Ricardo Hausmann será el orador principal en el foro “Del silencio a la acción: ¿qué implica ejercer hoy un liderazgo empresarial ciudadano?”, organizado por Capitalismo Consciente Perú y la Universidad ESAN, que se desarrollará este miércoles 4 de noviembre desde las 7:30 a.m. en el Hotel Hyatt, de San Isidro. Antes de ello conversa sobre las oportunidades que nuestro país está dejando pasar.
-Usted ha señalado que los mercados necesitan Estados capaces para funcionar. ¿Cuántas oportunidades de desarrollo se pierden por la falta de bienes públicos?
No lo sabemos. A ver, por ejemplo, entiendo que hay un problema de tráfico serio entrando y saliendo del puerto del Callao. Son horas y horas que pasan los camiones esperando para poder entrar y salir. Espero que ahora, con el puerto de Chancay, mejoren las cosas. Pero todas las cosas que se vuelven posibles o factibles ahora que existe ese puerto, los nuevos negocios que se pueden hacer, cómo cambia la conectividad, la geografía hasta del Brasil (si se termina la carretera interoceánica y se conecta con Chancay)... De pronto, se pueden hacer cosas que antes no se podían hacer. Nosotros no podemos imaginar todas las cosas que no han ocurrido, no se han construido o no se han hecho por falta de bienes públicos.
-¿Qué hace falta para desarrollar nuevas actividades productivas?
Tuve un alumno que hizo un estudio de cómo se desarrollaron los espárragos y las alcachofas en el Perú. Después vinieron los arándanos. Para que se desarrollara esa industria, primero había que hacer algo de investigación y desarrollo para saber a qué altura, con qué fertilización, con qué agroquímicos, dónde sembrar qué. Después de ver si se da, en qué meses se da y cómo se da, pues también hay que montar todo el sistema logístico, el sistema de permisos fitosanitarios para acceder a los mercados. Hace falta un acompañamiento de todo lo que es el marco regulatorio y el marco de conocimiento para que se desarrolle esa actividad.
-¿Ese acompañamiento es responsabilidad del Estado?
Hay países donde el gobierno desarrolla la capacidad de ser útil, de ir arreglando el ecosistema para que se facilite la actividad privada. Y hay gobiernos donde cada vez que hay una necesidad que tiene la sociedad con respecto a algo que regula o no el Estado, inmediatamente lo usan como una forma de chantaje o de extorsión. La calidad de la relación público-privada es muy importante para determinar la competitividad de un país. Pero la relación público-privada es infinitamente más fácil que la relación público-pública.
-¿Por qué es más difícil la relación entre las propias entidades del Estado?
Por ejemplo, el turismo requiere un régimen de visas para que puedan entrar los turistas, permisos de construcción para los hoteles, señalizaciones de tránsito, seguridad. Tú vas como empresario del turismo a hablar con el ministro del sector y le dices: “Estamos exigiendo visas a unos turistas, pero no les damos facilidades para que las saquen. No nos dejan construir hoteles. Está el tema de la inseguridad y las señales de tránsito”. Y el ministro te va a decir: “Estoy totalmente de acuerdo contigo, pero mi ministerio no tiene nada que ver con visas, permisos de construcción, señales de tránsito ni con seguridad”. Entonces, tú le tiras al ministro de Turismo la necesidad de coordinarse con el resto del gobierno, y esa coordinación es la que es imposible. Muchas veces las cámaras (de Comercio) son las que ayudan al gobierno a coordinar porque a veces entre ellos ni se hablan.
-¿Qué papel desempeña la calidad de la burocracia estatal en esa capacidad de coordinación?
Hay algunos países en los que nuestros egresados de la Escuela Kennedy piensan en una carrera de servicio público. Y hay otros países donde ni se les ocurre hacerlo porque los salarios no son competitivos con los que podrían ganar en el sector privado. Como les interesa lo público, terminan trabajando para consultoras privadas que le hacen trabajo al sector público. Los sueldos públicos, la estabilidad pública, el reconocimiento social de la carrera pública no están. Pero hay países donde hacer carrera en el sector público es muy prestigioso, es bien pagado. Me parece difícil tener un Estado eficiente sin una tecnocracia eficiente en el Estado. Una que se quiera y pueda quedar en el Estado.
-Usted menciona a República Dominicana como un ejemplo de colaboración público-privada. ¿Qué han hecho allí?
