.