Tienen una relación público-privada muy fluida. Hay un sistema de zonas francas industriales, que están amparadas en una ley, y compiten en atraer inversión y prestar servicios en esas zonas industriales. Cada vez que viene un inversionista encuentra un problema regulatorio, de infraestructura o de algo. Entonces crearon una cámara que tiene excelentes relaciones con el gobierno. ¿Y por qué? Porque si esa cámara tiene éxito, se generan muchos empleos en esas zonas industriales y eso le conviene políticamente al gobierno. Entonces, el gobierno quiere ver esos empleos y quiere sacarles las castañas del fuego para que se den esas inversiones. En cierto sentido, esos empresarios son como la agencia de promoción de inversiones del país.
-¿Y eso ha permitido transformar su estructura productiva?
Empezaron a hacer ropa y textiles. Cuando la industria de la ropa se volvió mucho más competitiva y se empezó a ir a países mucho más pobres, se transformaron en exportadores de equipos médicos y de electrónica. Gracias a ese liderazgo empresarial de ir viendo cómo atraer inversión para hacer cosas en República Dominicana que no se estaban haciendo antes, atrajeron inversionistas y empresas que no estaban ahí antes. Y eso, de nuevo, gracias al liderazgo empresarial privado.
-¿Por qué debería el gobierno ayudar a que esas inversiones se concreten?
Son intervenciones que tienen valor presente neto positivo para el gobierno, porque van a estar pagando impuestos, impuestos sobre la nómina, impuestos sobre la renta. El gobierno lo tiene que ver como una forma... Esto no es una política social para los que ya son ricos. Esto es una política económica para los demás, para generar empleos, para generar una base tributaria con la cual sostener los servicios sociales que el Estado tiene que dar.
-¿Qué pueden hacer los empresarios para conseguir políticas públicas que respondan a sus necesidades?
En Estados Unidos hay unos (empresarios) que quieren vender autos eléctricos. Y no es que quieran que el gobierno les dé dinero, sino que quieren generar una situación en la cual los clientes potenciales puedan tener la tranquilidad de que en todos lados hay sitios donde cargar la batería. Esa es una razón para organizarse y tratar de intervenir en la política pública. Pero como esa, están los productores de bananos, a quienes les pega la sigatoka negra, o los productores de café, a quienes les pega la roya. Se necesita involucrarse en la política de entrenamiento laboral para generar los entrenamientos necesarios para sus industrias, y en la política de ciencia y tecnología para que se estudien los temas tecnológicos de su industria.
-¿Qué importancia puede llegar a tener la inversión pública en investigación?
Acabo de ver un ‘paper’ que mostraba que esta empresa de investigación agrícola en Brasil, Embrapa, es la madre de la revolución agrícola brasileña. El ‘paper’ mostraba que por cada dólar que recibió Embrapa del gobierno generó diecisiete dólares de valor. Eso es lo que está detrás de este gigantesco sector privado en cereales, en proteínas, en toda la cadena de valor, en vacuno. Decenas de miles de millones de dólares de exportación basados en que se le dio apoyo a este lugar que hace investigación agrícola. Ese es el tipo de cosas.
-Usted insiste en que los empresarios deben imaginar nuevas posibilidades productivas. ¿A qué se refiere?
En América Latina sencillamente hay ciertos temas que no entran en discusión, no están en el espacio de lo imaginable. Creo que este es el gran tema de América Latina de cara al futuro. Los empresarios tienen que volverse mucho más imaginativos en encontrar nuevas formas de hacer lo que hemos hecho hasta ahora y encontrar cosas que hacer que no hemos hecho. Y en ese proceso de empezar a buscar cosas nuevas, aparecen oportunidades de valor geniales.
-¿Tiene algún ejemplo de una industria que haya conseguido transformarse mediante el desarrollo tecnológico?
Estuve en Ecuador en el año 98, en un momento en que estaba colapsando la industria de los camarones. Se habían enfermado con una cosa que se llamaba la mancha blanca, un virus, y se estaban muriendo los camarones y la industria estaba desapareciendo. A través de un proceso de investigación y desarrollo encontraron una forma de controlar ese virus. ¿Y por qué? Porque resolvieron un problema tecnológico.
-¿Qué enseñanza deja eso para el empresariado peruano?
Hay cosas que se podrían estar haciendo en el Perú, el perro que no ladró. Tenemos que imaginarnos todo lo que no hay, porque para que el Perú llegue a ser lo que queremos que sea, debe tener y poder acceder a una cantidad de cosas que hoy no tiene. Y algún liderazgo empresarial tiene que imaginarse esas cosas antes de que existan y tener la convicción y la fe de que tienen con qué llegar a ser lo que se imaginan. Yo creo que esa es la actitud que necesitamos del liderazgo empresarial.


